Alberta, November-December 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
De Mujer...
Defensoras de la igualdad de oportunidades para
las mujeres en el ejército temieron que la imagen de
la joven Jessica -supuestamente violada por soldados
iraquíes, confirmara las convicciones de un sector de
políticos y militares, de que las mujeres no debían
participar de las operaciones de riesgo. "Esto es
horrible, pero pienso que los estadounidenses están
asustados por cualquiera que sea prisionero de
guerra, no sólo por las mujeres. Pero no creo que
estos hechos nos hagan dar vuelta atrás.", señalaba
la capitan retirada Lory Manning, directora de Mujeres
Militares, Women's Research and Education Institute.
Los peligros que corren las mujeres en el
ejército, sin embargo, no se reducen sólo a los
riesgos del combate. Dos terceras partes de las
mujeres soldados debieron soportar acosos sexuales,
incluyendo abusos y violaciones, de parte de sus
"compañeros de armas". Las denuncias de quienes
fueron violadas incluyen descripciones sobre la falta
de atención médica y psicológica adecuada, la
insuficiencia de investigaciones y las amenazas de
castigos por denunciar las agresiones de las que
fueron víctimas. En el 2001 se contabilizaron más de
18.000 casos de violencia. La tasa de abusos es
entre tres y cinco veces mayor que entre la población
civil. Un 30% de las veteranas denunciaron violación o
intento de violación durante su servicio activo.
III. El feminismo, la guerra y la paz
"Es esencial que nos demos cuenta de esa
unidad que los cadáveres y las casas derruidas
demuestran. Y así es porque ésta será nuestra ruina
si usted, en la inmensidad de sus abstracciones
públicas, olvida la figura privada, o si nosotras, en la
intensidad de nuestras emociones privadas,
olvidamos el mundo público. Ambas casas quedarán
derruidas, la pública y la privada, la material y la
espiritual, por cuanto están inseparablemente
relacionadas." Virginia Woolf
Arrogancia imperial, depravación sexual e
igualdad de género. Con esos términos calificó la
feminista norteamericana Barbara Ehrenreich las fotos
de Abu Ghraib. Barbara forma parte de la mayoría de
las feministas norteamericanas que apoyaron la
igualdad de oportunidades de las mujeres en el
ejército "porque sabía que las mujeres podían luchar";
sin embargo, después de Irak -y particularmente
después de Abu Ghraib- para esta mujer murió un
"cierto tipo de feminismo ingenuo" que, "veía a los
hombres como los eternos autores de los delitos, a
las mujeres como las eternas víctimas y la violencia
sexual de los hombres contra las mujeres, como la
raíz de toda injusticia."
Muchas feministas radicalizadas en los '70,
como Barbara, entendieron luego que la democracia
era el régimen político que permitiría reducir la brecha
de la pobreza, del acceso a la educación, de la
participación política que afecta particularmente a las
mujeres. Creyeron, que la democracia era el espacio
privilegiado que las mujeres debían utilizar en su
lucha por la igualdad. Mientras la perspectiva más
general del movimiento feminista de los '70 había sido
anti-institucional, los '80 y '90 reconciliaron al
feminismo con las instituciones como la universidad,
los partidos políticos y el Estado.
Del Mayo Francés y las movilizaciones contra la
guerra en Vietnam, el mundo vivió más tarde el
ensayo general del llamado "neoliberalismo" con
Ronald Reagan y Margaret Thatcher (¡una mujer
patriarcal!) a un lado y otro del Atlántico.
La búsqueda de igualdad sin un cuestionamiento
profundo del sistema que sostiene la desigualdad más
extrema, había derivado en una cooptación del
movimiento feminista. La tecnocracia de género que
permitió una lavada de cara a las instituciones
garantes de los planes neoliberales (organismos
multilaterales de crédito, gobiernos y otros
organismos internacionales) se alimentó con miles de
feministas cuyo conocimiento específico, trayectoria
política en la reivindicación de los derechos de las
mujeres, etc, les permitieron obtener cierto prestigio.
La cooptación tuvo políticas, nombres propios y,
también, cifras: en sólo veinte años (1970 a 1990) el
dinero destinado a las organizaciones no
gubernamentales se incrementó en más de un 500%.
Según estadísticas de 1992, el aporte estatal y
privado a las organizaciones no gubernamentales en
todo el mundo rondó los 10.000 millones de dólares.
El feminismo de la igualdad transformado en
integración al régimen y al Estado acabó siendo una
versión senil y farsante de aquel feminismo igualitario
de principios de siglo que proclamaba que "la paz
mundial, la armonía social y el bienestar de la
humanidad solamente existirán cuando las mujeres
consigan el voto y puedan ayudar a los hombres a
hacer las leyes." Antes de que se iniciara la Primera
Guerra Mundial, el feminismo había tendido lazos
internacionales entre distintas organizaciones y
proclamaba la defensa de la paz; algo que duró hasta
que se inició la guerra, momento en el que la mayoría
de las organizaciones feministas se plegaron a los
dictámenes de sus respectivos gobiernos nacionales.
Es que la guerra, como señalara Trotsky, siempre
exige la "paz civil", e importantes representantes del
movimiento feminista acallaron los reclamos contra
sus propios gobiernos, para someterse a sus
designios belicistas.
"Mientras dure la guerra, las mujeres del
enemigo también serán el enemigo", señaló una
feminista francesa; mientras la feminista británica
Emmeline Pankhurst cambiaba el nombre de su
periódico La Sufragette por el más sugestivo de La
Brittannia -"por el Rey, por el país, por la libertad."
Pero nadie sacó las lecciones obligadas de
estas experiencias históricas. Incluso hoy hay
quienes sostienen, olvidando una parte de la historia,
que "a lo largo de toda la historia del movimiento
político conocido como feminismo, uno de sus rasgos
constantes ha sido la manifestación contra la guerra."
Suena ridículo escuchar a algunas feministas
decir que "el aumento de la capacidad de influencia
política de las mujeres en una sociedad parece
correlacionarse con un incremento de valor de la vida".
¡Hay pocos países donde las mujeres han alcanzado
incluso el derecho igualitario a arrojar bombas sobre
países semicoloniales, igual que sus pares varones!
El feminismo de la igualdad pretendió conseguir
la igualdad para las mujeres con respecto a los
varones en un sistema donde tampoco los varones
son iguales entre sí. El planteo es una abstracción
demasiado escandalosa en un mundo donde las
desigualdades son esenciales a su funcionamiento.
La lógica capitalista se impone por sobre el
fetichismo de la democracia plural. O dicho en otros
términos, la democracia burguesa es la mejor
envoltura de la dictadura del capital. Derechos para
las mujeres, para algunas mujeres. Derechos
formales sostenidos en la más profunda falta de
derechos para millones de mujeres y varones
explotados, humillados y masacrados en las fábricas,
las maquilas, los pueblos oprimidos que constituyen
la enorme mayoría del planeta.
Pero hay otra manera de explicar esta
integración y cooptación de las mujeres: "... las
mujeres que acceden al poder de decidir, son en
mayor medida aquellas que han hecho propio el
paradigma dominante, que asumen formas de hacer
política en las que están profundamente imbuidos
unos criterios de valor que son los que generalmente
conducen al recurso a la fuerza, a la violencia."
Mientras las feministas de la igualdad
promovieron su inclusión en lugares de poder como
emponderamiento para el conjunto de las mujeres,
otras denostaron su cooptación acusando a esas
mujeres de asumir los valores patriarcales propios del
sistema que las oprime a todas. Como señala Ximena
Bedregal, el derecho de las mujeres a incorporarse a
los ejércitos es "sólo parte del derecho de las mujeres
a estar donde quieran. Otras feministas quisiéramos
que se erradiquen los ejércitos y las armas del mundo
y de la cultura, y la creciente participación de las
mujeres en las fuerzas armadas del planeta es un
triunfo más de la masculinidad patriarcal sobre
nuestras conciencias, deseos y perspectivas..."
Pero aquí se presenta otro dilema: ¿qué son
nuestras conciencias, deseos y perspectivas? ¿a qué
sujeto "nosotras" remite? ¿Quiénes somos las
"nosotras" cuyas conciencias, deseos y perspectivas
fueron borrados por la masculinidad patriarcal?
Para las feministas de la diferencia, las mujeres
tendrían una vocación esencial por la paz, asociada a
un natural amor a la naturaleza y la vida. Mientras el
carácter masculino sería inherentemente agresivo, las
mujeres seríamos conciliadoras y prestas a la
mediación pacífica. El cambio propuesto por las
mujeres sería un cambio cultural profundo, que
impediría las guerras y las devastaciones de la
naturaleza que el poder masculino lleva adelante.
Frente a la crisis evidente del feminismo de la
igualdad, el feminismo de la diferencia sostiene la
necesidad de no incorporarse a un mundo hecho a
imagen y semejanza de los varones. La contracultura
que encabezarían debe comenzar por cambiar la
propia vida, huyendo de lo público y la acción política,
para recluirse en las relaciones personales y la
creación de nuevos valores subjetivos.
"No es llamativo que durante este período de
guerra y política reaccionaria, un movimiento
conservador, que se autodenomina `feminista' gane
impulso. La mayoría de las que son activas en esta
ola, parecen estar interesadas, en sus creencias y en
sus relaciones personales, dejando de lado el análisis
político y la acción. Esta reacción masiva en el
movimiento feminista prácticamente ha reducido al
feminismo a un estilo de vida, a un `crecimiento
personal', desprovisto de análisis político, agenda y
repercusión."
Si sus inicios críticos, enfrentando la cooptación
del feminismo de la igualdad, fueron justificados, las
consecuencias teóricas y prácticas que se derivaron
de esta crítica replegaron al movimiento feminista,
desintegrándolo y quitándole todo filo subversivo. El
movimiento se fragmentó en grupos, centros y
organizaciones no gubernamentales que
reemplazaron la acción política por la ayuda, la
beneficencia y los programas asistenciales. Para
algunas voces críticas, esto significa el reemplazo de
la conciencia social por la búsqueda de beneficios
personales, lo que se ha perdido es "el ímpetu por una
transformación radical de la sociedad por medio de
una lucha social y conciente."
Las feministas de la diferencia se oponen a las
de la igualdad, pero evitan responder al dilema que
plantea un sistema cuyo dominio de conciencias,
deseos y perspectivas se basa en la expropiación de
los medios de producción por una minoría parásita, la
explotación de la fuerza de trabajo de los miles de
millones restantes, el poder del aparato del Estado
creando consenso a través de sus instituciones y, en
última instancia, la coerción que esa minoría ejerce
sobre la mayoría por el monopolio de las armas.
IV. Una vez más, "¿sexo contra
sexo o clase contra clase?"
"La lucha contra la guerra solamente adquirirá un
carácter realmente amplio, de masas, si participan en
ella las trabajadoras y las campesinas. (...).
despertarlas, ganarse su confianza, mostrarles el
camino verdadero, significa movilizar contra el
imperialismo la pasión revolucionaria del sector más
aplastado de la humanidad." León Trotsky
La experiencia de la guerra de Irak muestra una
realidad que es mucho más compleja que un simple
enfrentamiento entre mujeres dadoras de vida, por un
lado, y varones patriarcales imbuidos de belicismo,
por el otro. El feminismo de la igualdad fracasa y se
lamenta frente a las sangrientas consecuencias que
ha tenido su prédica de la inclusión y la equidad de
las mujeres para tener la oportunidad de acceder a
todos los lugares en los que (algunos) varones han
ejercido el poder durante siglos.
Su "ingenuidad" murió con Abu Ghraib, decía
Barbara Ehreinreich. Demasiado tarde, decimos
quienes venimos sufriendo al imperialismo en sus
guerras, sus golpes militares y su guerra económica
permanente contra nuestros pueblos oprimidos.
Demasiado tarde para quienes sufrimos las
consecuencias de los planes de hambre que imponen
las instituciones multilaterales que, en sus oficinas
cuentan con departamentos especializados en "mujer
y desarrollo" y no dudan en tener mujeres de altísima
calificación profesional entre sus directivos.
Pero si existe un continuum entre la violencia
doméstica y la violencia pública de los conflictos
bélicos; si "las mismas actitudes y valores que
subyacen en la violencia contra las mujeres son las
que dan lugar al estallido de la violencia de guerra" y
es necesario imponer nuestra "supuesta cultura" de la
paz y de la vida para cambiar este trágico mundo en
el que vivimos ¿cómo hacerlo? La tarea de inculcar
una contracultura a la humanidad es, francamente,
utópica. ¿Cómo se "convence" al opresor para que
deje de serlo?
Es que la guerra, se explica -fundamentalmente-
por su carácter de clase. Olvidar esta categoría en el
análisis de una guerra conduce a no poder
comprenderla en toda su expresión y, por lo tanto, a
no poder formular una política tendiente a su
enfrentamiento y a su eliminación.
Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, los
socialistas se mostraban dispuestos a convocar a una
huelga general en los países beligerantes, para
impedir el inicio de la contienda. La traición al
movimiento obrero internacional, por parte de su
dirección más prestigiosa, fue pagada con la muerte
de millones de obreros en las trincheras de uno y otro
lado de fronteras que no significaban nada para ellos.
En esa pequeña minoría que enfrentó la traición,
además de Lenin, Trotsky, Liebhneckt, se
encontraban Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo. Ellas
habían organizado a las mujeres socialistas en
multitudinarios Congresos Internacionales donde,
además de propiciar el 8 de marzo como el Día
Internacional de la Mujer, se aprobó la moción de
"guerra a la guerra". A pesar de la derrota, la lección
quedó grabada en la historia para quienes quieran
enfrentar el futuro aprendiendo de las experiencias del
pasado: sólo el derrocamiento de la burguesía por el
proletariado insurrecto puede salvar a la humanidad de
una nueva y devastadora matanza de los pueblos.
Quien es socialista y no es feminista, carece de
amplitud... pero quien es feminista y no es socialista,
carece de estrategia...
Andrea D'Atri (Extracto,
Estrategia Internacional;
www.ips.org.ar)
Mujeres, guerra y feminismo.
Fracaso de la igualdad, fracaso de la diferencia