Alberta, August/agosto 2008
8
ALTERNATIVA Latinoamericana
De Mujer...
DE MUJER...
"La maté porque era mía"
Sólo en enero, al menos
diez mujeres fueron
asesinadas en Argentina. El
caso más resonado fue el de
Rosana Galliano, que desató
un inusitado interés mediático
por el tema de la violencia
contra las mujeres. Pero esto
no es nada nuevo: en el
mundo mueren más mujeres
de violencia que de cáncer.
La violencia
como "norma"
Difícilmente a esta altura
alguien pueda alegar que los
crímenes contra mujeres son
perpetrados por "locos" o
"enfermos". La realidad es
que, la mayoría de las veces,
nadie sospecha que ese
marido, novio o amante se podrá convertir, más
tarde, en asesino sin escrúpulos. Porque más
que una repentina "pérdida del control", la
violencia muestra, por el contrario, el más alto
grado de control que pueda ejercerse sobre otro.
La violencia física que puede llegar al
extremo del asesinato, siempre está precedida
por otras conductas de hostigamiento y violencia
verbal, psicológica, etc. Si esto no es
"reprochable" o no se actúa en consecuencia
previniendo futuras escaladas de violencia, es
porque está naturalizada la situación de poder y
dominio de los hombres sobre las mujeres.
De manera invisible, a veces considerada
normal o legítima, las mujeres son víctimas de
múltiples acciones que limitan o restringen su
libertad y autonomía, estableciendo relaciones de
dominación / subordinación que se mantienen a
través de coacciones, abusos, imposiciones,
controles, etc.
Si bien no todas las personas son iguales y
aunque estos estereotipos de género están cada
vez más en crisis y cuestionados, la "norma"
todavía sigue teniendo una fuerza enorme. ¿Por
qué?
Hay quienes señalan que esos cambios de
"modelo" son, precisamente, los que generan
respuestas cada vez más violentas contra las
mujeres por parte del género masculino, el cual
se encontraría en una "crisis de identidad", ante
el avance de las mujeres en el ámbito público.
Creemos que esta respuesta, además de
simplificada, carga las culpas sobre las propias
víctimas. No es más que la reiteración de esa
pretenciosamente inocente frase que justificaba
el genocidio de la dictadura militar: "por algo
será."
Hay otros que sostienen que la violencia es
propia de los sectores más atrasados
culturalmente, de los pueblos y clases sometidos
al embrutecimiento y la pobreza. Sin embargo, las
estadísticas desmienten estos prejuicios: según
un informe de las Naciones Unidas -cuyos
soldados, dicho sea de paso, han sido acusados
de violaciones y abusos contra mujeres en las
distintas regiones donde mantienen tropas de
ocupación-, el crecimiento económico de
Latinoamérica en los últimos años no disminuyó
los niveles de violencia ejercida contra las
mujeres, ni en el ámbito privado, ni en el trabajo,
donde se consideran como violencia los despidos
de embarazadas, el retaceo de licencias por
maternidad, el salario menor por igual trabajo que
el hombre, la precarización, etc. Prácticas que,
como sabemos, son habituales en las empresas
que se están enriqueciendo en los últimos años a
costa de la superexplotación. Como bien señala
la periodista Roxana Sandá de Página/12, el caso
de las trabajadoras de Fresenius "viene a
sumarse a otros hechos graves de violencia
laboral sobre trabajadoras ocurridos en el último
año, que se tradujeron en especias de
discriminación, enfermedades e incluso de
muerte." (Las/12, 1º/feb).
La clase dominante está alarmada
El problema de la violencia contra las
mujeres ya está alarmando a gobiernos y
empresarios. Es que los gastos médicos por
lesiones y muertes relacionadas con violencia
doméstica, a fines de los '90, alcanzaba a un 5%
del PBI de seis países latinoamericanos. Según
el Banco Mundial, uno de cada cinco días
laborales que pierden las mujeres por razones
de salud está relacionado con la violencia.
Bajo el cínico título de "El costo de la
violencia doméstica: una sangría para las
economías de la región", el BID alerta sobre los
millones de dólares que se gastan en salud,
justicia y policía y en los que se pierden por la
baja de la productividad de las víctimas.
Nada dicen acerca de que las 225
personas más ricas del mundo acumulan lo
mismo que poseen los 2.500 millones más
pobres. Nada dicen, tampoco, acerca de que
esas 225 personas son hombres, mientras las
mujeres representan el 70% de quienes viven
con menos de un dólar diario. Nada dicen de
que en el sistema capitalista, por poner sólo un
ejemplo, mientras se gastan 780 mil millones de
dólares en armamento, sólo se invierten 12 mil
millones en salud reproductiva.
Y menos aún pueden decir lo fundamental:
que la propiedad privada se defiende a través
de la violencia institucionalizada y en eso radica
la esencia del Estado capitalista. Siempre que la
clase trabajadora y el pueblo pobre ataquen los
intereses del capital y, más profundamente, la
propiedad burguesa, deberán enfrentarse con
las fuerzas armadas por esa clase dominante en
resguardo de sus intereses.
¿Qué tiene que ver esto con las mujeres?
Desde que existe esta división social entre
poseedores y desposeídos, las mujeres han
sido también una propiedad de los hombres,
incluso para aquellos individuos que no tienen
bienes materiales. Y así como está naturalizado
que a la propiedad se la defiende con las
armas, también está naturalizado que con la
"pasión" se justifique el crimen de la mujer que
deja o intenta dejar de ser un objeto de
propiedad del varón. Como dice el tango "yo no
quiero tu portada, periodista escandaloso/ no
quiero que con su sangre puedas escribir
mentiras/ la maté porque la amaba, la maté
porque era mía."
Mujeres estranguladas, golpeadas,
picaneadas, asesinadas con balazos de
escopeta, cuchillazos... los más aberrantes
delitos reunidos bajo la también aberrante
calificación de "crímenes pasionales" con que el
periodismo insiste en invisibilizar que de lo que
se trata es de la más mortífera violencia de
género que este sistema genera, legitima y
naturaliza.
Andrea D'Atri
(www.pts.org.ar -La Verdad
Obrera)
Se calcula que según el país- del 30% al
60% de las mujeres latinoamericanas son
víctimas de violencia.
En la Ciudad de Buenos Aires se estima
que los crímenes contra mujeres constituyeron
alrededor del 80% de los delitos violentos
registrados entre 1999 y 2003.
Si se tienen en cuenta sólo los casos
difundidos por los medios de comunicación, en
el 2007 en Argentina, hubo 95 femicidios, un
18% más que el año anterior.
Desde enero y hasta junio de 2007, el
Ministerio de Seguridad de la Provincia de
Buenos Aires contabilizó 18.000 denuncias de
violencia.
Cada año entre 1.5 y 3 millones de
mujeres de toda edad son víctimas de la
violencia de género.
El 63% de los hijos de mujeres víctimas
de violencia física severa han repetido alguna
vez un año escolar.
En hogares con violencia física grave
sobre la mujer, los hijos son 100 veces más
propensos a ser hospitalizados.
CIFRAS DE LA VIOLENCIA
Explosión
Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
Que no valen mil años de la idea
Lo que un minuto azul del sentimiento.
Mi corazon moria triste y lento...
Hoy abre en luz como una flor febea;
La vida brota como un mar violento
Donde la mano del amor golpea!
Hoy partio hacia la noche, triste, fría
Rotas las alas mi melancolía;
Como una vieja mancha de dolor
En la sombra lejana se deslíe...
Mi vida toda canta, besa, ríe!
Mi vida toda es una boca en flor
Otra estirpe
Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego...
pido a tus manos todopoderosas
¡su cuerpo excelso derramado en fuego
sobre mi cuerpo desmayado en rosas!
La eléctrica corola que hoy despliego
brinda el nectario de un jardín de Esposas;
para sus buitres en mi carne entrego
todo un enjambre de palomas rosas.
Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
mi gran tallo febril... Absintio, mieles,
viérteme de sus venas, de su boca...
¡Así tendida, soy un surco ardiente
donde puede nutrirse la simiente
de otra estirpe sublimemente loca!
Lo inefable
Yo muero extrañamente... No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento
mudo como una herida.
¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso
que se arraiga en la vida
devorando alma y carne,
y no alcanza a dar flor?
¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba fulgor...?
¡Cumbre de los Martirios...!
¡Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas
como un diente feroz...!
Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable...
¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!
Delmira Agustini