Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, March-April 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
ECOLOGIA
Según la mitología griega, hubo
una raza de guerreras que se
mutilaban un pecho para mejor
disponer del arco y de la flecha. Con el
paso del tiempo, la palabra Amazonas
cobró otra significación y se convirtió
en río: un surco líquido de 3.850
kilómetros que atraviesa cinco países,
desde la Cordillera de los Andes hasta
el océano Atlántico.
El Amazonas llega a tener 67
metros de profundidad y con sus 62
mil metros cúbicos de agua transporta
arcilla, arenas, sedimentos de madera,
lodo y la certeza de gigantes riquezas
que están en peligro.
Esos son algunos de los datos
que ilustran el torrente indetenible del
río más largo del mundo, el mismo que
bautiza a una región incomparable
como manantial de recursos, con un
futuro que puede ser apocalíptico si
Estados Unidos logra su propósito:
convertirla en "protectorado
internacional", para asegurarse el
control de sus entrañas y el poder
sobre el destino de toda la América
Latina.
Según El libro "Introducción a la
geografía", de David Norman, destinado
a los alumnos del sexto curso de la
enseñanza básica de Estados Unidos,
la región amazónica es un "territorio de
patrimonio universal, regido por la
protección de Naciones Unidas (ONU).
En ese texto aparece una
descripción infame de los pueblos de
América del Sur: "la Amazonía está
localizada en Sudamérica, una de las
regiones más pobres de la tierra,
rodeada por países irresponsables,
crueles y autoritarios. Era parte de
ocho países diferentes y extraños, los
cuales en la mayoría de los casos son
reinos de violencia y narcotráfico. Son
iletrados, poco inteligentes y con
gente primitiva".
El hipotético chiste pierde
legitimidad al recordar la histórica
tradición anexionista de Estados
Unidos. Basta recordar la ocupación
territorial de México, de Filipinas, de
Puerto Rico y los intentos
empedernidos y sistemáticos contra
Cuba. Sirve también tener en la
memoria a las invasiones a Santo
Domingo, Panamá y Granada, y a las
cientos de intervenciones militares y a
cargo de los servicios de inteligencias
en Vietnam, en Corea, en Africa y en
toda la geografía de América Latina,
desde el lanzamiento de la Doctrina
Monroe, a principios del siglo XIX,
hasta la actualidad.
Para la doctrina "de la ocupación
de espacios vacíos", vigente en el
Pentágono según se desprende de sus
propios documentos públicos, la
intervención militar y política es
necesaria para controlar dos
disfuncionalidades territoriales: "los
asentamientos terroristas" y "el
desarrollo de la economía asistémica".
Pero sigamos con el tema que
nos ocupa. La geografía de ningún país
del llamado "Primer Mundo" iguala a la
región amazónica, donde se encuentra
el ecosistema más diverso del planeta.
Por eso Estados Unidos ya sembró de
bases militares la frontera colombiano-
brasileña y el actual gobierno de Perú
-claramente alineado con Washington-
presiona al de Bolivia para la
instalación de un asentamiento militar
sobre el río Itonomas, abastecido y
asesorado por el Pentágono.
El proyecto estadounidense,
explicitado en el Plan Colombia,
consiste en el tendido de un cerco
armado sobre la Amazonía, y para ello
también requiere de la participación de
Argentina, Paraguay y Brasil en torno
a la Triple Frontera que comparten
esos países sobre la región de Iguazú.
Desde Iquitos hasta Manaos: Estados Unidos
quiere quedarse con el Amazonas
¿La excusa que esgrimen los servicios
de inteligencia de Washington? Como
siempre, muy simple: en esa Triple
Frontera funcionan células de apoyo al
terrorismo internacional de matriz
islámica, hecho que, por supuesto,
como los arsenales de Sadam Hussein,
nunca fueron probados.
La realidad también es muy
simple. Sobre ese punto sudamericano
tripartito se encuentra el epicentro de la
reserva subterránea de agua dulce más
importante del planeta (el Sistema
Acuífero Guaraní). "Puede decirse que
los intentos estadounidenses de
instalación militar en la Triple Frontera
apuntan a consolidar la estribación Sur
del Plan Colombia, y que esa estrategia
procura crear las condiciones para una
eventual y muy posible intervención
militar norteamericana en la subregión",
afirmaron los periodistas argentinos
Stella Calloni y Víctor Ego Ducrot, dos
de los especialistas que con más
detalles han desarrollado el tema en los
últimos tiempos.
Las bases de la
injerencia
En la actualidad, Estados Unidos
dispone de bases militares en 9 países
de América Latina. Pero como un
jugador voraz del clásico entretenimiento
Táctica y Estrategia de la Guerra (TEG),
pretende seguir desparramando fichas
hacia el Sur, para ganar el continente.
En pos de ese objetivo, informes no tan
secretos del Pentágono, de la Secretaría
de Estado y de la Central de Inteligencia
(CIA), revelaron que Washington prepara
tres nuevos desembarcos para sus
marines: en el Chapare, Bolivia; en la
Triple Frontera entre Argentina, Brasil y
Paraguay, y la ciudad de Tolhuin, Tierra
del Fuego. No podemos dejar de
mencionar que Bolivia se ha
transformado en prioridad uno para
Washington en atención de sus reservas
gasíferas, sobre todo a partir de una
constatación severa para el futuro de la
economía estadounidense: el
agotamiento de las cuencas propias, en
particular el de las que yacen en el
subsuelo de California.
Estados Unidos consolidaría así
sus posiciones militares en toda el área,
conforme lo demanda la doctrina oficial
sobre Guerra de Baja Intensidad (GBI), y
ejercería el control directo sobre
territorios ricos en recursos naturales:
fuentes de agua, yacimientos
petrolíferos y zonas estratégicas en
biodiversidad, claves a la hora de aportar
importantes caudales en el marco del
programa económico para la región,
basado en el Acuerdo de Libre Comercio
para las Américas (ALCA).
En la década del ´50, Washington
ya se valió de la "balcanización" del
espacio como estrategia tendiente a
debilitar el control brasileño sobre la
región amazónica. A través de una
operación conducida por la CIA,
Washington incitó y financió entonces
un levantamiento de los indígenas
yanomanís, en la frontera norte con
Venezuela, para lograr que una porción
de ese territorio se declarase
independiente de Brasil.
Las respuestas políticas dadas
entonces por Brasil fueron varias: la
fundación de Brasilia como capital
nacional dentro del espacio profundo
de su interior, la colonización de tierras
en Amazonas para fundar ciudades, la
construcción de la carretera
Transamasónica, el control terrestre,
aéreo y fluvial de toda la región y la
fundación de fortines militares a lo
largo de todas las fronteras.
El peligro de las
corporaciones
Detrás de un proyecto
gubernamental brasileño se esconde el
peligro de que los recursos de la
economía futura queden en manos de
un puñado de corporaciones
estadounidenses y europeas
El presidente de Brasil, Luiz
Inacio Lula da Silva, presentó al
Parlamento un proyecto de ley que
prevé la privatización del 15 por ciento
del territorio amazónico -unos 500 mil
kilómetros cuadrados-, con la
declarada intención de "proteger" el
área de las distintas formas de
depredación, especialmente de
aquellas explotaciones forestales de
carácter ilegal.
Se trata de una iniciativa
gubernamental fundada en la búsqueda
de la gestión y del uso sustentable de
los bosques que se ubican en el
estado de Amazonas y contempla tres
modalidades de aplicación: las
unidades de conservación, el uso
comunitario por indígenas y pobladores
tradicionales y, la más polémica, la
concesión a privados de parcelas
dedicadas a la explotación forestal
limitada.
Este último punto establece un
régimen de licitaciones para empresas
privadas, supuestamente sometido a
rigurosas normas establecidas por el
Estado pero aun sin definiciones
precisas.
"Entre las organizaciones
ambientalistas surgen opiniones
diversas. Están los que rechazan la
posibilidad de confiar al capital privado
la defensa de una de las zonas más
ricas en biodiversidad a nivel
planetario, y quienes sostienen que,
con un adecuado control público, se
trataría de un camino apropiado para la
erradicación de negocios ilegales y
depredadores del medio ambiente y los
recursos naturales", explicó el
economista argentino y especialista en
el tema, Julio Gambina.
La región amazónica brasileña
cubre más de cinco millones de
kilómetros cuadrados. De esa área, el
25 por ciento ya es propiedad privada, y
el 29 por ciento está ocupado por
unidades de conservación y reservas
indígenas.
Actualmente, la deforestación
total alcanza a unos 500.000 kilómetros
cuadrados, a un ritmo de 19.000 por
año. El gobierno del Brasil, que posee
el 60 por ciento de ese territorio, se ha
preocupado por el problema e impuso
normas según las cuales sólo el 20 por
ciento de la superficie boscosa puede
ser "limpiada" con miras a su utilización
en agricultura. Por ello canceló las
licencias de las compañías
explotadoras de madera que mostraban
irregularidades.
Muchos de los países que forman
parte de la cuenca amazónica (Perú,
Colombia, Venezuela y Ecuador, entre
otros) necesitan aumentar sus
exportaciones para obtener recursos
que puedan ser aplicados al pago de
sus respectivas deudas externas. Los
incentivos gubernamentales para el uso
de la tierra amazónica en
emprendimientos agrícolas obtienen
buenos rindes económicos inmediatos
pero por otro lado generan efectos
ecológicos de signo contrario.
La expansión de las fronteras
productivas siempre provocó altos
índices de deforestación pero en las
últimas tres décadas ese proceso
adquirió un ritmo vertiginoso,
provocando un desgaste en la masa de
biodiversidad de imprevisibles
consecuencias. Las voces críticas al
proyecto gubernamental sostienen que
la privatización del territorio implicará la
necesaria privatización de la
biodiversidad.
El interés de las empresas
transnacionales por controlar la masa
de biodiversidad se explica porque la
misma es el recurso vivo estratégico del
desarrollo tecnológico del futuro
inmediato. De esas fuentes biológicas
se espera obtener y luego multiplicar
fármacos, agroquímicos, materiales
médicos, órganos para transplantes,
materiales de construcción, energía y
materias primas para todo tipo de
industria.
Sin embargo, lo que más
preocupa a esos críticos es que la
propuesta gubernamental aparece
inmersa en el proyecto denominado
"Canje de deuda por naturaleza",
impulsado por el Fondo Monetario
Internacional (FMI), el Banco Mundial
(BM) y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID).
Se trata de un programa que prevé
una quita de las deudas externas
latinoamericanas a cambio de una
cesión considerable de territorios ricos
en recursos naturales. En realidad, el
primer proyecto privatizador fue el
intento de Estados Unidos de
convencer al gobierno brasileño para
que acceda al reconocimiento del
Amazonas como Patrimonio de la
Humanidad, iniciativa que aún no
prosperó.
El plan "Canje de deuda por
naturaleza" está estrechamente
relacionado con proyecto ALCA
(Acuerdo de Libre Comercio para las
Américas), desde donde se manejarían
los subsidios a las exportaciones,
aunque lo más peligroso se encuentra
en los 4 capítulos finales de esa
iniciativa impulsada por Estados
Unidos, referidos a inversión,
competencia, propiedad intelectual y
solución de controversias.
Pamela Damia y
Emiliano Guido
(Agencia Mercosur /
Prensa Latina)
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