Alberta, November-December 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
De Mujer...
DE MUJER...
El grito de "NO a la guerra" se oyó en todos los
continentes. Distintos grupos y coaliciones feministas
participaron de estas movilizaciones. Muchas de
estas voces denunciaban a la violencia como una
conducta de exclusividad masculina y postulaban a
las mujeres como constructoras de paz y portadoras
naturales de una ética del amor y el cuidado.
Pero en el transcurso de la guerra asistimos a
una cruenta realidad en la que las mujeres no éramos
solamente víctimas...En realidad, el feminismo -tanto
de la igualdad como de la diferencia- no puede
explicar el por qué de las guerras, ni tampoco es
suficiente para pensar una política que enfrente al
imperialismo, cuyo dominio siembra terror y muerte.
I. Las mujeres, doblemente
victimizadas
Durante la guerra entre Irak e Irán (1980-1988),
en la que EE.UU. armó a Saddam Hussein contra el
gobierno iraní, miles de hombres perdieron la vida y la
sociedad se empobreció. En esos años, aumentó la
cantidad de hogares sostenidos por mujeres solas y,
a fuerza de muerte y dolor, las iraquíes se
incorporaron masivamente a la producción y la
administración estatal.
Con la Guerra del Golfo de 1991, desatada por
Bush padre contra su antiguo aliado, se revirtió esta
tendencia. Como consecuencia de la guerra, las
mujeres perdieron sus puestos de trabajo ya sea por
el cierre y la destrucción de empresas industriales,
como por el deterioro en que quedaron las
instalaciones sanitarias, educativas...
En ese conflicto, los norteamericanos arrojaron
bombas de uranio empobrecido que causaron cáncer
y otras enfermedades a miles de iraquíes. Además, la
imposición de las sanciones establecidas por la ONU
a la salida del conflicto armado, afectaron a la
población civil aún más que la misma guerra.
Muchos niños y niñas de zonas rurales debieron
abandonar la escuela por falta de instalaciones. Más
de 100.000 adolescentes y jóvenes abandonaron la
educación cada año, para ayudar a la economía
familiar, especialmente las jóvenes de medios rurales.
En esta segunda guerra, cuando las bombas de
Bush hijo volvieron a caer sobre el territorio iraquí,
muchas mujeres se encontraban sosteniendo sus
hogares con la venta de pan casero, verduras o
pidiendo limosna en las calles.
Actualmente, siguen siendo habituales las
redadas y las detenciones masivas, mientras
decenas de miles de iraquíes han pasado o siguen
detenidos y detenidas en doce centros carcelarios,
bajo las órdenes de tropas de la coalición
imperialista. El Centro del Observatorio de la
Ocupación en Bagdad, una organización no
gubernamental que actúa en la región, y algunos
medios de prensa árabes publicaron -varios meses
antes de que surgiera el escándalo de las fotografías
de Abu Ghraib- , algunos testimonios de mujeres que
estuvieron detenidas en esas cárceles.
Una de esas mujeres testificó que la pusieron
en una habitación cuya única ventana estaba tapiada
con ladrillos y la puerta con placas metálicas. "Intenté
ubicarme en la habitación a través de mis manos.
Había camas metálicas con mantas. Me senté en una
de ellas. Escuché algo en la habitación, estaba
aterrorizada, pensé que sería un culebra. Algo arañó
los dedos de mi pie y me hizo daño. Me di cuenta de
que era una rata. Sacudí mi pie y me senté con las
piernas cruzadas sobre la cama. (...). Empecé a
recitar versos del Corán. Estaba preocupada por mi
madre que es paralítica y por mis hermanas. (...)."
El testimonio de otra mujer
relata cómo fueron sus días de
prisión en Bagdad: "Había 56
mujeres. Las habitaciones daban
a un corredor abierto. Hacía
mucho frío. Las corrientes lo
empeoraban. Había ventanas
cerca del techo pero no había
cristales en ellas. Las
enfermedades nos atenazaban:
infecciones de estómago, colon,
diarrea, catarros e infecciones de
oídos...Cortaron el agua después
de un tiempo. (...). Una presa fue
violada 17 veces por un policía
iraquí y con conocimiento de los
estadounidenses. No se
encontraba bien, se quedó en
silencio y no hacia más que
vomitar todo el rato. Se la llevaron
y no supimos nada más de ella."
A una mujer, cuyo marido
estaba detenido, la llevaron frente a él, que se
encontraba atado. Un marine norteamericano obligaba
al hombre a mirar a su esposa, mientras otros
guardias la violaban reiteradamente. Su hermana,
cuando fue liberada, la ayudó para que pudiera
ejecutar su propia decisión de suicidarse. No fue la
única...son muchas las mujeres que se suicidaron. A
otras las asesinaron sus propias familias por no poder
soportar la humillación.
La guerra es, para las mujeres, la más horrible
de las barbaries: niñas huérfanas, que deben cuidar
de sus hermanos y hermanas, mujeres sin sustento
en ciudades devastadas, jóvenes violadas por el
enemigo y repudiadas por sus propias familias,
ancianas perdidas y abandonadas. Contagiadas con
HIV-Sida, embarazadas por la fuerza, obligadas a
prostituirse a cambio de alimento, torturadas,
mutiladas, usadas como escudos humanos. Ese es
el destino de las mujeres en todas las guerras.
Una refugiada de Etiopía relataba, a Amnistía
Internacional: "Éramos cuatro: mis dos hijos -de
cuatro y dos años de edad-, el guía y yo. Yo estaba
encinta de cinco meses. En el camino nos pararon
dos hombres que nos preguntaron a dónde nos
dirigíamos. Cuando se lo dijimos, uno me llevó aparte
y me dijo: "¡Sin sexo no hay paso!" (...) me tiró al
suelo, me dio un puntapié en el estómago y me violó
en presencia de mis hijos. Él sabía que yo estaba
encinta, pero no le importó en absoluto." Otra,
sobreviviente de Ruanda, declaró: "En febrero de 1994,
en la casa de mis padres, siete hombres violaron a
una viuda que se hospedaba con la familia. Uno de los
hombres dijo: `por lo menos uno de nosotros tiene
Sida.' La viuda murió, de esa enfermedad."
Según el ACNUR, organismo de la ONU para los
refugiados, el 80% de los 50 millones de personas
desplazadas debido a las guerras son mujeres. Si
cruzan las fronteras, asumen la categoría de
refugiadas, pero si quedan desplazadas en su propio
país, no tienen nada ni hay mecanismos legales para
ayudarlas y son víctimas de abuso. "'Si una mujer o
niña se rehusa (a favores sexuales), cuando llega la
comida o las medicinas, su nombre no está en la
lista', relató una mujer de Sierra Leona. `Si no tienes
una hermana, hija o mujer que ofrecer a los
voluntarios es difícil tener ayuda', relató un hombre."
En Bosnia, 200.000 mujeres fueron violadas por
el ejército serbio como política de "limpieza étnica".
En todas las guerras, las bases militares están
rodeadas de burdeles, prostíbulos, clubes nocturnos.
Ha impactado la noticia de que las "democráticas"
fuerzas de la OTAN y la ONU desplegadas en Kosovo
manejan una red de prostitución de mujeres y niñas.
La denuncia de Amnesty International exhorta a la
Unión Europea a brindar más apoyo legal y financiero
a la lucha contra el tráfico de mujeres en Kosovo
donde las fuerzas internacionales de paz aportan
clientes a los proxenetas.
Para las mujeres, el horror de la guerra es
diferente que para los varones: reciben raciones
menores de comida, se les niega asistencia médica y
muchas veces son despojadas de sus bienes. Si no
mueren en el instante de los bombardeos, mueren
lentamente después de sufrir todo tipo de vejámenes
y abusos. O sobreviven intentando reconstruir una vida
que jamás volverá a ser la misma.
II. Igualdad de oportunidades
para bombardear y torturar
"Praxágora - Diré que es preciso que todos los
bienes sean comunes, que todos los ciudadanos
participen por igual de todos ellos y vivan a expensas
del mismo fondo; y no que ése sea rico y aquél pobre;
así como tampoco que uno cultive un campo inmenso
y otro no tenga donde caerse muerto; que éste tenga
a su servicio numerosos esclavos y aquel otro ni un
criado. En fin, establezco una manera de vivir común
a todos y para todos la misma.
Blépiro - ¿Cómo será pues común a todos?
Praxágora - Tu comerás mierda antes que yo.
Blépiro - ¿Tendremos también nuestra parte de
mierda?"
Aristófanes
La novedad de esta guerra no es el número de
víctimas, ni los sufrimientos que padecen las mujeres
iraquíes como consecuencia del ataque imperialista.
Lo que ha despertado un gran debate porque se
presenta como un hecho novedoso es la presencia de
mujeres entre las tropas de la coalición.
Uno de cada diez soldados que invadieron Irak
es mujer. De esas mujeres, una de cada 7 está
entrenada para cualquier acción bélica. Entre los
marines, son el 7%. Y fueron 300 mujeres, las pilotos
de guerra que realizaron misiones de abastecimiento
y apoyo a sus tropas. Pocos meses antes de
desembarcar en Irak, fue en el ataque perpetrado
contra Afganistán que EE.UU. estrenó la primera
mujer piloto que lanzó bombas desde su nave y los
primeros aviones de abastecimiento y apoyo
totalmente tripulados por mujeres.
De los siete soldados norteamericanos
acusados por abusos y torturas en Abu Ghraib, tres
son mujeres: Megan Ambuhl, Lynndie England y
Sabrina Harman. Incluso la prisión estaba dirigida por
una mujer, General Janis Karpinski. El oficial de
mayor rango de la inteligencia norteamericana en Irak
era la Comandante en Jefe Barbara Fast. Y el
Consejo de Seguridad Nacional de los EE.UU., uno
de los organismos responsables en la declaración de
la guerra contra Irak, es Condoleezza Rice. Son las
otras mujeres de esta guerra.
Si bien no es la primera vez que las mujeres
actúan en las guerras, sí es cierto que en esta
ocasión ha aumentado la proporción de mujeres en
los ejércitos de todos los países de la coalición y,
además, su participación no ha quedado limitada a
tareas de retaguardia como en conflictos anteriores:
las mujeres pilotearon, arrojaron bombas y hasta
torturaron en "igualdad" con los varones.
Después de la guerra de Vietnam, cuando el
gobierno de EE.UU. se vio obligado a eliminar el
servicio militar obligatorio por el descrédito de esta
institución frente a las masas, se inició este
incremento de la participación de las mujeres en el
ejército. Con la política de "All Volunteer Force", el
porcentaje de varones que se inscribían en las fuerzas
armadas como voluntarios descendió en proporción al
de las mujeres, que creció vertiginosamente.
Durante la primera Guerra del Golfo, encabezada
por Bush padre, las mujeres constituían el 11% de las
fuerzas desplegadas en la región. Sus tareas se
limitaban a responsabilidades de bajo riesgo y no
tenían ninguna participación directa en combates.
Finalizada la guerra, el entonces presidente de los
EE.UU. creó una comisión de especialistas
encargada de analizar si las mujeres debían participar
en combates. Finalmente, en 1994, se eliminaron
todas las restricciones para las mujeres en las
fuerzas armadas y el secretario de defensa
norteamericano permitió la incorporación de las
mujeres en todas las áreas. Desde ese momento, se
crearon 260.000 nuevos puestos para las mujeres.
Esto no ocurre sólo en los EE.UU. En España,
hace dos años, un tren recorrió el territorio
publicitando las ventajas de pertenecer al ejército,
apelando a las características de modernidad e
igualdad de género que tendrían las fuerzas militares
de ese país. En Gran Bretaña, el secretario de
defensa acusó a los militares que no quieren la
incorporación de mujeres en el ejército, de "no
permitir la modernización y la democratización de las
fuerzas armadas".
Hoy, la guerra de Irak quedará asociada en la
memoria de las masas de todo el planeta, con las
fotos de las torturas perpetradas en Abu Ghraib. Sin
embargo, la pretensión de los EE.UU. fue la de crear,
por primera vez, una imagen de heroísmo encarnada
en la figura de una mujer soldado. Aunque más tarde
se develó que se trató de una operación
absolutamente ficticia, recreada exclusivamente para
la propaganda, el caso de Jessica Lynch,
supuestamente rescatada de un hospital de Nasiriya
ocupó las primeras planas de los diarios
internacionales durante algunos días.
Su caso provocó un intenso y generalizado
debate acerca de la pertinencia o no de la
participación de las mujeres en el ejército. "¿Deben
las mujeres pelear en las guerras?", circuló entre
feministas y especialistas militares de todo el mundo.
Mujeres, guerra y feminismo.
Fracaso de la igualdad, fracaso de la diferencia