Alberta, August/agosto 2008
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ALTERNATIVA Latinoamericana
ANÁLISIS
Canadá : el Estado de Bienestar Social
en estado de sitio
A ojos del mundo Canadá es un país
moderno y desarrollado que no sólo implantó
un Estado de Bienestar sino que construyó una
infrastructura importante (carreteras, líneas
férreas, puentes, aeropuertos, puertos
marítimos, centros educacionales y científicos,
hospitales, centros culturales, parques
nacionales, redes de tranporte urbano). El
estado canadiense ha jugado un papel directo
en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
Canadá subvenciona su agricultura y otras
áreas de su producción y transporte. Ha
creado varias corporaciones nacionales vitales
para su desarollo. Se han beneficiados sin
duda los capitales que han acumulado riqueza
gracias al desarrollo científico y tecnológico del
país y al aumento del consumo. Ha surgido una
fuerte clase media que llegó a alcanzar niveles
históricos.
El Estado de Bienestar ha contribuido a la
calidad de vida de sus ciudadanos así como a
disminuir los niveles de explotación económica de
trabajadores, de opresión de clases y de
opresión dentro de la familia. Sin duda no es un
estado socialista. En Canadá la discriminación de
la población aborígen es un problema serio, son
un millón ciento setenta y dos mil habitantes de
los cuales más del 50% vive en absoluta pobreza
y enfrentando graves problemas sociales y de
salud (incluyendo tuberculosis). Otro problema
fundamental tiene que ver con el nivel de
pobreza de muchos niños, en particular niños
que viven con madres solas, se habla de la
feminización de la pobreza, y tiene que ver con
niveles de salarios más bajos para la mujer y con
insuficiente niveles de asistencia social.
La implementación del Estado de Bienestar
en Canadá no ha significado tampoco que éste
mantenga una posición en política internacional
más independiente; por el contrario, se ha hecho
dominante la ideología de la "guerra fría" con un
fanático anti-comunismo y anti-socialismo.
Canadá ha continuado apoyando las políticas
imperialistas y se convirtió él mismo en un país
con designios imperiales. Sus gobiernos de las
últimas décadas han facilitado la participación de
sus grandes corporaciones en el saqueo a los
recursos naturales y humanos del tercer mundo
tanto como de su propio país. Canadá
contribuye a la opresión mundial tanto como
otros países del primer mundo. Ha participado en
las carnicerías humanas en Iraq, Afganistán, Haití
y la ex-Yugoslavia y es contrario a movimientos
tercermundistas de liberación nacional y a los
movimientos revolucionarios del mundo.
Con el Estado de Bienestar se adoptaron
también el ahistoricismo, que borró de la memoria
de las nuevas generaciones el pasado de
ilegalidades en cuanto a acumulación de
riquezas, de explotación de los trabajadores, de
represión y crimen en contra de dirigentes
sindicales, militantes de izquierda y ciudadadnos
pobres, así como el racismo abierto en contra de
aborígenes e inmigrantes. Aún cuando la
afiliación y formación de sindicatos fueron una
actividad lícita en el país a partir de 1872, no
existieron sino hasta mucho más tarde
mecanismos para implementar estos derechos,
por lo que cuando se organizan los primeros
sindicatos estos tienen que enfrentar no sólo la
brutalidad de la policía oficial sino tambien la de
milicias y grupos paramilitares organizados por
los dueños del capital. Pero esto no se enseña ni
se sabe.
Hasta ahora ha permanecido la historia no
contada de los campos de trabajo que
funcionaron en Canadá en pleno siglo 20.
Durante la Primera Guerra Mundial fueron
llevados a estos campos muy similares a campos
de concentración inmigrantes hombres
ucranianos de la región de Galicia, territorio
ocupado por el imperio Austro-Hungaro, que era
enemigo de Canadá en la guerra. Estos campos
funcionaron hasta 1920 y, más tarde, en 1931
durante el gobierno represivo de R.B.Bennett se
construyen más de 70 campos de trabajo (Relief
Camps) en el oeste canadiense para explotar
hombres solteros y desempleados pagándoles
un salario ínfimo por duras faenas de caminos.
Estos campos funcionaron hasta 1935 y gracias
a numerosas marchas y protestas públicas.
Durante la Segunda Guerra Mundial la
infamia de los campos se vuelve a repetir con
inmigrantes japoneses, Japón era entonces el
enemigo y los campos de concentración
confinaban a canadienses de origen japonés y
japoneses residentes, a quienes se le
expropiaron todos sus bienes.
Como se ve antes de 1945 Canadá era un
país muy abiertamente opresor. El Estado de
Bienestar en Canadá llega a su máxima
expansión en 1971, para 1984 el sistema
comienza a ser alterado en forma mínima. En
1984 los Conservadores suben al poder federal y
comienza el discurso de la "crisis fiscal," pero,
sucede un fenómeno en los dos partidos
tradicionales, Conservadores y Liberales, se
dividen y en ambos aparecen quienes quieren
terminar con el Estado de Bienestar y quienes
no. Lo cierto es que el Estado de Bienestar se
deteriora primero cuando se reduce su
"universalidad" en los beneficios y segundo con
la reducción del presupuesto federal. El golpe
más fuerte, sin embargo, lo recibe en 1996,
durante el gobierno de Jean Chrètien, su
aparente defensor, quien aumenta el poder de
los gobiernos provinciales y a transfiere a estos
la financiación de programas hasta entonces
federales. Terminando con el CAP ( Canada
Assistance Plan) y haciendo un sólo fondo en el
que se incluye la salud, la educación y la
asistencia social que han de ser desde entonces
financiadas a nivel provincial. La educación
superior sufre pocas alteraciones pero la salud y
la asistencia social son las más vulnerable pues
quedan a merced de los gobiernos provinciales
de turno. En las provincias más conservadoras,
como Alberta los niveles de asistencia social son
vergonzosos aún en medio del ague económico
que vive la provincia por el petróleo y el gas.
El seguro de desempleo, implantado en
1940, ha sufrido también cambios, primero
cambio de nombre en 1996 que lo transformó en
"seguro de empleo" e hizo mucho más dificil
calificar para el beneficio, a punto que se ha
transformado en un buen recurso de entradas
para el gobierno federal. La cultura ha sufrido
también, la reducción de fondos ha empobrecido
el sistema de difución estatal de radio y televisión
(CBC) que se ha convertido en empresa
comercial con significante influencia de los
Estados Unidos en especial desde la firma del
Tratado de Libre Comercio en 1988.
De las corporaciones estatales pocas
quedan en manos del estado, por ejemplo los
correos (Canada Post), pero se han privatizado
corporaciones vitales como la Petro-Canada
(petróleo e hidrocarburos), la National Railway
(ferrocarril), Air-Canada (transporte aéreo),
Canada Development Corporation (desarrollo) y
otras. Más allá de la privatización, corporaciones
canadienses privadas se han unido a
corporaciones y/o capitales americanos.
Desde los 80 los sindicatos y organizaciones
laborales vienen sufriendo ataques contínuos,
desprestigio, violaciones jurídicas, etc. Un
ejemplo es lo que hoy viven los sindicatos de la
construcción en Alberta, donde se están
invirtiendo miles de millones de dólares en
infractructura por la extracción de petróleo
sintético de las arenas bituminosas , y los
contratístas han traído trabajadores
especializados desde el extranjero con la excusa
de que en Canadá falta mano de obra, un
argumento totalmente falso, una maniobra
cuyo fin es limitar el acceso de los sindicatos a
esas obras y destruirlos.
Hoy los canadienses somos vulnerables a
los efectos de las burbujas especulativas y los
altos niveles de endeudamiento personal que
muchos tienen y que alcanza un per capita de
28.390 dólares y que pasa los 40.000 dólares
si incluimos deudas de propiedad. Las familias
canadienses tienen un promedio de 80.000
dólares de deuda por hogar. El
endeudamiento en tarjetas de crédito se ha
doblado en 17 años al tiempo que el ahorro
personal ha disminuido, de un 10% a un 1%
desde 1990 a hoy.
A todo esto cabe preguntarse ¿hasta
cuando sobrevivirá el Estado de Bienestar en
Canadá? La respuesta no parece depender de
los canadienses generalmente ajenos al
fundamental papel que el Estado de Bienestar
juega en sus propias vidas. Muchos
canadienses, incluyendo la mayoría de la clase
media sustentada por el Estado de Bienestar,
tienen una actitud individualista y parece
importarles poco el futuro del estado en general;
aceptan facilmente, en cambio, la ideología
dominante de desaparecerlo. Los trabajadores
de este país no tienen mayor conciencia tampoco
y ven la sindicalización sólo en cuanto a los
beneficios personales que les aporta pero no
entienden, o no quieren entender, sobre la
necesidad de defenderla políticamente. Además
los sindicatos mismos han sido responsables de
la despolitización general de sus miembros por lo
que no pueden esperar demasiado de ellos. Los
inmigrantes, que son el 18% de la población no
tienen demasiada conciencia sobre los beneficios
que el Estado de Bienestar de alguna forma les
garantiza.
El deterioro del Estado de Bienestar que
parece lento es, sin embargo, constante.
Empujado por cambios en la orientación
ideológica a todos niveles en el gobierno
continúa la llamada desregulación, que no es
sino la adopción de regulaciones favorables a las
corporaciones, y continúa la privatización de
bienes del estado, que no es sino la venta a
precios irrisorios de empresas fructíferas del
estado a corporaciones privadas.
La clase política es mayormente oportunista
y aunque en Canadá no se dá el bipartidismo tan
común en las "democracias" del primer mundo -
un círculo vicioso pues a la hora de definiciones
ambos partidos terminan siendo iguales, a la
hora de las definiciones los tres o cuatro partidos
políticos canadienses son iguales también y no
hacen sino colaborar con la destrucción del
Estado de Bienestar. La prensa colabora con ese
proceso también porque en vez de informar a los
canadiense desinforma imponiendo la ideología
de los ricos. Los sindicatos, como vimos, son
grandes pero débiles y despolitizados. Las
campañas políticas en Canadá son campañas de
"enviar cartas", la capacidad actual de
mobilización es muy baja, la participación política
es muy limitada.
Lo que nos esperanza un poco son quizás
los logros en el campo de los derechos humanos,
en área de los derechos de las mujeres, de los
niños, de algunas minorias y de los aborígenes,
todas luchas muy válidas. Pero los enemigos de
estos logros están a la vuelta de la esquina y
siempre prontos a arrasarlos.
Puede que queden en la memoria de la
historia, estas cinco o seis décadas del Estado
de Bienestar Social canadiense como un pasaje
felíz para una buena proporción de los
habitantes de este país, como puede quede en la
memoria de los habitantes de los otros paises del
llamado primer mundo algo similar puesto
también ellos se han beneficiado con él. Puede
que quienes, dudosamente inocentes, han
defendido el Estado de Bienestar como si este
hubiese sido "característico" del mundo
desarrollado, tengan finalmente que admitir la
verdad, y la responsabilidad de su participación
en el engaño. La verdad, de que este tiempo no
ha sido sino un paréntesis en la terrible historia
del sistema capitalista, por lo que no faltarán
quienes seguramente lo recuerden en el futuro
con cierta nostalgia.
Por Mario R Fernández
viene de pág. 9