Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, July-julio 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
CANADÁ
Por Marcelo Solervicens
La última
semana de junio el
gobierno
conservador federal
presentó una serie
de anuncios de
gastos militares por
más de 17 mil
millones de dólares,
para ser usados en
la compra de barcos
de guerra,
camiones,
helicópteros y
aviones, con vistas a
asegurar la
capacidad militar
canadiense. Una
medida que coincide
con la nueva línea
militar de la política
exterior de este
país, ahora alineada
con la de los Estados Unidos, y abandonando la
tradicional doctrina "Pearson" de intervenciones de
paz. Culminó también en estos días, la primera
sesión parlamentaria del gobierno minoritario de
Stephen Harper en un concierto de alabanzas por
parte de la prensa tradicional y de crecientes
preocupaciones en sectores críticos, porque los
cambios reflejan una variación importante de la
política canadiense no sólo a nivel internacional sino
también a nivel nacional. Veamos los antecedentes.
La llegada de los conservadores al poder a fines
de enero de este año pronto se tradujo en cambios en
la política federal. El nuevo primer ministro se propuso
trabajar en implementar sus ya famosas cinco
prioridades, que con la excepción notable del
desequilibrio fiscal entre el gobierno federal y las
provincias ha cumplido ya. Aunque, lo que le hizo
ganar adeptos, cada vez más no vacila en cuestionar
este desequilibrio y señalar que se acabó el periodo
de los grandes excedentes de la época de los
liberales.
Lo cierto es que según apunta un Añec
Castonguay (Le devoir samedi 24 juin, p.B.3) analista
de las acciones de los conservadores, éstas están
llenas de contradicciones y algunas de las decisiones
que están tomado pueden hacerles perder el favor del
electorado para las elecciones generales, cuando
busquen formar un gobierno mayoritario.
Por ejemplo y en primer lugar, pese a que los
conservadores herederos del partido de la Reforma
siempre criticaron que el Senado canadiense no fuera
elegido, Harper decidió nombrar de ministro a un
senador no elegido para su Consejo de Ministros.
Por otra parte, pese a que el gobierno se
presenta como el mejor defensor de la lucha contra el
crimen, lo cierto es que introdujo medidas que
destruyen el sistema de control de armas de fuego
que era alabado por la policía en general y
considerado como un ejemplo al vez que efectivo en
términos de costo como se planteó en la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el control de las armas
ligeras que se está desarrollando en estos días.
A pesar de que el gobierno se ha planteado
como un ejemplo de transparencia, en contraposición
con los liberales, y como alternativa a la política
oscura de aquellos tras el escándalo de las
comanditas, lo cierto es que el estilo del Primer
Ministro hoy es controlador, impiendo que sus
ministros hablen y controlando absolutamente el
acceso al gobierno por parte de la prensa. Además,
pese a que considera que su política guerrera en
Afganistán es correcta, el gobierno oculta a la prensa
y a los canadienses en general las ceremonias de
retorno de los restos de los militares canadienses
muertos en combate, tal como lo hace su
mentor de la Casa Blanca. Con respecto al
escándalo de las comanditas, las recientes
revelaciones de que durante la campaña se
habría violado la ley electoral tampoco
ayudan.
A todo esto se agrega que Harper
durante su campaña buscó aparecer como un
candidato abierto a las reivindicaciones de
Québec, por ejemplo con su discurso del 19
de diciembre pasado, con lo que ganara
adeptos en especial en la región de la llamada
capital nacional de Québec y despertara lo
que la prensa tradicional considera como un
"fenómeno importante que ha afectado a los
soberanistas del bloque quebequense y del
partido quebequense"
de André Boisclair ­
ayudando al
impopular gobierno de
Jean Charest a quien
las encuestas de esta
semana dan ahora
como superando en
las intenciones de
voto a los pequistas.
Lo cierto es que el
objetivo publicitario de
Harper, tener una
sesión de su Consejo
de Ministros en
Québec, le ha dado
resultados opuesto al
esperado, y mientras
los quebequenses
celebran el 24 de
junio a la Nación
Quebequense,
Stephen Harper -igual
que los liberales niega la existencia de Québec como
nación. Esto último, algo que es reconocido hasta por
los federalistas del partido liberal. Y, a pesar de que
Harper le ha dado un espacio a Québec en la
UNESCO, está claro que su actitud positiva frente a
Québec tiene principalmente objetivos electoralistas,
puesto que esta semana sus ministros insistieron en
señalar que ya han resuelto el desequilibrio fiscal,
que es lo que Jean Charest espera para convocar las
elecciones este otoño o la primavera del año próximo.
Las encuestas siguen indicando que los
electores canadienses no confían todavía en los
conservadores, con sólo un 2% más de los votos de
la elección federal última, con lo que seguirían siendo
minoritarios si llamaran a elecciones. Eso, pese a que
la campaña electoral por la presidencia del partido
liberal ha sido tan mal organizada que les ha hecho
perder adeptos en lugar de mejorar su situación; y a
pesar de contar con tantos candidatos ninguno se
destaca como para despertar el interés del
electorado.
Los desafíos que se vienen adelante para los
conservadores están ligados a la promesa de
solucionar el desequilibrio fiscal, que parece más
difícil de arreglar que en diciembre 19, cuando hizo
Harper la promesa en Québec. Los conservadores
aprovecharán la división de las provincias para no
avanzar en el expediente. En la sesión parlamentaria
de otoño próximo puede se abran debates tales como
la revisión de la ley sobre matrimonios de personas
del mismo sexo, que seguramente los conservadores
habrán de perder. Puede también agravarse, como lo
indican todos los observadores, los costos en
soldados muertos en Afganistán. Además, los costos
de la política energética favorable a las petroleras de
la provincia de Alberta, que llevó a los conservadores
a abandonar los compromisos de reducción de
emisiones de gases con efecto de invernadero,
acuerdo de Kyoto, pueden traducirse en costos
electorales porque el medio ambiente se ha
transformado en la preocupación principal de los
canadienses. Con respecto al acuerdo de Kyoto,
incluso sectores empresariales critican la política
conservadora pues pierden de participar en el lucrativo
mercado del carbono, comprando "aire limpio" en el
sur del planeta para seguir contaminando en los
países del Norte.
En ese marco, el aparente avance de los
conservadores durante su primera sesión
parlamentaria parece más una cortina de humo que
una verdadera victoria política que les asegure la
obtención de un gobierno mayoritario en las próximas
elecciones. Esta es una situación que deberá de
seguirse de muy cerca.
PANORAMA POLÍTICO
CANADIENSE
La situación económica de Canadá parece
inmejorable, este año el desempleo es 6,1 por
ciento, personalmente el más bajo desde que
vivo aquí, estadisticamente el más bajo desde
1974. Si alguien me diera un dólar por cada uno
que me habla sobre la falta de gente para llenar
vacantes de empleo, sería, creo, rica.
Naturalmente, bombardeados como estamos por
falsedades de todos los colores desde una
prensa cada vez más corporativa, hemos de
desconfiar de lo que escuchamos y de lo que
tomamos por sentido común, tan popular y a
veces tán equivocado.
Los economistas, dice Jim Standford (A left
turn on the road to Rome), nos bombardean con
comentarios sobre nuestra "floreciente
economía" y atribuyen el fenómeno a políticas
económicas que obedecen las leyes del mercado
-como cortes al seguro de empleo y asistencia
social, o el favorecer acérrimamente políticas
abiertamente anti-sindicales.
En Canadá, y particularmente en Alberta, la
ideología de "la supervivencia del más fuerte" ha
ajustado como un guante, aunque esta ley de la
selva poco cuadra con la visión que tenemos de
nosotros mismos -como gente que comparte.
Estas políticas que se nos han impuesto desde
que comenzaron a golpearnos las crisis
económicas, por el 72 y luego en los 80, vienen
acompañadas de un marcado crecimiento en los
servicios que vino a compensar el decrecimiento
industrial. Este movimiento hacia una economía
de servicios, evidente no sólo en Canadá, nos ha
costado caro a quienes vivimos del trabajo.
Con creciente claridad se ha evidenciado
una tendencia al sub-empleo y al empleo de
tiempo parcial sin beneficio alguno. Tendencia
que se ha marqueteado como positiva, incluso
benéfica para la familia y para la mujer -por ser,
se ha dicho, un proceso de "flexibilización
laboral." En realidad sabemos que estamos
frente a una des-regulación laboral que favorece
al empleador a la vez que limita la sindicalización,
la protección laboral, el incremento de salarios y
la obtención de beneficios. Pero el foco del
discurso político, convenientemente para quienes
detentan el poder o lo manejan con hilos no
siempre visibles, ha sido vendernos gato por
liebre.
El foco de las conversaciones sobre empleo
ha sido la "necesidad de crear empleo", dejando
de lado, para conveniencia de neoliberales, la
calidad de los empleos creados. Raramente se
habla de que estos son malulos. Y menos se
habla de la cantidad de profesionales que en
este país se pierden, pues emigran para
emplearse. Ni de las gentes que trabajan por
debajo de su calificación. Ni de que los
entrenamientos que se ofrecen son cursillos
Mickey Mouse, dijera alguno, que no son sino
buenos contratos para las empresas conectadas.
Aún más, Standford menciona en su
articulo, que en Canadá la baja de desempleo no
ha sido mérito de política económica alguna sino
más bien resultado de condiciones
macroeconómicas externas. Y explica que en la
reciente Conferencia de Ministros del Trabajo en
Toronto, se presentó evidencia de que no hay
correlación entre la aplicación de políticas de
libre mercado y el nivel de desempleo del país,
algo que hasta hace poco ha sido como la piedra
filosofal de la derecha neoliberal. Se sabe que
políticas de protección al desarrollo social no son
incompatibles con mercados laborales eficientes
y de alto nivel de empleo.
Quiere decir que nos han sometido por
años a cursilerías económicas basadas
puramente en ideología neoliberal. Y que con
ellas nos han controlado para que ni nos
sindicalicemos, ni luchemos por aumentar el
salario mínimo ni en la obtención de beneficios
tan fundamentales como el dental y tantos otros.
Pues si el mismo John Martin, jefe experto
en trabajo de la OECD, dice publicamente que
hay más que un camino para llegar a Roma, y
que levantar el nivel de salarios y la seguridad
de empleo junbto con buenos programas de
entrenamiento laboral son más efectivos, en
asegurar un feliz mercado laboral, que la
aplicación del famoso dogma del libre mercado.
Entonces, hemos de cuestionar abierta y
rápidamente toda esta majadería neoliberal que
se nos impone simplemente para enriquecer a
los más ricos.
Por Lián Martínez-Moreno
Majaderías
Neoliberales
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