Alternativa Latinoamericana
      
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Alberta, February-March 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
HISTORIA
Por Mario R. Fernández
La palabra colapso trae a la
mente ideas de amenaza, miedo,
desesperanza; la identificamos con
destrucción, ruina de vidas, de
sistemas, de instituciones económicas
y políticas, de estados y naciones. A
principios de los años noventa la
prensa mundial usó la palabra "colapso"
con frecuencia en conección con "el
colapso del comunismo", más
amistosamente llamado "socialismo" en
cuanto a que así se llamaba la
entonces la URSS, y luego llamado
"socialismo real" para distinguirlo del
otro, el de la utopía, el que aún no ha
colapsado. La prensa describía ese
colapso como beneficioso para la
humanidad, ya que con él habría de
reinar -para siempre jamás, el "buen
sistema" de libre mercado en el
planeta, y un "nuevo orden mundial" con
mucha prosperidad y democracia, al fin
todos mitos.
Hoy, una década y media
después, el término colapso reaparece,
esta vez como una sombra
amenazadora sobre el planeta todo, en
la voz del americano del norte Jared
Diamond. Hoy la prensa dominante no
lo propagandiza frenética, más bien lo
calla en favor de los poderosos
intereses que representa y que
continuamente niegan reportes,
investigaciones, trabajos publicados, y
entre ellos este libro de Jared Diamond,
titulado en inglés "Collapse. How
Societies Choose to Fail or Succeed."
Jared Diamond es conocido por
un libro anterior suyo, "Guns, Germs
and Steel," en el que hace uso de sus
conocimientos de geografía y
antropología para tratar de darle
respuesta a la pregunta de Yali: "¿Por
qué nosotros no contamos con la
misma tecnología y desarrollo que los
extranjeros blancos? En este nuevo
libro Diamond, usando el método
comparativo, examina la historia de
varias sociedades en cuanto a
diferentes variables (precipitaciones,
suelos, relaciones con sociedades
vecinas, instituciones políticas) para
exponer los factores responsables de
su colapso o de su supervivencia.
Ambos proyectos de Diamond son
ambiciosos, y si bien podemos no
estar de acuerdo con sus resultados, el
viaje con el autor da para pensar.
Diamond examina varios ejemplos
de sociedades y lugares geográficos
que están colapsando en el presente -
Haiti es uno, el estado de Montana en
Estados Unidos es otro, y a ellos
agrega ejemplos de sociedades
colapsadas del pasado -como la de Isla
de Pascua, o las colonias vikingas del
norte del Atlántico, o la cultura Anasazi
del Suroeste de Estados Unidos.
Diamond nos presenta nuevamente un
análisis fascinante,entretenido, rico en
contenido y en perspectivas profundas
sobre los desafíos que enfrentamos en
cuanto a sobrevivir o no en medio de
condiciones en extremo dificiles.
Los primeros humanos, que vivian
como cazadores y recolectores de
frutos, arrivaron al Suroeste de lo que
hoy es Estados Unidos 11.000 años
antes de nuestra era, eran parte de la
inmigración que llegó desde Asia. Los
Anasazi comenzaron a experimentar
escasez de recursos en los territorios
que habitaban como grupos nómades.
Quizás influenciados por Mesoamérica,
comenzaron a cultivar la tierra y a vivir
en pequeños poblados; cultivaron el
maíz, el frijol y el zapallo y comenzaron
también a talar árboles que estaban a
su alcance. No eran una sóla cultura
sino una serie de ellas que colapsaron
y se reorganizaron en diferentes
lugares y tiempos. Por ejemplo, los
Mimbres cerca del año 1130 de nuestra
era, Chaco Canyon, North Black Mesa
y los Virgen Anasazi a mediados del
Supervivencia
o Colapso
siglo 12. Mesa Verde y Kayenta
Anasazi alrededor del año 1300. Los
Mogollon en el año 1400. Y, los
Hohokan a finales de siglo 15 -estos
últimos desarrollaron un trabajado y
eficaz sistema de regadío agrícola.
Para su agricultura usaron tres
opciones:la primera, era cultivar en las
partes más altas y valiéndose de las
lluvias. La segunda, de quienes vivían
en las partes bajas (cañadas o
cañónes) era usar la humedad del
suelo, por ejemplo la agricultura de los
Chaco Canyon dependia de las masas
de agua bajo la superficie. La tercera
fue acumular agua en zanjas y canales
que luego eran usadas para regadío de
campos, como los Hohokam. Sus
estrategias se extendieron y fueron
usadas por casi mil años; la mayoría
de estas culturas se estabilizaron por
cientos de años sin problemas. Pero,
los tres sistemas que usaron
eventualmente encontraron difficultades
y finalmente las sociedades de los
Anasazi colapsaron por los problemas
ambientales resultantes del impacto
humano sobre el medio ambiente. Los
Anasazi no ignoraron esto y trataron
de encontrar soluciones, por ejemplo,
rotaron la plantación de granos y
ocuparon un área sólo por un período
de tiempo -asegurándose que el suelo
agotado descansara. Sus soluciones
sirvieron a grupos poblacionales
pequeños. Pero, cuando la densidad
poblacional aumentó, incluso
soluciones políticas más complicadas
no resultaron -como plantar granos en
varios lugares y distribuir las cosechas
entre los que allí vivían, que requería de
un sistema social más sofisticado. Y,
una vez que su sistema colapsó, la
población sufrió hambre y muerte por
falta de alimentación.
Múltiples factores influenciaron el
colapso de estos pueblos, pero el
fundamental dice Diamond, fue el frágil
y vulnerable medio ambiente del
Suroeste de Estados Unidos en el
contexto del desarrolo de la
agricultura. Esto sucede hoy,
argumenta Diamond, en la mayoría de
las tierras cultivadas del mundo,
invitándonos a prestar atención al
ejemplo de los Anasazis. Los
Anasazis no desaparecieron, otras
sociedades aborígenes se les
incorporaron y algunos de sus
descendientes sobreviven hoy, como
es el caso de los Hopi y los Zuni.
Así como los Anasazis,
colapsaron los Sumerios tres mil años
antes de nuestra era. Los Sumerios
habitaban el Creciente Fértil (hoy sur
de Iraq), las tierras más fértiles del
planeta en la antiguedad, a diferencia
de los Anasazis vivían en un medio
ambiente menos frágil y desarrollaron
una de las primeras civilizaciones del
mundo. Pero, usaron la irrigación y el
sobrecultivo, y como resultado,
salificaron sus suelos. Los agricultores
y quienes trabajaban la tierra, sabían
que deberían dejar los suelos
descansar pero las clases dominantes
exigían incrementos en la producción,
por ello para el año 1800, antes de
nuestra era, el Creciente Fértil no era
ya cultivable y los Sumerios habían
desaparecido.
Hoy, enfrentamos desafíos
similares y somos una civilización
planetaria. No ignoramos, creo, los
peligros que enfrentamos, lo sabemos a
través de la ciencia, la historia, los
estudios sociales y antropológicos a
nuestro alcance. Sabemos las
consecuencias a corto y a largo plazo.
Por ejemplo, el informe de la FAO
(Organización para la alimentación y la
agricultura de las Naciones Unidas)
explica que hoy en el mundo 854
millones de personas padecen hambre,
hambre que no tiene por qué ser su
destino fatal pues la agricultura del
planeta puede alimentar con 2700
calorías diarias a doce mil millones de
personas -el doble de su actual
población. Pero, el sistema económico
imperante, que Diamond no nombra
pero que debemos nombrar, el
capitalismo, hace imposible la
redistribución justa. Entonces, ¿que
sucederá el dia en que la producción
alimenticia no alcance para alimentar a
la población, por ejemplo porque
sobrepasamos los 12 mil millones de
habitantes, o porque hemos
empobrecido a tal punto los suelos que
la producción decae? Algunos hablan
de carestía de alimentos con
consecuencias graves -o sea comerán
sólo quienes puedan pagar.
Hoy domina el sistema
económico-político mundial un pequeño
grupo, los muy muy ricos y ellos
favorecen políticas totalmente
contrarias a las políticas de
conservación de recursos naturales que
necesitamos para sobrevivir. Y, aún
cuando somos más concientes de la
vulnerabilidad de nuestro medio
ambiente que nunca antes, y de la
posibilidad de un colapso por cambios
climáticos y otros, poco entendemos
sobre como sobreponernos a estos
peligros creando alternativas viables
para la población y el planeta. El
mentado fracaso del socialismo tiene
un peso porque ha aparentemente
eliminado la posibilidad de un mundo
planificado, que considere las
necesidades de la población al tiempo
que presta atención al balance con el
medio ambiente, y a la utilización de
recursos en forma racional y moderada
al tiempo que da solución al problema
de nuestros desechos y contaminantes.
Nuestros antepasados, cazadores
y recolectores de frutos, antecesores
de las civilizaciones jerárquicas cuyos
herederos somos, pueden tentarnos
como visión romántica hoy más que
nunca. Recorrieron las praderas y
montañas usando la libertad que esa
vida les brindaba; organizados en
círculos reflejaban de forma más flexible
un paradigma social más igualitaria y
deseable, en completo equilibrio con la
naturaleza a su alrededor y con el
desarrollo humano interior. Son
elementos deseables más que nunca
antes hoy cuando necesitamos tanto
del balance y nos alejamos de él más y
más irremediablemente. Pero, ¿como
volver a ese pasado con poblaciones del
tamaño de las que hoy tenemos?
¿Como asegurar su supervivencia sin
jerarquías? El camino no puede ser
volver atrás, ¿como encontrar el camino
hacia adelante? ¿Como detener la
vorágine implacable que nos devora,
devorando nuestro suelo, nuestro aire,
nuestro mar y nuestro mundo?
Pero en este contexto, ¿por què,
me pregunto, no fue el New York Times
y otros periòdicos dominantes pero sin
coraje, quienes mencionaron esta
relaciòn intima entre Israel y el règimen
racista de apartheid en Sudàfrica, que
Carter segùn ellos, no deberìa de haber
mencionado en su libro? ¿No tenìa
Israel un rico intercambio de diamantes
con la sancionada y racista Sudàfrica?
¿No tenìa Israel una fructìfera y
profunda relaciòn militar con el règimen
racista? ¿Estoy soñando, mirando de
nuevo a travès del espejo, cuando
recuerdo que en abril de 1976, el Primer
Ministro John Vorster de Sudàfrica, uno
de los arquitectos de este vil cuasi-
nazista règimen de apartheid, visitò
oficialmente Israel y fue honorado con
una recepciòn oficial del Primer Ministro
israelita Menachen Begin, del hèroe de
guerra Moshe Dayan y del futuro premio
nòbel Yitzhak Rabin? Esto
naturalmente, no fue parte del debate
norteamericano sobre el libro de Carter.
En el aeropuerto de Detroit recogì
un volumen similar, El reporte del grupo
de studio Baker-Hamilton sobre Irak ­
que no estudia Irak para nada sino que
ofrece algunas alternatives oscuras
sobre como George Bush podrìa
escaperse del desastre sin demasiada
sangre sobre su camisa. Despuès de
conversar con los iraquìes en la zona
verde de Bagdad ­la zona de sueños
deberìa ser su nombre, hay algunas
sugerencias valiosas (de antemano
negadas por los israelitas): una vuelta a
las conversaciones serias de paz entre
Israel y Palestina, que Israel se retire
de Golàn, y màs. Pero està escrito en
la misma forma cansadora de todos los
grupos de anàlisis de derecha, el
language, de hecho, del desacreditado
Brookings Institution, y de mi antiguo
amigo, el mesiànico periodista del New
York Times, Tom Friedman, lleno de
"bordes porosos" y de predicciones
sobre como "el tiempo se està
terminando."
La prueba de que todo esto es
tonterìa, descubrì, viene al final del
reporte donde se detalla a los
"expertos" consultados por Messrs
Baker, Hamilton y el resto. Muchos de
ellos son pilares del Brookings
Institution y allì aparece Thomas
Freedman del New York Times.
Por poco, fue imposible ganarle al
debate posterior a Baker, entre los
grandes y los Buenos que arrastraron a
los Estados Unidos a esta catastrophe.
El general Peter Pace, el
extremadamente extraño presidente de
los jefes de personal de los Estados
Unidos, dijo de la guerra
norteamericana en Irak que "no
estamos ganando, pero no estamos
perdiendo?.
El secretario de defensa de Bush,
Robert Gates, anunciò que èl "estaba
de acuerdo con el General Pace de que
no estamos ganando, pero no estamos
perdiendo." Baker mismo se integrò a la
tonterìa diciendo: "Yo no pienso que
alguien puede decir que estamos
perdiendo. De la misma forma, no estoy
seguro de que estamos ganando." Al
punto que Bush mismo proclamò que ­
sì- "no estamos ganando, no estamos
perdiendo". Làstima de los Irakies.
Estaba reflexionando sobre esta
locura en medio de turbulencias a 37
mil pies de altura sobre Colorado,
cuando me di cuenta, de que el
resultado final de esta ronda de guerra
en Irak, entre los Estados Unidos de
Amèrica y las fuerzas del mal, ¡es un
empate!
Robert Fisk
(Independent,
Traduccion NF)
Banalidad y
mentiras
descaradas
viene de la pàgina 3
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