
Alberta, Julio-July 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
EDITORIAL
EDITORIAL:
Por Nora Fernández
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ALTERNATIVA LATINOAMERICANA
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El sabor de la comida chatarra:
Vendiendo ilusiones peligrosas
Eric Schlosser, periodista y corresponsal del
The Atlantic Monthly, publicó su libro Fast Food
Nation (Nación de Comida Chatarra) en el 2001. El
libro, lectura obligada de cualquier estudiante
universitario en Norteamérica, fue seguido de una
película con el mismo título el año pasado. La
película, dirigida por Richard Linklater, presenta los
argumentos del libro en formato de historias con
caractéres y ha recibido variados comentarios. Para
Schlosser, la película es sólo otra herramienta en
ayudar al público a estar informado sobre la comida
chatarra y la cultura que favorece. Estar informados
sobre lo que comemos, sin embargo, no parece ya
suficiente, tenemos que entender las complejidades
detrás de algo aparentemente simple, como la
comida chatarra, y descubrir como ésta ha
transformado, no sólo qué y como comemos, sino
nuestra economía, valores y sociedad. Necesitamos
entender sus efectos en la salud de la población tanto
como la totalidad de los cambios que ha favorecido.
Seis años después de la publicación del libro de
Schlosser, su mensaje continúa siendo valioso y su
investigación reveladora. Para Schlosser el éxito de
su libro tiene más que ver con el contexto que con
ninguna otra cosa; la gente, argumenta, ha
comenzado a cuestionar los masivos sistemas
homogeneizantes que producen, distribuyen y
marquetean la comida que comemos cada día. El
principal argumento es que lo que comemos importa
y que la comida representa nuestros valores y ayuda
a crear un tipo específico de mundo, tanto como que
ha probado ser una fuerza revolucionaria en la vida
americana a la vez que una comodidad y una
metáfora; un argumento muy sabio. La dieta de una
nación, nos dice, puede ser mucho más reveladora
que su arte y su literatura. Schlosser ha establecido
lo que ahora todos vemos como obvio en nuestra vida
diaria: el papel de la comida en darle forma a la
sociedad. Cuando Marx y Engels identificaron el
papel crucial del trabajo y del dinero, o el capital
como ellos lo nombraron, también desnudaron dos
aspectos fundamentales de la vida diaria que hasta
entonces habían estado bien escondidos y que
gracias a ellos emergen; desde entonces no
podríamos entender la vida sin incluirlos.
Schlosser comienza su libro hablando de la
majestuosa belleza de Cheyenne Mountain, en
Colorado; belleza natural que aloja dentro de sí, como
el dice, "una de las más importantes instalaciones
militares de la nación" incluyendo "unidades del
Comando Aerospacial Norteaméricano, del Comando
de la Fuerza Aérea, y del Comando Espacial de los
Estados Unidos." Cheyenne Mountain es natural pero
esconde en sus entrañas algo muy marcadamente
"hecho por el hombre". Mil quinientas personas
trabajan en el interior de la montaña, "manteniendo la
facilidad y recolectando información de una red de
radares, de satélites espías, de sensores localizados
en la tierra, de aviones y globos, que se extienden por
el mundo. Es el corazón del sistema de temprana
alerta de la nación." Pero, "casi cada noche, el
repartidor de pizas Domino sube a la montaña por la
Cheyenne Mountain Road, pasa un tétrico cartel que
dice FUERZA MORTAL AUTORIZADA, para entregar
sus pizas y recoger su propina."
Comida, como se ve, importante como para
arriesgar la localidad de la más secreta base del país,
hoy ya no secreta, todo sòlo para satisfacer los
deseos de comida chatarra del personal militar.
Irónico, teniendo en cuenta la actitud dominante en
cuanto a no discutir la importancia de esta comida.
El nacimiento de la comida chatarra en Estados
Unidos en los años 50, explica Schlosser, está
conectado al ingreso de la mujer a la fuerza laboral y
con la necesidad de servicios que provean lo que las
amas de casa generalmente proveían hasta entonces,
o sea, comida, limpieza y cuidado de niños. Este
movimiento de las mujeres hacia fuera de la casa
favoreció el desarrollo de industrias de servicios y la
llamada industrialización de la comida, en general. El
nacimiento de la comida chatarra, barata, coincide
también con la era de Eisenhower - con la
glorificación de la tecnología con propagandas
optimistas como "Mejor vida a través de la química."
Si bien es cierto que la comida chatarra parece
suficientemente ordinaria, encierra en su preparaciòn
avances tecnológicos detrás de una fachada por
demás ordinaria.
Nadie compraría comida chatarra si no tuviera
buen sabor, por lo que se han hecho extraordinarios
esfuerzos para asegurarse que sabe bien a pesar del
proceso poco natural al que se somete. Su gusto,
olor, aroma, tiene muy poco que ver con sus
ingredientes naturales, es resultado de aditivos
químicos diseñados para lograr determinados sabores,
y que son preparados en gigantes laboratorios en
extremo secretos. IFF (en inglés International Flavors
& Fragances, o Sabores y Fragancias Internacional)
es la más grande e importante compañía del sabor del
mundo. Y, la ciencia básica detrás de las esencias,
desde el olor de la crema de afeitar que usamos al
sabor de la comida preparada que recién ingerimos,
es basicamente la misma.
La comida chatarra tiene notablemente sus
pioneros, hombres como Carl N. Karcher, Ray A. Kroc
y Walt Disney, que pronto descubrieron el potencial
de los niños como consumidores y productores de
bienes de consumo. Y sin embargo, la industria de la
comida chatarra favorece la obediencia y la
uniformidad, ningún rebelde es aceptado en su interior
hoy día.
El "dulce líquido," como se llama a las bebidas,
es chatarra también. Las marcas de algunas bebidas
son hoy símbolo de los Estados Unidos alrededor del
mundo. Tres compañìas de bebidas (Coca Cola, Pepsi
y Cadbury-Schweppes -que produce Dr Pepper)
controlan el 90 por ciento del mercado de las bebidas
en Estados Unidos. Para estas corporaciones,
también, el mercado adulto está paralizado mientras
que el mercado de los niños está lleno de promesa,
por lo que se han tratado de establecer dentro de las
escuelas de la nación.
Hay una conexión entre la comida y bebida
chatarra y los niños: es ilustrativo que la Corporación
McDonald´s maneja más de 8 mil lugares de juego en
el país y tiene conexiones promocionales con las más
grandes manufactureras de juguetes de los Estados
Unidos. Historicamente, McDonald´s comenzó
vendiendo hamburguesas y papas fritas en los
parques que creara Disney; Kroc y Disney se
conocieron en el ejército. Esta asociación continúa
hasta hoy, por eso podemos comer nuestra "comida
feliz" en "El lugar más feliz de la Tierra"(Disneylandia).
Así fabricantes de juguetes, dueños de parques de
diversión se unen a la industria química del sabor, a
compañías fabricantes de bebidas y productores de
comida chatarra del país y juntos conquistan al
consumidor desde temprano, cuando es aún niño.
Así como son niños quienes compran también
son niños los que venden comida chatarra detrás de
los mostradores de las cadenas de restaurantes -de
McDonald´s hasta Taco Bell. Niños que trabajan por
bajos salarios no es historicamente nuevo, lo que es
nuevo es el efecto específico y profundo de la
incorporación de los niños a esta industria no sólo en
términos de las prácticas laborales que favorece
explotación, salarios mínimos sin beneficios, empleo
de medio tiempo y no sindicalizado, sino porque
favorece la expansión de este tipo de dinámica en
otras areas económicas. En algunos lugares el abuso
es tal que las compañías usan "detectores de
mentiras" en contra de la sindicalización.
Como hablamos antes, la comida chatarra no
logra su delicioso sabor naturalmente. Las papas
fritas, por ejemplo, son producidas siguiendo
especificaciones detalladas. La producción de papas
en Idaho, que comenzó en los años 20, tuvo que
transformarse y J. R. Simplot, hoy billonario, fue el
primer productor de papas que comenzó a separarlas
por tamaño y guardarlas, para transformarse
eventualmente en el mayor exportador de papas y
cebollas del oeste "el barón de la papa". A finales
de la segunda guerra mundial, Simplot plantaba,
fertilizaba y procesaba sus papas y las enviaba en
cajas a todas partes, usando las cáscaras para
alimentar animales. Luego invirtió en la tecnología
para congelar comida y vendió papas cortadas y
congeladas para freir a las grandes cadenas. Ese
sabor de las papas fritas de Mc Donald´s, se logra
gracias al uso de esencias "naturales" y "artificiales"
fabricadas por la industria del sabor.
IFF, que tiene su segunda planta en New
Jersey, es la industria del sabor más grande del
mundo. Está concentrada en el area que va desde
Teaneck a South Brunswick y manufactura cerca de
dos tercios de los aditivos de sabor que se consumen
en los Estados Unidos. En sus laboratorios IFF
manufactura no sólo el sabor de las papas fritas, sino
también del pan, las galletas, los cereales, el helado,
los dulces, la pasta dental y los antiácidos, a más del
el olor de seis de los más famosos perfumes del
mundo - Beautiful de Estée Lauder, Happy de
Clinique, Tresor de Lacôme y Eternity de Clavin Klein,
junto al perfume del jabón, shampoo, lustrador de
muebles,cera de pisos y otros.
Cuando hablamos de comida chatarra hablamos
de hamburguesas; la carne para hamburguesas, en si
misma un asunto digno de una mirada cercana, ha
transformado la industria también. Desde que emergió
la comida chatarra el procesamiento de la carne ha
cambiado más de lo que nadie se imagina. ConAgra
Beef Company, que maneja el más grande complejo
empacador de carne desde Greeley, Colorado,
controla una buena parte del mercado de la carne de
los Estados Unidos. En Greeley opera un par de
gigantescos lotes de alimentación para su ganado de
engorde y allí este gana peso rapidamente con grano
y ayudado de esteroides anabólicos implantados en
sus orejas. A veces los animales están tan
amontonados que parecen un mar de vacas. Cada
animal produce entre 20 y 25 kilos de desechos
diarios, que no son tratados sino se acumulan en
pozas y que le dan al area un olor particular.
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