Alternativa Latinoamericana
      
Alberta, February-febrero 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
CANADÁ
Canadá es el cuarto mayor exportador
de ropa a los Estados Unidos. Nuestro
intercambio con los Estados Unidos en ropa se
calcula en más de 10 billones de dólares
anuales. En los pasados dos años las ventas
Canadienses a los Estados Unidos han
aumentado consistentemente. Y sin embargo,
el número de gente que trabaja en el oficio ha
disminuído. ¿Como puede ser esto?
La respuesta es simple: ¡otros hacen el
trabajo! A través del proceso conocido por los
economistas como transportación y re-
exportación todo el trabajo dificil se hace a un
costo de 11 centavos la hora. Entonces se le
coloca la etiqueta "Hecho en Canadá" y se
vende a los Estados Unidos por una buena
ganancia. Esto tiene además la ventaja para
nuestros negociantes de limitar a una buena
parte de la fuerza de trabajo canadiense, que ha
historicamente sido efectiva en promover los
derechos humanos, al movimiento laboral y a
la izquierda política canadiense.
A través de varios convenios como el
Caribbean Basin Initiative y NAFTA, los
negociantes canadiense puede re-exportar ropa
fabricada mayormente por haitianos y otros
bajo estos convenios que han abierto sus
mercados a nuestros productos agrícolas.
Siendo un país desarrollado, nuestros
alimentos son mucho más baratos que los
haitianos, que producen en forma de
subsistencia. Mientras que nosotros tenemos
tractores y bio-ingeniería, ellos trabajan con
implementos manuales.
Mas de un tercio de nuestras
exportaciones textiles y de ropa son re-
exportaciones, quiere decir no son hechas por
mano de obra canadiense, aunque tenga la
etiqueta "Hecho en Canadá". El proceso ha
sido descripto como neo-imperialismo y
estudios han demostrado que este arreglo limita
la abilidad de una sociedad de desarrollar su
industria. Y, puede llevar a la des-
industrialización y a una medida negativa de
desarrollo, como en Haiti.
La desindustrialización no es un proceso
único de Haití ni es historicamente nuevo. Pero
en Haití es único en dos aspectos: (1) el grado
de devastación y (2) el hecho que son
intereses de negocios canadienses los
profundamente responsables de su creación.
Quienes apoyan este sistema y ganan gracias
a él son la mayoría de los fabricadores y
vendedores de ropa canadienses. Producir
afuera es tan común que se ha vuelto la
práctica dominante para esta industria en
Canadá.
El proceso reduce los trabajadores a
nada pero el valor de intercambio del trabajo no
especializado ha sido mayormente exportado.
Unidades de producción, como producción de
telas, son manufacturadas a través de un
complicado proceso de industrialización. En
este proceso, trabajadores educados y semi-
educados cuando lo controlan tienen algunas
protecciones de sus derechos humanos,
incluso la posibilidad de negociación por
mejores salarios en sindicatos; aunque con
limitaciones los trabajadores pueden sobrevivir
bajo estas condiciones.
En Canadá, la industria textil es el décimo
más grande empleador; sus trabajadores son
en un 75 por ciento mujeres que reciben bajos
salarios y tienen poca seguridad laboral. En el
presente sistema de producción esto, sin
embargo, es marcadamente mejor que lo que
sucede en otros sectores de la industria donde
los bienes semifacturados son transportados a
lugares de ensamblaje o a fábricas de sub-
ensamblaje, pero que son en realidad
"sweatshops," o fábricas sumamente
explotativas.
En estos lugares de ensamblaje se
requiren quizás trabajos intricados de costura,
considerados como intensos en labor y
causantes de debilitamiento crónico a largo
plazo, y accidentes laborales debilitantes. Los
trabajadores, que son esencialmente no
especializados -y no es interés de los dueños
de la industria que reciban especialización, son
desechables. Generalmente, el aprendizaje
básico necesario ocurre en el lugar de trabajo
mismo, donde el trabajador observa a otros
trabajadores en el proceso, antes de que ellos
se integren al trabajo pagado.
La producción automatizada require alta
inversion de capital en el país de origin. Aquí en
Canadá ellos y sus valiosas máquinas no
tienen que corer el riesgo de trabajadores
empobrecidos con salarios de once centavos la
hora, brutalizados por condiciones inhumanas,
y levantándose en revolución. Es la opresión
del trabajo lo que se exporta, mientras que el
capital y los capitalistas se quedan en casa bien
protegidos del peligro lejano. Aqui en perfecta
anonimidad pueden tomarse sus latés, leer sus
periódicos, recoger sus dividendos y nunca ver
la miseria que causan en otros para
enriquecerse.
El mayor problema de los intereses
comerciales canadienses es cómo continuar
su estilo de vida a expensas del pueblo
haitiano. El pueblo haitiano, sin embargo, no
parece tener deseos de que esta situación
continúe. Para ello ha elegido dos veces, y por
apabullante mayoría , al gobierno de Jean-
Bertrand Aristide y al partido del que es líder,
Fanmi Lavalas.
Aristide, el primer presidente elegido
democraticamente en Haití, tenía metas
modestas - como el aumento del salario
mínimo a unos 20 centavos la hora. Creía que
las instituciones democráticas de Haiti deberían
ser permitidas votar sobre decisiones políticas
importantes -como la privatización de los
recursos controlados por el gobierno, por
ejemplo, el agua. Eran metas importantes,
aunque extremadamente modestas.
El pueblo haitiano tiene problemas serios,
que van desde una mortalidad infantil en
menores de 5 años de más del 12 por ciento,
un desempleo de más del 70 por ciento, y un
población que en un 50 por ciento no tiene
acceso al agua potable. Esta situación sólo se
ha vuelto peor en las últimas dos décadas,
gracias en parte a la industria de re-
exportación.
Las corruptas dictaduras de la familia
Duvalier y el régimen militar igualmente
corrupto de Cedras, ayudó a que intereses
extranjeros transformaran a Haití en un "sweat
shop" de la economía de re-exportación
durante los años setenta, ochenta y noventas.
La promesa de Fanmi Lavalas era una
esperanza de mejor vida para los haitianos.
Para esto, Haití tendría que construir su propia
estructura industrial. Tendría que proteger sus
industrias criticas, su agricultura y su
infraestructura, como el caso del agua. Tendría
que construir un sistema social que permita
estos procesos de desarrollo y su
mantenimiento, fundamentalmente un sistema
de salud y de educación.
El proceso de Haiti hasta ahora ha sido lo
opuesto del modelo desarrollista. Los
préstamos necesarios para la compra de
maquinarias esenciales para el desarrollo
llegaron, pero con ataduras graves. Los
préstamos del
Banco Mundial
(BM) y del Fondo
Monetario
Internacional
(FMI) venían con
la condición de
que industrias
fundamentales no
sean protegidas,
de que la
infraestructura y
servicios básicos
no sean
controlados por el
gobierno.
Por
supuesto, países
como Canadá no
necesitan los
préstamos del
FMI o del BM
para desarrollar su industria. Las sociedades
europea y norteamericanas tienen capacidad
de comprar sus propias maquinarias y de
industrializarse, lo lograron a través de la
acumulación de capital que obtuvieron con el
imperialismo y la esclavitud. Británicos,
franceses, americanos y canadienses
acumularon masivas ganancias en más de 300
años de esclavizar a y traficar con africanos, de
forzarlos, a ellos y a sus decendientes, a
producir en sus economías de plantación en el
Caribe. Estas ganancias fueron luego
directamente invertidas en la industrialización de
sus sociedades lo que les aseguró como una
ventaja competitiva fundamental sobre otras
sociedades, como la haitiana.
Las virtudes que Aristide demostró en
favor de los huérfanos y de los pobres de Haití
en su previo oficio de sacerdote, lo ayudaría,
pensaron muchos haitianos, a promover una
sociedad mejor, una sociedad que cuide de su
pueblo. Fanmi Lavalas fue esencialmente una
coalición de grupos que representaba los
elementos socialmente más progresistas y
religiosos de la sociedad haitiana. Las acciones
del gobierno de Haití, como las reformas que
llevó adelante el gobierno de Aristide, no
estuvieron nunca, sin embargo, en las
primeras páginas de los periódicos
canadienses. Pero, eso no quiere decir, que
para los intereses económicos canadienses el
asunto de quien gobierna a Haití y de como lo
gobierna no fuese importante.
Cuando el gobierno canadiense declaró
que la dictadura militar lidereada por Cedras en
Haití era intolerable, y su armada se integro al
embargo, los negocios canadienses no lo
apoyaban y su reacción fue aumentar sus
importaciones de Haití. Lo que sea que la
armada canadiense estaba bloqueando en los
años 94 y 95, no tenía nada que ver, parece,
con un embargo económico. Se estima que 60
corporaciones multinacionales continuaban
haciendo negocios con Haiti durante este
período, sin inquietarse en nada por el
embargo.
Cuando el popular gobierno de Aristide
fue tirado abajo en el 2004, los negocios
canadienses aumentaron sus importaciones
desde Haiti, que se volvieron el doble de lo que
eran en el 2002. El gobierno canadiense
declara su apoyo a la democracia y los
derechos humanos, mientras sus tropas
ayudaban al golpe de estado contra Aristide.
Los negocios canadienses con Haití aumentan
justamente cuando aumentan en Haiti las
atrocidades y violaciones a los derechos
humanos. Dos de los más salientes
propulsores del golpe de estado contra Aristide
en Canadá han sido Aileen Carroll y Pierre
Pettigrew, políticos elegidos en Ontario y en
Montreal, áreas de asentamiento de los
negocios de re-exportación en este país.
Pierre Pettigrew apoyó abiertamente a los
líderes del golpe de estado. Y financiamiento
para el golpe, desde Canada, fue entregado a
traves de CIDA y bajo el liderazgo de Aileen
Carroll. Este fue un golpe contra los derechos
democráticos del pueblo haitiano que
directamente benefició los intereses financieros
de los negocios canadienses. En Calgary,
Carroll incluso recibió un premio de manos del
representante de SNC-Lavalin por sus
esfuerzos en la privatización del agua en
sociedades empobrecidas.
Pierre Pettigrew quiso sacar ventajas de
su apoyo al golpe en Haití, y en favor de la
"liberalización del intercambio", postulándose
para cabeza de la Organización de Estados
Americanos. La OEA ha sido bien vocal con
respecto a su apoyo del gobierno de Gérard
Latortue, establecido por el golpe. Pero incluso
la OEA, una vez descripta por Che Guevara
como una "máscara" del imperialismo
norteamericano, encontró a Pettigrew como
candidato poco aceptable, y eligió en cambio a
un político más moderado para ocupar su
cargo principal.
Fue gracias a la ayuda de activistas en
favor del pueblo haitiano que estos dos politicos,
Pettigrew and Carroll, fueron vencidos en la
última campaña política canadiense. El
presente gobierno canadiense, sin embargo, ha
dejado claro que desea continuar el trabajo de
estos dos. Lo que es consistente con la historia;
los "Canadian Conservatives" en el poder no
han actuado en forma diferente que los
"Liberales" con respecto a Haití. Fue bajo el
gobierno de Brian Mulroney que los presentes
intereses en Haití se desarrollaron y tomaron
forma. Y que la sociedad haitiana fue obligada a
aceptar, gracias a presiones del BM y del FMI,
esta situación.
Incapaz de negarse a los productos
agrícolas baratos canadienses, incapaz de
competir en otras industrias, Haití, una
economía agrícola, no tuvo otra elección más
que aceptar el establecimiento de las factorías
explotativas de los negocios canadienses.
Como activistas, no tenemos más elección que
continuar el trabajo que la Canada Haiti Action
Network ha comenzado. La CHAN ha logrado
constituir grupos dedicados a exponer las
ambiciones imperialistas de Canadá en Haití.
Algunos de sus activistas han sido
encarcelados; esto, fuera de debilitar el
movimiento, lo ha fortalecido. Esperamos que
CHAN se establezca definitivamente como una
espina permanente en el lado de las
corporaciones canadienses que explotan a los
pueblos del Caribe.
Es sólo a través de los esfuerzos de
gente involucrada en grupos como CHAN que
podremos sobreponernos a las grotescas
distorciones, que la mayoría de los
canadienses tienene, sobre la economía política
en este país. Y que incluso muchos fuera de
Canadá también tienen. Un estudio reciente
muestra que los canadienses ven a su país
como un "refugio de internacionalismo" donde
la política exterior refleja valores de humanidad
que se expresan en sentimientos de solidaridad
con los pobres del mundo. Nada más lejano de
la verdad: somos el opuesto de nuestros
ideales. En Haití, vemos la verdadera
naturaleza de la relación de Canadá con el
mundo externo. Ya no como serviles agentes
del capital, ya no como lacayos de los amos
del Caribe, los negocios canadienses han
avanzado a convertirse en dueños de
plantaciones.
Haití, quizás más que ninguna otra
sociedad, ha peleado y pagado para lograr la
libertad y la afluencia que nosotros tomamos
por garantida. Y sin embargo, Haití está entre
las sociedades más devastadas del mundo,
según los indices de desarrollo humano de las
Naciones Unidas. ¿Como puede ser esto?.
Podemos encontrar respuesta a esto en lo que
ha hecho el Capital canadiense para lograr sus
intereses. Nuestra acción política colectiva
puede dar respuesta a la tremenda injusticia
que se ha perpetrado en nuestro nombre en
Haití.
David Evans (Seven Oaks,
Extraído/traducido por NF)
Otra conección canadiense con Haití:
Ropas para morirse
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