Alternativa Latinoamericana
      
Alberta, August-agosto 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DERECHOS HUMANOS
Mapuche
Políticas
de exclusión
en Chile
Estimado Primer Ministro Harper,
Se que está usted extremadamente ocupado
investigando ese libro que planéa escribir sobre
hockey, pero espero que pueda dedicar unos minutos
a la lectura de esta carta y considerar el consejo de
corazón que a esta carta le ofrece.
Me movió a escribirle el escuchar noticias de que
la política exterior de Canadá está por cambiar para
dedicarle mayor atención a Latinoamérica, y ahora me
entero que se ha tomado usted un descanso de
escribir su libro sobre hockey para viajar a la región,
visitando Colombia, Chile, Barbados y Haití.
Es sobrado tiempo de que Ottawa, y el pueblo en
Canadá en general, le presten más atención al hecho
de que hay más de una América. No estoy repitiendo a
John Edwards aqui; estoy hablando sobre la realidad
de que las Américas son una región diversa que se
extiende desde la Patagonia en la punta sur de
Argentina hasta las islas árticas de Canadá.
Primer Ministro, la mejor forma para que usted y
el resto de nosotros aprendámos sobre los excitantes
eventos que se están dándo en América Latina es que
usted le extienda inmediatamente una invitación, por
mucho tiempo ya debida, al Presidente de Venezuela,
Hugo Chávez, para que éste visite Canadá. Este
hombre es el líder más popular allí, y ciertamente el
más influyente. Es hora de que venga a Ottawa para
que podamos informarnos bien sobre todo lo que hace.
Entonces, con debido respeto por su tiempo, y con el
apoyo de los profesores de inglés de las escuelas
secundarias del país, me limitaré a presentarle tres
razones fundamentales por las que Hugo necesita ser
invitado por 24 Sussex Drive tan pronto como sea
posible.
Primero, y lo más importante, es que este
hombre ha estado en el poder por más de 8 años y
continúa incrementando su popularidad, ganando
elección tras elección por márgenes cada vez
mayores. En diciembre de 1998, Chávez fue elegido
con el 56% del voto; el pasado diciembre, fue re-
elegido con el 63%, esto a pesar de haber
implementado todo tipo de políticas socialistas y -
créalo o no- de postularse abiertamente en favor de lo
que él llama "socialismo del siglo 21".
Chávez ha sobrevivido fácilmente un referendum,
ganó otro para cambiar la Constitución (algo que
Canadá ha tenido mucha dificultad en cuanto a lograr
cualquier acuerdo), e incluso se las ha arreglado para
cambiarle el nombre al país, bautizándole como
República Bolivariana de Venezuela.
Admito que su trabajo electoral en Canadá,
Primer Ministro, es aún más duro (que el de Chávez),
esto en parte porque tiene usted que convercer a la
mayoría de que deben apoyarle a pesar de su
ideología y de sus políticas -que le sirven sólo a una
pequeña minoría de intereses corporativos.
Chávez, a diferencia suya, cuenta con la ventaja
de poder "comprar votos" aumentando masivamente el
gasto público al invertir en programas sociales, en
salud y en educación para las mayorías pobres de su
país. De todas formas, seguramente, "el gobierno
minoritario nuevo de Canadá" podría aprender algo de
la popularidad de Chávez con los votantes, o de lo
contrario tendrán ustedes que prepararse a aceptar un
nuevo gobierno en Ottawa.
En segundo lugar, usted y Hugo, a pesar de las
diferente relación que tienen con el Presidente Bush,
tienen en común que sus países son clave en proveer
de energía a los Estados Unidos. Canadá y Venezuela
tienen las más grandes reservas de energía de este
lado de Rusia y del Cercano Oriente, y la economía de
los Estados Unidos no podría funcionar sin ese flujo
contínuo de petróleo, energía hidroeléctrica y gas
natural. Las reservas que Chávez controla son un poco
Estimado Sr. Harper:
Es hora de que le
extienda una invitación
al Presidente Chávez
continúa en página 7
Mientras cuatro activista
s Mapuche, presos bajo
draconianas leyes antiterrorist
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de hambre por 70 días, las pro
blemátic
as r
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c
iones
del estado chileno con los "ma
s antiguos chilen
os" es
más dificil que nunca antes.
Michelle Bachelet brilló d
urante su debut
presidencial en Europa, ovacio
nada por los líderes
europeos y la prensa como emblema progresista.
Pero, cuando pisó Madrid, Juan Guzmán -el juez
chileno famoso por su sitio a Pinochet- estaba dando
una entrevista a El País. "La policía actuó
brutalmente", decía, describiendo la persecusión a los
Mapuche chilenos. "Han hecho redadas en las villas y
saqueado casas. Con suerte han decomisado algún
cuchillo o un machete, frecuentemente la única
evidencia usada contra los sospechosos detenidos y
acusados bajos leyes antiterroristas".
Al día siguiente, el Premio Nobel de literatura,
José Saramago, desafió a Bachelet en persona.
"Hagame un favor", le pidió, "cuide a los Mapuche..."
Esa tarde, fuera de la Casa de las Américas en
Madrid, Bachelet fue presentada con una carta.
"Querida Presidente Bachelet es incomprensible que
en Chile hoy haya 200 demandas, involucrando a los
Mapuche, en las que leyes irregulares creadas por los
militares para suprimir la oposición son aplicadas."
Hay razones para estas coordinadas protestas.
Años luz del brillo de Madrid, en una prisión de
Temuco, cuatro prisioneros -tres Lonkos Mapuche,
Juan Marileo, Jaime Marileo, Juan Carlos Huenulao, y
una activista no Mapuche, Patricia Troncoso -
entraban en su sexto día de huelga de hambre. Los
cuatro fueron sentenciados el 2002 luego de que el
fuego destruyera 108 acres de una plantación cerca
de Angol, Novena Región de Chile. No hubo heridos;
los acusados negaron responsabilidad en el incendio.
Terrorismo y Protesta
El uso de leyes antiterroristas en juicios contra
los Mapuche ha sido condenado por el Reportero
Especial sobre los Derechos Humanos de los Pueblos
Indígenas de las Naciones Unidas, Rudolf Stavehage y
por Amnistía Internacional. José Martinez Rios - jefe
regional del Servicio de Defensa Criminal de la Novena
Región, me dijo que si el caso de los Lonkos hubiera
sido juzgado bajo ley regular chilena mucha de la
evidencia de la fiscalía, como los testimonios de
testigos no identificados, hubiera sido invalidada. Más
aún, la sentencia hubiese sido de cinco, no de diez
años, y los detenidos podrían haber apelado remisión.
A mitad de mayo, el senador socialista por la
Novena Región, Alejandro Navarro, y el obispo de
Temuco, Monsignor Camilo Vial, posterior a que el
senador presentara un proyecto de ley al parlamento
favoreciendo la anmistía, convencieron a los cuatro de
suspender la huelga de hambre. Pero los
parlamentarios de derecha se opusieron al proyecto
argumentando que no se podían hacer concesiones a
terroristas y la huelga continuó. A finales de mayo,
intentos de diplomacia de Navarro convencieron a los
Lonkos a esperar la decisión del Congreso y la huelga
fue nuevamente suspendida. La informaciòn médica
plantéa que la condición de los cuatro es crítica.
También en mayo, estudiantes secundarios
chilenos demandaron que se eliminen los costos a los
examinados para entrar a la universidad; que las leyes
educacionales de Pinochet sean reformadas; y que el
transporte a la escuela no tenga costo -fueron a la
huelga y ocuparon escuelas a través del país. Estas
protestas, impresionantemente organizadas, fueron
recibidas con gran atención por la prensa chilena y
han sido extensamente reportadas en la prensa
internacional. Han sido llamadas "el mayor desafìo" al
gobierno de Bachelet, que ha cumplido con todas las
demandas de los estudiantes.
Los setenta días de huelga de hambre Mapuche,
en cambio, han sido ignorados por la prensa y, con la
excepción del senador Navarro, nadie en el gobierno
parece mirar la huelga como desafìo de importancia.
Cuando al Ministro de Justicia, Isidro Solís, se le
preguntó sobre el destino de los Mapuche, dijo que no
se les permitirá morir, las autoridades les forzarán
alimentación si es necesario.
Tiranía de la Mayoría
Un censo del 2002 encontró que 700.000
indígenas viven en Chile, menos del 5 % de la
población total. De ellos el 85 % son "gentes de la
tierra", la traducción literal de Mapuche. Los Mapuche
son los únicos indígenas latinoamericanos que no
fueron nunca conquistados por los españoles y -
después de décadas de invasión, fuerza y retiradas-
los Conquistadores firmaron el tratado de Quillin en
1641 reconociendo el estado Mapuche al sur del río
Bio-Bio. El tratado fue reafirmado en 1803.
Después de la inde
pendencia, Santiago no
reconoció el acuerdo
ter
ritorial y, con la victoria contra
Perú y Bolivia en la Guer
r
a del Pacífico en 1883, el
ejercito chileno barrió
ha
cia el sur incorporando los
territorios Mapuche al estado chileno. Hasta hoy los
libros de historia se refieren a estas conquistas
sangrientas como la "pacificación de la Araucanía."
A través del siglo veinte, Santiago favoreció la
"colonización" de la Araucanía ofreciendole tierra sin
costo a inmigrantes europeos con el resultante
achicamiento del territorio Mapuche, de 10 millones
de hectáreas en 1883 a menos de 500.000 hoy.
Efectivamente, la mayor parte del estado Mapuche
original pertenece hoy a compañías madereras de las
que una, el Grupo Matte, posee el doble de tierra de lo
que tienen las comunidades Mapuche combinadas.
Le pregunté al Senador Navarro si promover la
industria maderera en esta región es compatible con
los derechos Mapuche. "Los derechos de los pueblos
aborígenes a sus tierras están establecidos en la Ley
chilena,y sin embargo los conflictos entre el interés
privado y el de las comunidades indígenas han sido
invariablemente decididos en favor de las
corporaciones con la complicidad del estado."
¿Entonces, como pueden los derechos de los
pueblos indígenas reconciliarse con los intereses
económicos? "Compatibilidad es sólo posible si los
pueblos indígenas fueran socios activos en los
negocios que se desarrollan en sus tierras, forzados a
vender o a intercambiar sus tierras resulta en daño
económico, moral y cultural para las comunidades."
La marginalización política de los pueblos
indígenas en Chile, como su problema económico, es
aguda. La constitución chilena no los reconoce y, a
diferencia de otros estados latinoamericanos, Chile no
ha ratificado la convención de los derechos de los
pueblos indígenas de la OIT (C169 1989).
Aucán Huilcamán, del Consejo de Todas las
Tierras, se presentó a la carrera presidencial del 2005.
A su llegada a caballo a Santiago, la autoridad
electoral le negó participación argumentando que sus
39.000 firmas de apoyo no habían sido certificadas por
notario público. El costo de notario fue estimado en
unos 285.000 euros, una suma prohibitiva para los
Mapuche. Un mes antes Huilcamán había
avergonzado al gobierno denunciando el arreglo entre
el Ministerio de Educación y Microsoft para producir
una versión de Windows en lenguaje Mapuche,
Mapudungún. Se quejó de que las comunidades
Mapuche no habían sido consultadas y de que la
traducción no era correcta. "Yo no estoy en contra
del internet. Pero Mapudungún es parte de nuestro
acervo cultural y nosotros deberíamos decidir si
aparece o no en el internet."
Reconocimiento
Constitucional y el Espectro de
Bobby Sands
Apremiada por Huilcamán, Bachelet prometió en
su campaña el reconocimiento constitucional de los
pueblos indígenas de Chile. Jose Aylwin Oyarzún - co-
director del Observador de los Derechos de los
Pueblos Indígenas en Temuco ­ insiste en que debe
de incluir más que retórica legalista. "Si el
reconocimiento constitucional no está vinculado al de
los derechos collectivos no va a ayudar a los pueblos
indígenas de Chile. Si está asociado a los derechos
de la tierra, al control sobre los recursos naturales, y
a los derechos políticos de participación y autonomía
en las decisiones, podría causar una gran diferencia."
No importa la forma que tome, una ley de
reconocimiento parece hoy lejana. Aylwin atribuye
esto a los intereses comerciales implicados y al
nacionalismo reaccionario del Congreso. "Para
algunos conservadores la única nación en Chile es la
Nación chilena, hay miedo a la diversidad cultural." El
conservadurismo parlamentario puede también detener
el pasaje de la ley de amnistía de Navarro, que
Bachelet apoya tardíamente.
Pedro Cayuqueo, director de Azkintuwe,
recuerda como la intransigencia de Margaret Thatcher
a las huelgas de hambre de los 80 transformó la
perspectiva pública sobre el conflicto con Irlanda del
Norte. En una columna escrita a principios de
mayo,"La dama de hierro", Cayuqueo compara la
indiferencia del gobierno de Bachelet a la que
mostrara la Thatcher. Cayuqueo concluye con una
nota de precaución: "En el final, e incluso si los
empecinados hechos parecen indicar lo contrario
Michelle Bachelet no es Margaret Thatcher."
Justin Vogler (Extracto, trad.
NF, upsidedownworld.org)
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