Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, August/agosto 2008
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DE MUJER...
Una de las
grandes poetas
latinoamericanas,
Delmira Agustini
(24 de octubre
de 1886-6 de
julio de 1914)
muere
asesinada por
su ex esposo
Enrique Job
Reyes. La
relación de
Delmira con
Reyes es
consistente con
lo que hoy sabemos sobre abuso en la pareja
pero las interpretaciones dominantes son aún
misógenas.
El escritor y jurista uruguayo, Carlos
Martínez Moreno estuvo entre los primeros en
señalar en 1966 que el "centro de su drama" fue
"el demonismo semiangélico y semicarnal de la
niña montevideana...Ella provocó el encuentro,
ella provocó su muerte, ella fue la empresaria".
Hay testigos de que Reyes la insultaba y que
insistió en ese último encuentro con amenazas.
Se ha hablado que Delmira Agustini se había
enamorado de Manuel Ugarte, el político
argentino, con quien se carteaba durante su
noviazgo y a quien vino a conocer personalmente
sólo poco antes de su boda.
Las contradicciones en la vida de Delmira
son reales. Criada en un hogar de clase media
alta, no asiste a la escuela sino que es educada
en casa por su madre y profesores particulares.
Los padres son devotos pero el control familiar es
férreo. Delmira es sobreprotegida pero la
sociedad montevideana es limitante y la cultura
favorece una maduración superficial, desigual. La
misma artista y genial creadora de una voz
femenina erótica y sexual modernista vive una
cotidianedad un tanto infantil y se enamora de un
hombre en nada interesado en la pasión que la
anima, de carácter volátil y centrado en si mismo.
Ante las limitaciones a su desarrollo natural
como mujer, Delmira busca salidas. Rodriguez
Monegal (Sexo y poesía en el 900 uruguayo)
propone que "la única salida para la mujer que
hervía dentro de ella era la creación poética:
Delmira se perdía en el torbellino del verso como
en los brazos de un amante, y emergía en la
mañana, conmovida aún por los combates
nocuros, ebria como una pitonisa, para asumir la
cotidiana máscara burguesa de la Nena."
El movimiento modernista mismo era
misógeno, escrito y concebido por hombres. El
papel de la mujer era un papel angelical de musa
del poeta o de devoradora y mutiladora de
hombres. Delmira abraza al modernismo que
también la limita entre mujer fetiche y mujer
nueva. Tina Escaja argumenta que la poeta
asume la concepción de devoradora, satánica,
fálica -de serpiente, medusa, vampiro, y que al
hacerlo trasciende y lograr llenar el vacío al que
fuera asignado por la tradición su sexo.
Delmira es conciente de este proceso
creador en el que se embarca así como de la
necesidad de que emerga una "nueva estirpe".
Pero existir es peligroso, personal y
profesionalmente. A Delmira le sirve la imagen de
"la Nena" para protegerse, eventualmente su
poesía ha de provocar reacción al culminar su
evolución.
Delmira invierte los modelos modernistas,
parodiándolos, reinterpretándolos creando su
espacio propio. Los hombres de letras no
siempre la leen claramente, como dice Silvia
Molloy Delmira usa el infantilismo deliberado
como máscara. Pero al completarse la evolución
artística la poeta emerge ante los ojos de todos
en su libro "Los cálices vacíos."
En su vida personal, las falsas ilusiones, su
unión a un hombre que la consideraba doméstica
incluso "igual a todas las mujeres," se prueban
peligrosos. Con el rompimiento definitivo -en este
caso extendido más allá del divorcio a través de
furtivas visitas clandestinas, el peligro aumenta y
culmina en el crimen, su muerte y el suicidio de
Reyes.
Si la vida es amor, bendita sea!
Quiero más vida para amar! Hoy siento
Que no valen mil años de la idea
Lo que un minuto azul del sentimiento.
Delmira Agustini
Por Mario R Fernández
Canadá: el Estado de Bienestar Social
en estado de sitio
Sentado en
el café soy parte
de la clientela
que se renueva
constantemente,
no es éste un
típico café de
Buenos Aires.
En Edmonton y
en un frío día
del invierno
canadiense,
este café, que
se llama Tim
Horton, es uno
de los miles de
locales de esta
compañía en
Canadá.
Es un lugar
limpio y bien
atendido, aunque sin mozas ni mozos en las
mesas, donde trabajan mayormente mujeres
inmigrantes completando pedidos desde el
mostrador o desde la ventanilla para quienes no
deseen bajarse del auto.
Es un café sin aroma a café y sin clientes
que se den mayor importancia. Estos últimos son
bien variados, que es lo interesante, pues llegan
aquí mecánicos con sus overoles desde algún
taller cercano, obreros municipales que trabajan
en la calle, así como también hombres y mujeres
bien vestidos con sus autos a veces lujosos, y
estudiantes, y madres con niños y jubilados -que
son los clientes que más socializan en este local.
El café como escenario nos da una muestra,
quizás pequeña pero pienso que real, de lo que
ha sido la sociedad canadiense de los últimos
cincuenta años. Una sociedad capitalista, sin
duda, y también de clases, pero mucho más
suelta y con limitaciones bastante menos
opresora que otras. Ha habido cierto nivel de
redistribución económica que le ha dado más
valor a los ciudadanos en general y ha
transformado la sociedad entera haciéndola
menos jerárquica, menos claramente
estratificada.
Desde 1945 se comienzan a implementar en
Canadá reformas que luego se conocen como
Estado de Bienestar, un proyecto capitalista
aplicado en Canadá por consenso, que contó con
la aprobación de los capitalistas y sus
representantes políticos. El Estado de Bienestar
de hoy, sin embargo, está deteriorándose pues
sus enemigos políticos recobraron favor a partir
de la crisis económica de 1973, pero
especialmente desde los años 80. Hoy los
dueños del dinero le ven poca utilidad.
El Estado de Bienestar se basa en el
Keynesianismo, o la aplicación de la teoría
económica y social que planteara John Maynard
Keynes en su libro "The General Theory Of
Employment, Interest and Money" (1936) donde
justifica la intervención del estado en la economía
y en la vida social del país. La adopción del
Keynesianismo en Canadá, y en la mayor parte
de los países occidentales de Europa, fue
respuesta a las profundas crisis anteriores a la
Segunda Guerra Mundial tanto como al desafío
ideológico y político de la Unión Soviética, cuyo
protagonismo durante la Segunda Guerra
Mundial le significó prestigio e influencia entre
los trabajadores del mundo.
Durante casí todo el siglo 20 las llamadas
naciones capitalistas avanzadas tuvieron estados
involucrados directamente en la educación, la
salud pública, la seguridad social y la economía.
Desde mediados de los años 40 hasta mediados
de los 70 el papel del estado se expandió
espectacularmente con el Keynesianismo -fue la
"época dorada del Estado de Bienestar." En
países del tercer mundo se aplicaron algunas
recetas keynesianas bajo un desarrollismo
económico pero ninguno llegó a tener un Estado
de Bienestar concreto.
Para los años 60, el gobierno canadiense
había implementado políticas keynesianas al
punto de mantener niveles mínimos de
desempleo, indices altos de crecimiento
económico, una
balanza de
pagos aceptable
y un cierto nivel
de equidad en la
distribución de
ingresos. Es
decir, el estado
aseguraba
eficiencia,
estabilidad,
crecimiento y un
nivel de
equidad. Había
un balance entre
el régimen
Fordista de
acumulación a
través de la
producción
masiva y altos
niveles de consumo; se mantenía un aparente
acuerdo social entre capital productivo y fuerza
laboral.
En Canadá el gobierno aumentó sus gastos
desde el 15,7% al 26,4% de su Producto Interno
Bruto entre el 1920 al 1950. Para 1984 el 46,5%
del PIB se invertía en el Sistema de Seguridad
Social, que para entonces incluye la "pensión a la
vejez", "asignación familiar" universal, sistema de
pensiónes y jubilaciones, así como de pensiones
a desabilitados, todas mayormente de
responsabilidad federal y contando con aportes
de empleadores y empleados. También de aporte
federal existe el "seguro de desempleo" (luego
transformado en "seguro de empleo").
Luego, de aporte provincial existe la
compensación por accidentes de trabajo
(responsabilidad de los gobiernos provinciales) y
la asistencia social a necesitados, asi como
aportes suplementarios a jubilados mayores de
65 años sin bienes de propiedad y cuyas
pensiones estén por debajo de un mínimo (que
hoy es de alrededor de mil dólares mensuales,
variando por provincia). Es importante destacar
que en Canadá alrededor del 50% de los
jubilados, incluyendo a empleados del estado,
reciben pensiones de otros fondos -muchos de
estos fondos aportados enteramente por el
empleador son revindicaciones debidas a
contratos colectivos entre empresas y sindicatos.
El sistema de salud pública que fuera y es
aún orgullo de muchos canadienses, se
establece en 1966 (Medical Care Act) con
carácter constitucional, universal y administrada
por los gobiernos provinciales con aportes
federales y es practicamente gratuito para todos
los canadiense y totalmente gratuito para
quienes estén por debajo de un mínimo de
entradas.
La educación es pública, la educación
básica o elemental y la secundaria son
practicamente gratuitas. La educación técnica y
universitaria es también pública y el estudiante
paga aproximadamente un 20% de su costo real,
lo mismo que paga por aprendizaje y
entrenamiento en oficios especializados. Canadá
tiene 13 universidades, de un total de 25, con
alto desarrollo de investigación científica y
cuentan con un fondo del estado para
investigación -del que ellas se llevan el 66%.
La cultura en general, el arte y el cine
fueron durante los años 60 y 70 subsidiados por
el estado de forma significante y hoy han sufrido
al no contar con ese apoyo fundamental.
A partir de los años 50 la sindicalización fue
abiertamente aceptada en Canadá y se crearon
mecanismos para facilitar la afiliación de los
trabajadores a organizaciones laborales. Hoy el
32% de la fuerza laboral canadiense es
sindicalizada y una gran proporción de
trabajadores canadienses se benefician aún de
los logros ganados a través de negociaciones y
contratos colectivos, estos incluyen a empleados
públicos y profesionales así como a trabajadores
de la industria de extracción de recursos
naturales, de áreas de alta tecnología, de la
industria pesada, etc.
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