Alberta, March-April 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DE MUJER...
Hegel y Marx de que la condición del esclavo era la
verdad más verdadera, más abominable, del amo, de
que su papel de antítesis habría de producir un salto
dialéctico, una realidad nueva en la síntesis..., pues
parece que no funcionó. Digamos que los valores de la
clase dominante, han acabado por imponerse, han
colonizado el imaginario, los deseos, las proyecciones y
las aspiraciones de la clase dominada. Los obreros sólo
quieren vivir como la clase adinerada, no tienen
conciencia de clase y se movilizan únicamente cuando
se trata de sus salarios o del puesto de trabajo. Incluso
muchos votan la ultraderecha por miedo a la
competencia del "extranjero".
Pues bien, algo así puede ocurrir en la lucha de las
mujeres. Mientras la tendencia hacia la igualdad nos va
consiguiendo "mejoras", no podemos relegar una
conciencia crítica que cuestione el modelo en sí, pues
nos quedaríamos a medio camino. La igualdad es un
buen punto de partida, pero no de llegada.
En la lucha de sexos puede ocurrir que las mujeres
no tengamos otra aspiración que ser como los hombres,
sin introducir ninguna variable que constituya
"diferencias significativas" respecto al modelo
dominante. Terminaríamos haciendo beneficencia con
las más desfavorecidas. El camino hacia la igualdad no
cambia la estructura de dominación sexista, la reafirma.
Es un modo de colonización. La función del feminismo
de la diferencia es mantener la conciencia crítica frente
al modelo, propiciar realmente el cambio.
Lo significante y lo insignificante
En nuestra civilización jerarquizada, los que están
arriba son los que han ido construyendo un modelo en el
que lo significante, lo valioso, es aquello que se ajusta
más fácilmente al esquema viril. Es más, yo diría algo tan
burdo como que lo más importante tiene que ver con los
efectos que produce la testosterona: la fuerza, la
competitividad, la acción, la conquista, la producción ...
frente a la paciencia, la solidaridad, el sentimiento, el
cuidado o la reproducción.
Por supuesto que no estoy hablando de personas
concretas, sino de paradigmas: Del paradigma
construido de lo viril y del correspondiente femenino.
Tampoco estoy hablando de esencialismos que tanto se
nos achacan a las feministas de la diferencia cuando se
piensa que nosotras nos hemos encerrado en una urna
de cristal autocomplacidas en nuestra ternura,
sensibilidad, esteticismo, etc. Nada de eso.
Cualquiera, mujer o varón, pueden ser una cosa, la
otra, o las dos indistintamente. A lo que me refiero es a la
valoración que se hace de determinadas funciones,
roles, actitudes o aptitudes. Y para calibrar lo que existe y
no existe a la medida del paradigma viril no tenemos
más que fijarnos en los medios de comunicación: Hay
realidades noticiables y otras que no son periodísticas ni
telemáticas... Es decir, hay cosas significantes y otras
insignificantes.
El esquema del triunfador está muy cerca del
financiero, del político con éxito, del presentador
mediático, del futbolista goleador. Si una mujer alcanza
el éxito en alguno de estos campos, no será considerada
verdaderamente exitosa si no está felizmente casada,
enamorada o entregada a sus hijos bienamados.
Es más, que la prostitución, femenina en su
inmensa práctica, sea incluida en una instancia a la que
llaman "libertad sexual del individuo", está poniendo de
manifiesto que la explotación brutal de las mujeres
constituye algo "normal" a los ojos del paradigma viril.
Cínicamente ponen en situación recíproca de libertad a
la prostituta y al cliente. Ahora, todo tipo de periódicos
publican anuncios de "contactos" como si de una cosa
legítima se tratara porque ven como algo normal, e
incluso sano, eso de la prostitución. A nadie sin embargo
se le ocurriría publicar: "blanqueo dinero negro" porque
no se lo considera políticamente correcto, amén de
punible.
¿Qué nos dice todo esto? Que existe, no sólo una
dominación real de la que las mujeres somos las
víctimas, sino también una dominación simbólica que ni
siquiera la vemos porque anida en nuestro inconsciente.
Que existen explotaciones visibles y materiales que son
posibles porque previamente existe una dominación
tácita y simbólica que consigue hacer pasar por normal
lo que es aberrante. El imponderable por el que se
decide lo que existe y lo que no, lo que es valioso y lo
devaluado, el éxito y el fracaso no es otro que el código
implícito en las sociedades de dominación en las que
impera el modelo viril.
Precisamente esta clase de dominación es la que
a las feministas de la diferencia nos interesa solucionar,
de lo contrario todas las luchas en favor de las mujeres
se convertirán en parches, ya que el modelo se
reproduce a sí mismo por inercia y por inconfesables
intereses.
Crear orden simbólico
La definición de que los seres humanos somos
"animales racionales" ha sido superada por otra, más
abarcante: somos "animales simbólicos". Para empezar
porque somos capaces de lenguaje simbólico por el que
sustituimos cosas por conceptos. Podríamos decir que
poseemos un código personal, cultural e incluso de
género por el que traducimos los significantes
(realidades de cualquier tipo) a significados
determinados. Es decir, que las cosas no son lo que son,
sino lo que significan. Y ese código, que sería como un
lenguaje cifrado, es el símbolo. Pero lo que las cosas
significan para cada quién tiene también que ver con
nuestras estructuras psíquicas más profundas; el código
(símbolo) pone en comunicación el inconsciente con el
consciente, el "imaginario" con el "Yo".
El feminismo de la diferencia es consciente de que
la realidad estructural sigue funcionando y repitiéndose a
sí misma porque el mundo simbólico androcéntrico
continúa inalterable. Es decir, porque la dominación
simbólica, agazapada, está inscrita en el inconsciente de
nuestra civilización.
Pero ¿cuál es ese otro orden simbólico? Existe
sólo de modo incipiente: hemos de crearlo.Y crear orden
simbólico pasa por el proceso de autosignificarse. Lo
que hacemos las mujeres puede ser significativo y
valioso, sea igual o no a lo que hacen los hombres, pero
depende de cómo lo hagamos. Se crea orden simbólico
con el modo de vivir, de hablar, de amar, de relacionarse,
de trabajar, de ejercer el poder o de crear cuando todo
eso se hace significativo, cuando no es "más de lo
mismo" y podemos asignarle una significación diferente.
Lo difícil es, precisamente, hacerlo significativo, "hacer
visible lo invisible"exige una política consciente por
nuestra parte.
Y saber que crear orden simbólico es una tarea
colectiva, además de individual, porque de lo contrario
sólo seremos capaces de encarnar "excepciones que
confirman la regla" y, como tales, ser clasificadas.
Los diversos modos de ser mujer
No existe una esencia de mujer. Las mujeres
hemos sido definidas de muchos modos a lo largo de la
historia. Siempre de acuerdo con las conveniencias,
prejuicios, miedos y perplejidades de los varones.
Tampoco se trata de que, en contraposición, nos
autodefinamos según el modelo femenino que más nos
guste y creemos así una esencia de mujer que haga las
veces psíquicas de lo que fue el corsé para el cuerpo
domeñado de nuestras madres o abuelas.
El Género Humano y el Sujeto
Universal
A menudo se dice que "el género humano" es una
especie depredadora y suicida; que apaleamos a las
focas o quemamos los bosques, que gastamos en
armamento mucho más que en salud; que el comercio
de niños para la venta de órganos, la prostitución o la
pornografía constituye uno de los más suculentos
negocios actuales o que las desigualdades en la
posesión de los recursos es abismal... ¿Quién apalea a
las focas? Que yo sepa, hombres. ¿Quiénes están
destruyendo bosques y selvas? Hombres. ¿Quién dirige
todo el comercio mundial de armamento? también
hombres. ¿En manos de quiénes están las riquezas de la
tierra? pues el 98% está en manos de hombres y sólo un
2% corresponden a las mujeres. Si las 225 "personas"
más ricas del mundo acumulan el mismo capital que los
2.500 millones más pobres, esas 225 personas son
varones y la mayoría de los más pobres son mujeres. En
armamento se gastan 780.000 millones de dólares al
año frente a los 12.000 millones que se gastan en salud
reproductiva de las mujeres, decisiones tomadas por
gobiernos mayoritariamente masculinos. En la
prostitución "infantil" el 90% son niñas y los beneficiarios
en un 100% son hombres también.
¿Existe, pues, el "sujeto universal" que representa
al "género humano" indistintamente? Definitivamente, no.
Cuando hablamos de personas o de la humanidad no
reflejamos en absoluto la realidad. Lo que sucede es que
el mundo simbólico actúa a través de un lenguaje neutro
que nos impide ver lo que hay detrás de las palabras.
Para analizar la realidad hay que huir de lo neutro,
ese universal es siempre parcial. Nosotras, las mujeres,
no pertenecemos a ese Género Humano ni al Sujeto
Universal. Pero también hemos de escapar del genérico
Mujer, con mayúscula, porque no podemos ser Sujeto
desde lo genérico. Porque lo genérico engendra
identidades, que es lo opuesto a diferencias. Si lo
contrario de igualdad es desigualdad, lo contrario de
diferencia es identidad, que es relativo a lo idéntico.
La aspiración del feminismo de la igualdad es que
las mujeres lleguemos a ser sujetos con todas las
prerrogativas que se atribuyen al Sujeto Universal. Pero el
Sujeto Universal, pretendidamente neutro, ese sujeto de
derechos abstractos, da prioridad y autoridad a la
experiencia masculina del mundo. Las mujeres
necesitamos derechos sustantivos que se consiguen
marcando las diferencias. De lo contrario estaremos
legitimando leyes que hacen más invisible aún el
dominio social. Desde las diferencias que nos
constituyen como mujeres, tendremos que construir
políticamente un Sujeto diferencial capaz de pactos y
transaciones a la vez que de cuestionar el modelo. Pero
ese Sujeto diferencial no ha de ser un "sujeto genérico"
porque no somos idénticas, sino un sujeto compatible
con las diferencias existentes entre las propias mujeres,
el sujeto que corresponde a las mujeres y no a "la Mujer".
Una última pregunta
El feminismo de la igualdad insiste en que, salvo
las obviedades biológicas que distinguen a ambos sexos,
la igualdad entre hombres y mujeres es un hecho que
hemos de actualizar jurídica y socialmente; que la tal
"diferencia" no es más que un modo de autoexclusión y
una aspiración absurda a un esencialismo que sólo
puede resolverse en desigualdad. ¿Dónde ? ¿Dónde
radica esa diferencia ?.
Yo lo veo de un modo muy simple, si queréis. La
afirmación : "Las mujeres son iguales que los hombres",
no podemos sustituirla por: "Las mujeres son hombres".
Entre Ser iguales que los hombres y Ser hombres existe
sin duda una diferencia ¿no ? Pues ahí, ahí radica la
diferencia. Si queremos ser iguales que los hombres,
pero no queremos ser hombres, es que entre ambas
realidades existe un resquicio para la diferencia. Ese
irreductible del que no podemos prescindir es lo que
constituye la diferencia.
La historia interminable
Como habréis podido observar, el feminismo de la
diferencia supone un programa apretado de propuestas
que dan para todo un itinerario vital. Pretende cambiar la
vida buscando modelos que no existen (todavía) desde
las diferencias que nos constituyen como mujeres; de
hacer significante lo insignificante; de crear orden
simbólico a partir de arquetipos negados; de
constituirnos como sujetos diferenciales luchando por
derechos sustantivos y no abstractos; de acceder al
poder desde nuestras propuestas y de cuestionar la
esencia misma del poder como dominio; de crear una
ética de valores no reconocidos, y de estructurar un
modo nuevo de pensar desde una lógica no binaria.
Cuando descubrí el feminismo ignoraba
exactamente hasta dónde me llevaría, pero lo concebí
como un "Viaje a Itaca" : "Pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento...." ¡No sabía cuán
largo! Tal vez la versión de la igualdad no me convencía
porque pensaba: "Y cuando cambiemos las leyes y
consigamos el divorcio, el aborto y todo eso ¿qué?¿Qué
más?" No tenía para mí el carácter de aventura. Por eso
me embarqué en "otra cosa" siguiendo una intuición que
me ha ido guiando. Y resultó que esa otra cosa era el
feminismo de la diferencia.
Hace no mucho, una amiga, también feminista, me
planteó que el feminismo de la igualdad había
conseguido todos los derechos y oportunidades que
ahora disfrutamos las mujeres, pero que no veía qué
demonios había conseguido el feminismo de la
diferencia. Yo le respondí que, de momento, cambiar la
vida de muchas mujeres, que no era moco de pavo. Pero
también cambiar la percepción sobre muchas
realidades, el modo de entender el sentido de la vida...
Creo que respecto a la realización como sujetos, el
feminismo de la diferencia nos abre unas posibilidades
mucho más creativas, ya que al no tener como
aspiración la igualdad con el hombre, se amplía el
panorama de las elecciones, de los caminos ignotos, de
las experiencias insólitas o de la libertad de no ponerse
metas. Si realmente pudiéramos hacerlo, serían los
varones los que tendrían que comenzar a plantearse el
ser iguales a nosotras.
Creo que ambos feminismos vuelven a una cierta
convergencia en la que las fronteras no están ya tan
claras. No hay verdad ni verdades, sólo caminos,
búsquedas, tanteos, despistes y aciertos. Queriendo o sin
quererlo, nos hemos enriquecido mutuamente.
Victoria Sendón de León
(Extracto, Mujeres en la Red)
"
¿Qué es el Feminismo de la Diferencia ?"
(Una visión muy personal)