Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, Noviembre-Diciembre 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
CANADÁ
Por Marcelo Solervicens
Esta semana, el partido
conservador, el partido liberal, el
partido democrático nuevo (NDP) y
los bloquistas, adoptaron casi por
unanimidad una resolución que
reconoce que los quebequenses
forman un nación que existe al
interior de un Canadá unido. Más allá
de los significados que se asignan al
término nación, más allá del carácter
simbólico y no constitucional de este
reconocimiento, lo cierto es que la
decisión del parlamento reabre la
caja de Pandora de la política
canadiense sobre el estatus de
Québec. Y este vuelve a las
definiciones de los años sesenta o
sea a antes de la imposición de la
visión unificada de Pierre Elliot
Trudeau. Veamos algunos
antecedentes.
En lo inmediato, el proceso que
llevó a la adopción de la decisión del
parlamento federal, que reconoce
que los quebequenses son una
nación al interior de un Canadá
unido, se inscribe en
consideraciones tácticas de los
partidos federales con vistas a ganar
votos en la provincia de Québec. En
efecto, esto ocurrió luego de que el
bloque quebequense presentara una
moción que planteaba que Québec
es una nación, y sobre la base de que el nuevo
partido democrático (NDP) había adoptado una
moción semejante en su congreso del verano y
de que el ala quebequense del partido liberal
también había adoptado una propuesta similar a
instancias de los partidarios del candidato a la
jefatura de ese partido Michael Ignatieff.
Sabemos que durante una reunión del gabinete
del partido conservador que se realizó en la
ciudad de Québec en vísperas de la fiesta
nacional de los quebequenses el 24 de junio de
este año, el Primer Ministro Stephen Harper, se
había negado a reconocer la existencia de la
nación quebequense.
Por lo que el reciente anuncio de Stephen
Harper de que ellos reconocían que los
quebequenses eran una nación en el seno de
un Canadá unido fue una sorpresa tal que llevó
a extensos comentarios por parte de
comentaristas federalistas sobre los talentos de
estratega de Harper. Con tal anuncio Harper
parecía robarle la bandera principal a los
soberanistas, insistiendo sin embargo, al
mismo tiempo, que los quebequenses son una
nación por ahora y para siempre en el seno de
un Canadá unido.
La decisión final de los bloquistas fue
apoyar la moción porque de todos modos
reconoce como un hecho la existencia de la
Nación quebequense, acción que les permitió
salvar su imagen y posicionarse en el debate
sobre las consecuencias del reconocimiento de
la existencia de la nación quebequense.
La adopción de la moción no fue unánime.
El ministro de relaciones federales provinciales
del gobierno conservador federal, renunció por
considerar que la moción implicaba el
reconocimiento del nacionalismo étnico. Una
veintena de diputados liberales votaron contra,
mientras otros de ese y otros partidos estaban
ausentes. Con ello se lanzó nuevamente al
Canadá inglés al debate. Una encuesta
confirmó que dos tercios de los canadienses
fuera de Québec siguen negándose a aceptar
que Québec sea una nación. La resolución
federal permitió que los organizadores del
Congreso de los liberales retiraran la moción
sobre la nación quebequense de sus debates lo
que dividía profundamente a ese partido.
El último capítulo de la zaga fue la
adopción por la Asamblea Nacional de Québec
de una moción común de los liberales
provinciales, de los pequistas y de la ADQ, que
reconoce como positiva la resolución del
parlamento federal. Lo que refleja el debate
sobre el uso que los liberales quieren hacer de
la resolución federal: mostrar que el federalismo
es la mejor solución para Québec y así ganar
las próximas elecciones.
En suma, puede señalarse que la
resolución sobre la nación quebequense dividió
a conservadores, liberales y miembros del
partido nuevo democrático (NDP) porque reveló
que si bien podían ganar apoyo en Québec, al
hacerlo de esta forma perderían apoyo en el
resto del país. Para los bloquistas, quedó
demostrado que deben tener cuidado en
confrontar a los federalistas pensando que la
negativa de estos ha de ser absoluta -lo que es
un cambio con respecto a la actitud de los
liberales de Jean Chretien. En Québec los
liberales de Jean Charest han salido fortalecidos
porque es posible obtener reconocimientos del
gobierno federal. Mientras, André Boisclair,
líder del Partido Quebequense provincial, no ha
conseguido mostrar liderazgo -más allá de
señalar que obviamente la resolución no implica
resolver el problema de que la Constitución de
1982 que les fue impuesta sin consentimiento
de la Asamblea Nacional de Québec y de que
subsisten problemas de desequilibrio fiscal así
como sobre la necesidad de ser un país.
El debate sobre la nación quebequense no
ha terminado y será parte integrante de los
próximos debates en el ámbito provincial y
federal. Lo que puede traer consecuencias
inesperadas.
El carácter de la nación quebequense, la
resolución federal, vuelve a la percepción que
existía hasta los años sesenta según la cual
Québec era uno de los pueblos fundadores del
Canadá -inscrito desde la declaración del Acta
de la América del Norte Británica que dio origen
a Canadá en 1867. Vale señalar que esa
concepción consideraba a los canadienses
franceses, los habitants o herederos de los
franceses que llegaban a la nueva Francia. Ese
es el sentido de la resolución de Stephen Harper
basada en los individuos y no en el territorio -o
sea, la concepción de nacionalismo étnico que
existía en Québec hasta los años 60. Desde los
años sesenta la Asamblea Nacional considera a
Québec como un territorio, no como Nación, ni
tampoco a los canadienses franceses o
quebequenses como individuos. En la nueva
percepción el Québec es una nación que
comprende el territorio y todos los
que viven en ese territorio. La
percepción de los conservadores
sobre la nación quebequense
aparece confusa, insiste en el
carácter de que son los individuos
los que forman parte de la Nación
y no hace referencia a un territorio,
aunque no incluye, aparentemente,
a los francófonos fuera de Québec.
Tras el debate sobre Nación
se ha indicado, acertadamente,
que el concepto de Nación es
entendido de manera diferente en
la tradición ideológica francesa e
inglesa. Para la tradición inglesa, el
concepto Nación se refiere a un
territorio y a un país, por ello las
naciones unidas hacen referencia
a los países que la integran. En la
tradición ideológica francesa, el
concepto de Nación, tiene raíces
en los debates del siglo de las
luces (la Ilustración) y en la
constitución de Estados Naciones
como oposición a la monarquía.
Por ello existe una distancia entre
naciones y países. Aunque es una
simplificación plantearlo de esta
manera, lo importante es que se
revela asi la crisis del federalismo
canadiense. La visión dominante
en el Canadá inglés, y entre los
tenores del federalismo, es que el país y la
nación es Canadá, resultado del concepto de
nación de los años de Trudeau. La percepción
de los soberanistas es que la única manera en
que Québec puede desarrollarse como nación
es fuera de Canadá. Por el momento, que la
tesis del federalismo acomode a la nación
quebequense parece un espejismo, mas que
una realidad o posibilidad considerando el
fracaso del acuerdo del Lago Meach y la
negativa de los tenores federalistas a reabrir el
debate constitucional para reconocer a Québec.
El debate sobre la nación quebequense
recuerda las razones que explican la
permanencia del bloque quebequense como
representante del nacionalismo quebequense en
Ottawa. Nada indica que la resolución de los
conservadores vaya a cambiar algo. Ya Stephen
Harper ha señalado, que se trata de un gesto
simbólico sin consecuencias en el ámbito
constitucional o político. Lo que muestra que su
acción fue abiertamente oportunista, tanto como
que contradice todas sus declaraciones
anteriores y la visión mayoritaria dominante. El
tiempo dirá si con ello recupera votación en
Québec y se asegura un gobierno mayoritario.
Todos consideran, sin embargo, que la posición
de Harper beneficia más que nada a su amigo
Jean Charest que se posiciona asi para ganar
las próximas elecciones.
El debate sobre la nación quebequense
revela las fallas del edificio de los soberanistas.
Por un lado, en la búsqueda de mecanismos
para obtener condiciones ganadoras han
buscado transformar el proyecto soberanista en
acciones concretas, incluso en el
reconocimiento simbólico de la nación
quebequense. Se ha olvidado, sin embargo, la
necesidad de forjar una coalición en torno a un
proyecto en que la soberanía sea esencial y no
exclusivamente para ganar el gobierno. La
llegada del nuevo partido Québec Solidario
puede llevar ese debate a una perspectiva más
amplia.
Por lo pronto, aunque los federalistas tratan
de dejar atrás el debate sobre la nación, porque
se escapa de su control, la tempestad
provocada recuerda que Canadá sigue sin
resolver el llamado problema quebequense. El
futuro dirá si este debate abre una puerta a su
solución o si se trata simplemente de un desliz
provocado por intereses partidistas de corto
plazo sin considerar los temas subyacentes.
El Reconocimiento de la Nación Quebequense
en el Parlamento Federal
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