
Alberta, February-febrero 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
ECOLOGIA
La "chatarra humana de Occidente"
El tiempo, como concepción y ritmo de vida, tiene una forma
muy particular en Nicaragua. Es frecuente oir hablar de la "hora
nica" que institucionaliza todo atraso. Llego a Chichigalpa, en el
Occidente del país, para reunirme con los ex trabajadores de la
caña de azúcar que están sufriendo los efectos de los agrotóxicos
utilizados por toneladas en los cañaverales de la zona. En los
últimos cinco años se han contabilizado 1383 muertos por
Insuficiencia Renal Crónica (IRC) y son miles los ex trabajadores
que están graves y desempleados. Nadie les ofrece trabajo y
tienen que arreglársela para poder sobrevivir.
Al llegar, me encuentro con un grupo importante,
impaciente, con ganas de hablar, estrechar manos, mirar fijo a los
ojos, dar palmaditas en los hombros. Tienen ya media hora de
estar esperándome, a pesar de haber llegado puntual me doy
cuenta que esta vez la "hora nica" falló, porque el deseo y la
urgente necesidad de hablar, contar sus dolorosas historias y
hacerme partícipe de su lucha, cuenta más que los rituales y la
idiosincrasia de un pueblo. Más tarde, Pedro Rivas Varela, uno de
los afectados, me dirá "para nosotros es importante que el mundo
sepa y conozca lo que está pasando en este lugar, y necesitamos
que internacionalmente se respalde nuestra lucha".
Chichigalpa es un pueblo chiquito, pero bien conocido en
toda Nicaragua porque su nombre está vinculado a la producción
de azúcar y ron. Aquí, en 1898, el empresario Alfredo Francisco
Pellas fundó el Ingenio San Antonio, uno de lo más grande
ingenios azucareros de Centroamérica y las empresas Nicaragua
Sugar State y Compañía Licorera de Nicaragua S.A., dando
origen a la tradición de una de las familias más poderosas de la
región.
Decenas de miles de trabajadores han dado los mejores
años de sus vidas "matándose" en los inmensos cañaverales que
forman el Ingenio San Antonio y sus alrededores
(aproximadamente 55 mil manzanas), muchos de ellos salieron
gravemente afectados de IRC y fueron despedidos, quedando al
desamparo, otros murieron sin haber podido conseguir una
pensión que, ahora, sus viudas estan reclamando.
Nos reunimos en la casa de Carmen Ríos, viuda y
Presidenta de la Asociación Nicaragüense de Afectados por IRC
"Domingo Téllez", una de las organizaciones de cañeros que se
han formado en estos últimos años. La gente llega, se asoma, mira
adentro de la casa y lentamente entra buscando un espacio donde
sentarse, lista para hablar, contar su vida. Historias que van más
allá del drama, porque también son una expresión de la lucha y la
resistencia.
Rufino Benito Somarriba tiene 53 años y trabajó en el
Ingenio San Antonio desde 1975 hasta 1984. Está sentado frente a
mí, casi recostado en su silla, mirándome y hablando en voz baja.
"Trabajé como temporal regando herbicida por varios años y
nunca me contrataron como permanente. Llevaba la bomba de
riego en mi espalda. El veneno se derramaba y me mojaba todo el
cuerpo. Trabajaba de 9 de la mañana hasta las 3-4 de la tarde
seguido. Me tocaba recorrer grandes distancias en el ingenio,
había que cruzar ríos y charcos, yo no sabía que estaban
contaminados. Se sudaba muchísimo y el agua se terminaba
rápido, así que me tocaba tomar agua del río o de la que se
utilizaba para riego. Nunca pensé que esa agua estuviera
contaminada o que el líquido que me mojaba el cuerpo me iba a
dejar en el estado en que estoy ahora. Tal vez fue por el atraso
cultural en que vivimos, pero ellos se aprovecharon y no nos
dijeron nada. Nunca nos dieron equipo para protegernos, sólo
una mascarilla que no servía para nada.
Trabajé también en `riego de pala' o sea tenía que entrar en
los lagos artificiales, donde convergen las aguas negras, altamente
contaminadas, que salen del proceso industrial del azúcar y
desatascar las presas para regar los campos. Un trabajo sucio y
duro, porque el agua hedía, me empapaba todo y me agarraba
una grande picazón en todo el cuerpo. Nosotros le llamamos la
`mierdosa'. Una vez me salí y me dí cuenta que estaba sangrando
del pene. En 2002 supe que estaba enfermo. La presión se me
disparó y me dolía todo el cuerpo, pero sobre todo la nuca. Ya
había dejado de trabajar en el ingenio y me habían trasladado en
la licorera. Me hicieron los exámenes y salí `pegado', con 5.2 de
creatinina. Actualmente tengo 16, pero hubo momentos que llegué
a tener 24".
La creatinina es un valor que determina la funcionalidad de
los riñones y el valor normal no llega a 1. Cuentan los afectados
que después de que se descubrieron muchos casos de IRC, el
Ingenio San Antonio decidió sacar a más de 5 mil personas que
trabajaban y vivían en los terrenos del ingenio o en sus
alrededores, obligando a los trabajadores a hacerse análisis en la
clínica del mismo ingenio. Si una persona salía con una creatinina
de 1.2 paraarriba, de inmediato se le despedía o se le negaba el
trabajo temporal, aconsejándoles recurrir al Instituto de Seguridad
Social (INSS) para comenzar los trámites para la pensión. A
veces a lo que no se "enganchaban", los hacían trabajar por
contrato sin ningún tipo de derecho a prestaciones. Como no
podían recurrir contra la empresa, se los podía explotar otro
poquito...
Pedro Joaquín Rivas Varela se involucra en la discusión y
habla de su situación. "Tengo 42 años y entré a trabajar en el
Ingenio con 0.4 de creatinina y hoy tengo 2.3. "Me acuerdo que
el trabajo era muy duro. Comenzaba a las 6 de la mañana y
terminaba después de haber cortado por lo menos 2 hectáreas de
caña. Trabajábamos descalzos y no teníamos ni siquiera tiempo
para comer. Uno andaba con su pichinga colgada y comía sin
parar de trabajar, sino no te daba tiempo de terminar el trabajo.
No nos podíamos organizar sindicalmente o protestar, porque
éramos trabajadores temporales y te sacaban de inmediato. A las
10 de la mañana llegaba la pipa del agua y de allí nosotros
agarrábamos para beber. Agua del mismo ingenio. Todas estas
enfermedades están relacionadas con el agua del ingenio,
contaminada por la gran cantidad de pesticidas que se utilizaron.
Las avionetas pasaban entre seis y siete de la mañana, porque
había poco viento y el sereno de la noche humedecía la tierra y
facilitaba la penetración del pesticida. Todo eso pasaba mientras
nosotros estábamos trabajando y tiraban el veneno sin importarles
que nosotros estuviéramos allí. También las casas de la gente que
vivía cerca de los cañaverales salían afectadas. Hoy siguen
tirando un veneno que llamamos "madurador" y que sirve para
que la caña acelere el proceso de maduración. Lo tiran varias
veces antes de la zafra y es bien dañino."
"A veces los trabajadores se desmayaban y los llevaban al
hospital para darles suero, pero después regresaban al campo
para seguir trabajando. En 1998, cuando la empresa supo que
aproximadamente 3 mil personas estaban afectadas, sacó a las
familias que vivían en el ingenio o cerca de él y comenzó a
practicar exámenes clínicos a todos los que se presentaban para
participar en la zafra. En el año 2000 la misma empresa aceptó
que el agua estaba contaminada. Lo que más nos preocupa es
que el Ministerio de Salud sabía perfectamente de la situación y en
Nicaragua existe la Ley 274 que reglamenta el uso de herbicidas,
pesticidas y agrotóxicos sintéticos, pero no la aplicó. No hizo nada.
Hasta el mismo Gobierno dijo que somos `chatarras humanas',
pero esto es el resultado de años de explotación y contaminación,
donde nadie dijo nada. Los resultados son dramáticos. Según
nuestros cálculos han muerto 1383 compañeros y en los últimos
años hay un promedio de 46 muertos mensuales. Justo la semana
pasada enterramos a ocho. Estamos luchando para que se nos
dé una pensión vitalicia por riesgo laboral y para que se reforme
la Ley 456 en su artículo 1, donde se reconozca la Insuficiencia
Renal Crónica como enfermedad profesional para todos los
trabajadores de la agroindustria azucarera. Pero no termina allí,
porque queremos que los dueños del Ingenio San Antonio nos
indemnicen por los daños que nos han causado y por los
muertos".
La gente sigue hablando y los casos
son muy similares.
Bismark Velásquez explica que la IRC es una enfermedad
que te quita la energía y que seguir trabajando empeora la
situación. Tiene un hermano y su padre muertos y él está afectado
con "piedras" en los riñones y con 1.6 de creatinina después de
15 años de trabajo. Ahora está desempleado y no sabe cómo
resolver las necesidades de su hogar.
Gonzalo López trabajó 35 años como técnico informático en
el Ingenio San Antonio. Nunca tuvo contacto con el corte de la
caña o el riego de herbicida, pero sí con el agua que tomaba a
diario en su oficina. Ahora tiene dos años de haberse jubilado. La
empresa lo sacó cuando se dio cuenta de la enfermedad.
Comenzó con una creatinina de 2.3 y en pocos años se le subió a
7. Casi no camina y ha gastado toda su liquidación para curarse,
ya que el Seguro no pasa nada y una sóla inyección vale 68
dólares. "A la empresa no le interesa el trabajador dice no me
ayudaron y sólo me dijeron que me fuera".
Para José Luis Suárez, quien nos atiende en el patio de su
casa, tendido en una cama, la situación es aún más dramática.
"Tengo 59 años y trabajé 38 años en el ingenio haciendo de todo.
Los dueños de la empresa han traído la muerte a ese lugar y a
sus habitantes. Desde hace tres meses estoy en esta cama y no
puedo levantarme. Tengo 14 de creatinina y me siento como uno
de los héroes y mártires que han aguantado hasta el final esta
enfermedad. Cuando en 1999 me presenté para trabajar en la
zafra, me sacaron sangre y resulté enfermo de IRC. Entonces me
rechazaron y me tiraron a la calle a morir. Me dieron una pensión
de 1.500 córdobas mensuales (85 dólares) que no me alcanza ni
para una semana. La vida es sagrada y vale mucho y nosotros
que fuimos trabajadores, necesitamos que se denuncie todo esto a
nivel mundial, porque fue criminal tirar todos estos pesticidas y
contaminar el agua de esta manera. Aquí no fueron sólo los
trabajadores los afectados, sino todo el pueblo, pero como esos
señores son ricos y poderosos, gozan del apoyo del Gobierno y
de los políticos, y también los medios de comunicación los cubren.
En el ingenio hay siete ríos que la empresa utiliza para el proceso
industrial del azúcar y están totalmente contaminados".
Con José Luis fuimos a un cañaveral para ver de cerca las
pozas de desechos del proceso industrial. Nos paramos en la
entrada del ingenio. Quería tomar una foto al rótulo que delimita la
propiedad, pero un guardia de seguridad me lo prohibió. "No se
puede. Tenés que pedir permiso a la administración", me dijo y de
nada sirvió explicarle que estaba en suelo público. El arma que
andaba fue una razón suficiente para no seguir discutiendo.
Llegamos al Centro de Salud donde el INSS y el Ingenio San
Antonio financiaron un pequeño cuarto para atender a la gente
enferma de IRC. Entramos para hablar con la doctora y saber un
poco de la atención que dan a los enfermos. La sala estaba
repleta de gente y la consulta comenzaba a las 12.30. Un minuto
después de la hora señalada tocamos a la puerta una, dos, tres
veces y al final oímos la voz hostíl de la doctora gritando "¡Estoy
comiendo!" "Vaya atención", me dije. Más tarde los cañeros me
informaron que de todas maneras ese lugar no sirve para nada,
porque sólo te preguntan cómo sigue la enfermedad y te dan
acetominofen. Los medicamentos específicos para la enfermedad
nunca están y la palabra que más se escucha en este lugar es
"¡no hay!"
La isla de las mujeres solas
Finalicé esta entrevista con una persona que completa el
cuadro dramático que se vive en Chichigalpa. En el recorrido que
hicimos por los cañaverales me indicaron un lugar que le llaman
"La isla de las mujeres solas". Aquí no hay hombres, todos
murieron de IRC. El fenómeno de las viudas es tan dramático
como el de los afectados. Piden que se les dé una pensión, como
prevé la Ley del Seguro Social, pero cada vez hay una excusa o
un falso elemento legal para no otorgarles nada. Carmen Ríos es
la presidenta de la Asociación "Domingo Téllez". Risa contagiosa y
ojos que se le salen cuando se enoja al recordar el drama que
viven las viudas. "La situación es bien difícil para todas las viudas.
El INSS utiliza muchas estrategias para no dar las pensiones. A
veces dicen que sus maridos murieron antes de la aprobación de
la Ley 456 (que ordena la materia jurídica), pero cuando cumplen
el requisito tampoco se la dan."
"Hay 232 viudas sin pensión y la lucha de nuestra
Asociación es lograr esaas pensiónes. Además de reformar la Ley
456, para que se reconozca la IRC como enfermedad profesional
para todos los sectores de la agroindustria azucarera y no sólo
para los que trabajaban en el campo. Tenemos pruebas de actos
de fraude y corrupción en el INSS y los estamos denunciando.
Hay que dejar en claro una cosa, la enfermedad que sufren y se
han muerto miles de personas no es por el exceso de trabajo, sino
por el agua contaminada por los pesticidas y estamos luchando
para que se realicen análisis serios del agua."
"La riqueza de los empresarios viene a costa de la sangre
de los obreros. Levantamos nuestro grito de dolor para que el
mundo nos escuche, para que mire hacia ese lugar donde la
gente muere cada día. La muerte se ha vuelto algo normal y nos
estamos acostumbrando a despertar y esperar la noticia de un
nuevo fallecido. Se mueren muchachos de 18 y 20 años y hasta
niños de 10 años. Mi marido se murió a los 46 años después de
trabajar 24 en el ingenio. Se murió soñando con una pensión que
nunca vio. Ahora dicen que no tengo derecho a recibirla porque
no cotizó las 750 semanas como prevé la ley, pero eso no tiene
nada que ver porque él tiene derecho a una pensión por riesgo
laboral, independientemente de las semanas que trabajó. Pero lo
peor es que me di cuenta que desde hace varios años esta
pensión existe y que alguien la está cobrando. ¡Así es la
corrupción aquí!"
"Hay cientos de viudas solas, de niños y niñas sin
protección y miles de hombres enfermos y sin trabajo, quienes
deambulan por las calles. Estamos dispuestos a luchar. Si
nuestros padres y abuelos no pudieron llevar adelante una lucha,
que no crea el gobierno, el Seguro Social y los empresarios que
por ser campesinos no tenemos la capacidad de luchar. Hay gente
preparada entre nosotros y llevaremos esta lucha hasta el final.
Tengo 50 años y soy mujer, viuda y lucho por mis derechos, los
de mis hijas y los de mi marido ya fallecido, y esto a pesar de ser
la `chatarra humana de Occidente'".
Giorgio Trucchi (Rel-Uita)
Agrotóxicos:
El drama y la lucha
de los cañeros en Nicaragua
El drama y la lucha de los cañeros. Testimonios de ex trabajadores y viudas. La muerte se ha vuelto normal y nos estamos
acostumbrando a despertar con la noticia de un nuevo fallecido. Se mueren muchachos de 18 y 20 años y niños de 10 años.