Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, Noviembre-Diciembre 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DE MUJER...
-padres, abuelos, etc, que no tienen acceso a
residencias o que no pueden sobrevivir con
jubilaciones de miseria. Conforme avanza la
precarización social la doble jornada de trabajo da
paso a la triple función cotidiana, los hijos en paro
estructural no pueden abandonar el domicilio paterno
aumentando la carga de trabajo doméstico.
Cuarto, este proceso de hiperexplotación se ve
agudizado por otro componente esencial al
neoliberalismo y a la estrategia del FMI, BM y GATT:
la integración en el proceso de mundialización y
globalización de la economía. La lucha contra la
inflación es sólo una parte de la integración, al igual
que toda la política económica. La mundialización
tiene efectos precisos sobre la vida diaria de las
mujeres: la subida del costo de la cesta y servicios,
la reducción salarial directa e indirecta, además de
originar los problemas anteriormente vistos, crean una
doble tensión cotidiana. De un lado, crean la
necesidad imperiosa de cualificar y reciclar el trabajo
de marido e hijos/as por la creciente competitividad
mundial y por otro la necesidad de suplir con esfuerzo
personal el tiempo de cualificación y reciclaje. Los
hijos/as deben estudiar más, el marido debe
esforzarse en mantener su puesto de trabajo y la
mujer carga sobre sí las tareas correspondientes a
esos incrementos. Se acorta el tiempo propio
disponible, ya pequeño, y todo lo que se piensa de
día y de noche está condicionado por la creciente
competitividad mundial y los esfuerzos familiares para
mantener el nivel de esta.
Quinto, el conjunto de la estrategia descrita
pasa por la política oficial del primer mundo europeo
de aumento de la tasa de natalidad. El miedo inducido
oficialmente a la "invasión extranjera" y al
empobrecimiento por "ausencia de mano de obra" se
refuerza con promesas de ayudas, subvenciones y
descuentos oficiales en base al número de hijos. El
patriarcado y el capitalismo crean así una ficción
ilusoria sobre el futuro si se aceptan sus condiciones.
Una reactivación programada y teledirigida de valores
reaccionarios como el de la castidad, fidelidad
monogámica de por vida, familia y matrimonio
oficiales, sustentan la política natalicia. Intervienen
en su apoyo indirecto pero efectivo otros valores
reaccionarios que refuerzan las "virtudes" de los
anteriores, como el individualismo agresivo. Así, la
burguesía se dota de una alternativa de vida
reaccionaria, derechista y militante que se expresa en
el voto consciente a alternativas autoritarias y
militaristas. La mujer queda constreñida dentro de la
jaula de oro familiar creyendo que con esto ayuda a
"salvar a occidente y a sus valores eternos".
Sexto, estas transformaciones propiciadas por
el neoliberalismo llevan al extremo las tensiones y
frustraciones colectivas e individuales. La familia se
convierte en un pozo séptico de absorción de la
conflictividad difusa y del malestar psicosomático
creciente. En la familia, y por tanto sobre y contra la
mujer, se descargan los flujos y líneas de opresión de
forma que el marido y los hijos descargan sus
tensiones sobre la madre y las hijas. Incrementan las
agresiones y violencias sexuales y corporales,
afectivas y emotivas que no sólo físicas. Incrementan
las depresiones y el alcoholismo doméstico de cada
vez más mujeres. Aumenta la indigencia sexo-
afectiva, la soledad amorosa y el malestar
psicológico. Para controlar el deterioro del mito
familiar y para asegurar la continuidad de sus vitales
funciones, el sistema aumenta su presión material y
simbólica, propagandística, económica y política.
Proliferan las revistas aleccionadoras y creadoras de
esa peste de feminidad enfrentada mortalmente al
feminismo. El elogio neoliberal del individualismo
potencia el sexismo en todos sus aspectos
alienantes y machistas, mientras que por el lado de la
feminidad reaccionaria se potencia su complemento
apaciguador, la docilidad postmoderna de la mujer en
tres obligaciones serviles: trabajar -el mito de la
ejecutiva, parir -el mito de la madre, y esclavitud
sexual -el mito de la liberada, reforzándo clásicos
roles sociales.
Los seis bloques de medidas aumentan la
opresión de la mujer, su explotación económica y
sexual y su dominación afectiva y cultural, y, se
refuerzan mutuamente siendo vitales para el futuro del
capitalismo.
La desnacionalización y la
uniformación del mundo
Tenemos que añadir la tendencia a la
desnacionalización y a la desintegración de los
pueblos sin Estado propio, oprimidos nacionalmente y
carentes de medios de autorepresentación
internacional. Tendencia creciente a lo largo de la
historia del capitalismo y acelerada por su
mundialización y globalización; pero, reversible y
enfrentada a fuertes resistencias. Por un lado el
capitalismo impulsa la desnacionalización, pero por
otro, impulsa contradictoriamente fuerzas de
liberación nacional. La mujer juega un papel clave en
esta pugna de tendencias antagónicas.
FMI, BM y GATT fuerzas desnacionalizadoras y
uniformadoras del mundo tienen una única cultura: la
del mercado y del dinero. El mercado uniformiza el
consumo, el lenguaje mercantil y de intercambio, los
criterios valorativos del esfuerzo y trabajo humano,
consiguientemente, uniformiza las culturas y los
comportamientos adaptándolos a los imperativos
mercantiles mundializados. Se uniformiza la
sexualidad y los sentimientos, sus lenguajes íntimos
y afectivos, públicos y notorios en cuanto formas de
vestir y relacionarse, el mismo lenguaje oral
tradicional y propio del pueblo.
La mujer es un especial objeto de manipulación
por parte de esas fuerzas desnacionalizadoras, sobre
todo cuando jóvenes. Las mujeres de los pueblos
oprimidos son en particular vulnerables. Las
transnacionales de la imagen y de los valores
imperialistas crean su imagen acorde con los criterios
del FMI y de la mundialización. Existen, desde luego,
contratendencias nacionalizadoras y concienciadoras
muy activas y con fuerzas considerables que parten
del arraigo del sentimiento colectivo, de la tradición
histórica de participación de la mujer en la lucha de
liberación, de su militancia en multitud de organismos
y grupos incluso clandestinos y enfrentados
antagónicamente al Estado opresor. Es precisamente
porque existen esas contratendencias, que el sistema
refuerza sus agresiones antifeministas.
En el tercer y cuarto mundos, así como en
zonas del segundo esa presión adquiere formas
abiertamente dictatoriales -las prohibiciones islámicas
y cristianas, el control impuesto de la natalidad, la
esterilización forzada, la imposición de matrimonios
económicos, la esclavitud sexual abierta y la
prostitución masiva, la prohibición de derechos
sociales, políticos y culturales elementales, la
hiperexplotación económica. En el centro imperialista
las presiones se adaptan a las relaciones de fuerza y
a la posibilidad de concesiones formales y aparentes
del patriarcado burgués. Allí la misoginia cristiana
debe medir más sus afanes dictatoriales por la
marcada laicización histórica de la sociedad.
El modelo neoliberal del FMI, BM y GATT, el
llamado "nuevo orden" -que es en realidad el viejo
desorden histórico del capitalismo, padece, sin
embargo, de una contradicción interna insalvable: de
un lado, su militarismo consustancial, necesario para
mantener el beneficio de reducida minoría de la clase
dominante, le obliga a expandir una ideología
agresiva, feroz y machista, armamentista y belicista,
racista, xenófoba y occidentalista. Pero de otro lado
necesita protegerse bajo el manto ensangrentado de
las "intervenciones humanitaristas" de los cascos
azules, de los "derechos humanos" interpretados por
deshumanizadas transnacionales y corporaciones, de
"libertades democráticas" proclamadas por estados
imperialistas antidemocráticos e intervencionistas.
Esta contradicción no puede ser indefinida y
totalmente ocultada por las transnacionales de la
desinformación, por lo que mina lenta pero
imparablemente la legitimidad del "nuevo orden." El
choque impactante del cinismo con la realidad, de la
mentira con el hecho, de la propaganda con la
crueldad inocultable, refuerza la existencia en los
pueblos oprimidos de organizaciones que resisten;
fuerzas en las que las mujeres juegan un papel clave
como lo jugaron en el pasado.
Entra aquí de lleno el debate sobre la violencia
de las oprimida/os frente a la "paz mundial"
auspiciada e impuesta por el "nuevo orden". Los
pueblos que se resisten a esa "paz" cuentan con la
decisiva participación de las mujeres. Frente a esta
constante histórica, el FMI, BM y GATT oponen un
mito insostenible: el supuesto pacifismo inherente a
la mujer por el hecho de "ser mujer".
Una caterva de intelectuales reaccionarios se
obsesiona en restringir el debate de la participación
de la mujer en el futuro de la humanidad al problema
del control de la natalidad -impuesto por el primer
mundo- mientras que deja en manos del patriarcado,
de las clases dominantes y de los hombres de esos
pueblos, el poder político, económico, militar y
cultural, así como la política natalicia entera. Pero,
mientras los poderes sexistas hablan y oprimen,
muchas mujeres toman directa o indirectamente las
armas, planifican democrática y conscientemente su
natalidad e intervienen en los asuntos colectivos
iluminando una nueva humanidad.
Iñaki Gil de San Vicente
(Extracto, La Haine)
FMI y la opresión
de la mujer
Desde la mujer que soy,
a veces me da por contemplar
aquellas que pude haber sido;
las mujeres primorosas,
hacendosas, buenas esposas,
dechado de virtudes,
que deseara mi madre.
No sé por qué
la vida entera he pasado
rebelándome contra ellas.
Odio sus amenazas en mi cuerpo.
La culpa que sus vidas impecables,
por extraño maleficio,
me inspiran.
Reniego de sus buenos oficios;
de los llantos a escondidas del esposo,
del pudor de su desnudez
bajo la planchada y almidonada ropa interior.
Estas mujeres, sin embargo,
me miran desde el interior de los espejos,
levantan su dedo acusador
y, a veces, cedo a sus miradas de reproche
y quiero ganarme la aceptación universal,
ser la "niña buena", la "mujer decente"
la Gioconda irreprochable.
Sacarme diez en conducta
con el partido, el estado, las amistades,
mi familia, mis hijos y todos los demás seres
que abundantes pueblan este mundo nuestro.
En esta contradicción inevitable
entre lo que debió haber sido y lo que es,
he librado numerosas batallas mortales,
batallas a mordiscos de ellas contra mí
-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-
transgrediendo maternos mandamientos,
desgarro adolorida y a trompicones
a las mujeres internas
que, desde la infancia, me retuercen los ojos
porque no quepo en el molde perfecto de sus
sueños,
porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna
y vulnerable,
que se enamora como alma en pena
de causas justas, hombres hermosos,
y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez
vedada,
e hice el amor sobre escritorios
-en horas de oficina-
y rompí lazos inviolables
y me atreví a gozar
el cuerpo sano y sinuoso
con que los genes de todos mis ancestros
me dotaron.
No culpo a nadie. Más bien les agradezco los
dones.
No me arrepiento de nada, como dijo la Edith
Piaf.
Pero en los pozos oscuros en que me hundo,
cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,
siento las lágrimas pujando;
veo a esas otras mujeres esperando en el
vestíbulo,
blandiendo condenas contra mi felicidad.
Impertérritas niñas buenas me circundan
y danzan sus canciones infantiles contra mí
contra esta mujer
hecha y derecha,
plena.
Esta mujer de pechos en pecho
y caderas anchas
que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.
Gioconda Belli
No me arrepiento
de nada
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