Alberta, Marzo/March 2009
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ALTERNATIVA Latinoamericana
ANÁLISIS
El Arca de Noé, pero al revés
Por Juan Ricardo Fernández Solís*
La literatura de la Biblia nos
ofrece un relato salvador o salvífico,
en un lenguaje religioso o eclesiástico,
se trata del relato sobre Noé. Por
mandato de Dios, que le ordena
construya un arca y salve del diluvio
que se avecinaba a la mayor cantidad
de animales incluyendo, y por cierto al
hombre, Noé, que así lo hace,
construye su Arca.
En los últimos veinte años el
Arca, en un contexto diferente de
desarrollo histórico y cultural, ha
llegado a un puerto llamado Chile
trayendo la buena nueva de la
salvación de toda la humanidad, y en
particular de la salvación de una
especie más democrática,
específicamente de toda la sociedad
chilena, que vivió el diluvio de la
dictadura -o de la dictablanda como le
gustaba identificarla al innombrable.
Pero que, al fin de cuentas, es la nave
que nos haría renacer, o volver a
nacer -cuando se tiene certeza que el
hombre de Fe es la trascendencia, porque los
chilenos esa Fe en el modelo económico y
político la han mantenido y consolidado como
el gran dogma de la verdad revelada.
Claro está, que Noé, se aseguró que su
nave de madera no tuviera ninguna grieta ni
rotura, aunque no contaba con todas las
herramientas de la modernidad, sí tenía algo
que hoy día es un valor muy escaso,
honestidad, valentía y decisión. Los
concertacionistas se aseguraron de construir
una nave al estilo Noé, con materiales sólidos,
amalgamas resistentes y conexiones que
estuvieran a prueba de cualquier fenómeno de
la naturaleza. Aunque el diluvio dure cuarenta
días y cuarenta noches, aquí los constructores
han hecho todo un esfuerzo de ingeniería
social para que la nave no se vaya a pique o
simplemente naufrague en su esfuerzo y larga
travesía por salvarnos de la dictadura.
Nunca está demás mencionar que a fines
del siglo XIX y principios del XX, algunos
cronistas crearon la identidad de que la
sociedad chilena era tan diferente al resto de
los países latinoamericanos, que no era
arrogancia ni desmesura calificarlos como los
"ingleses de América Latina", cuento inventado
con un claro fin ideológico clasista y racista,
que posteriormente los apologistas de la
dictadura, reflotaron con un claro objetivo de
posicionarnos como una isla en el continente
americano -o sea, el vecino del barrio es
distinto y por tanto la historia de los otros no es
la mía y menos mi destino.
Nuestra sociedad, sin darnos cuenta, ha
mantenido mitos que a pesar de los muchos
modelos políticos que experimentamos a lo
largo del siglo XX, se han mantenido
prácticamente de manera invariable. Un buen
ejemplo es la concomitancia entre ciertos
grupos de conservadores y liberales (antes al
amparo de la santa iglesia católica, apostólica
y romana) y ciertas élites de masones,
empresarios y comerciantes, que
políticamente (y en público) se declaraban las
penas del infierno, pero que en privado
mantenían lazos de parentesco y negocios y,
lo más importante, un pacto tácito de mantener
el orden burgués a cualquier costo. Lo que los
convertía en un club o sociedad de amigos,
algo así como el club de la rayuela, pero jugado
por hombres "de bien" y no por "rotos".
En las últimas dos décadas del siglo XIX,
hubo dos grandes hombres políticos de corte
liberal laico, que tuvieron una visión de futuro,
respecto del desarrollo humano de su pueblo.
Tanto Domingo Santa María (creador de las
leyes laicas de 1883) como José Manuel
Balmaceda Fernández (último presidente de la
república liberal) generaron pasiones muy
encendidas y odios irreconciliables, entre otras
cosas por pretender darle a su gente y a su país
un trato más digno donde las riquezas extraídas
de la tierra sean distribuidas de manera más
justa y equitativa, (un tremendo pecado que se
pagaba con la inquisición y ahora con el
desprestigio).
En la década de los años setenta en pleno
siglo XX, y para mala fortuna de conservadores y
liberales, surgió otro personaje también capz de
generar enorme odio -tanto que incluso ahora
muchos socialistas liberales se burlan del
proyecto político que él levantara. Salvador
Allende Gossens, corrió igual suerte que sus
antecesores del siglo XIX, o sea la
estigmatización y la oposición más feroz, que ni
siquiera ha sido aplacada con su muerte. Y que
hoy en día, unos más y otros menos, se
declaran parte de una democracia social y
política que por sobre todo tiene "orden y
gobernabilidad".
El advenimiento de la democracia a
principios de los años noventa, después de una
larga noche obscura (por favor no se atrevan a
compararla con la noche de los cristales rotos),
suponía una esperanza (virtud cardinal) para un
pueblo que se declara en un setenta por ciento
católico y que en un noventa por ciento profesa
algún credo. Pero, con el correr de los años,
todas las especies salvadas por Noé no han
corrido igual suerte. Los menos se han
reproducido, para asegurar la especie y sus
grandes privilegios -como el gozo de enormes
remuneraciones, casa palaciegas, viajes
ostentosos y suculentos viáticos, sólo por
nombrar los beneficios menores. El resto de la
población tiene la "esperanza" de que el
desarrollo ya viene, o sea cree que las políticas
son serias y el sistema político tiene credibilidad,
como le gusta expresar al candidato a
presidente por la Concertación.
La evidencia económica, para el más
conservador de los mortales, muestra a una
sociedad fragmentada en privilegiados y no
privilegiados (en salvados y condenados), según
el mandato de Dios, pero que a la luz de la ética
y la razón resulta escandaloso. Después de
veinte años los indicadores de desarrollo
humano, creados por las Naciones Unidas y
aplicados en Chile, muestran claramente un
retroceso: partiendo por la constitución política
de 1980 (maquillada bajo el gobierno de Ricardo
Froilán Lagos), la distribución de la riqueza,
siguiendo por la educación y su pésima calidad,
y cerrando este círculo de virtuosismo político
económico, con la previsión social -que en los
últimos cinco meses ha perdido el equivalente al
cuarenta y seis por ciento del total de todos los
fondos que se mantenían cautivos en las mal
llamadas AFP, que en realidad propongo una
moción ciudadana para el cambio de su nombre
por el de "Asociación de Familias que
Protegen sus Intereses Particulares"
(algo así como A.F.P.I.P).
Resulta paradojal, que en
algunos círculos intelectuales con un
cierto nivel cultural la conversación
muestra que la mayoría de la clase
media no tiene una posición política
en cuanto a defender el futuro de su
propio pan. La Biblia dice: danos el
pan de cada día, pero estos
"salvados" (por ser de la clase media)
aún no manifiestan reacción alguna
excepto que tienen la lejana
esperanza de que los fondos se
recuperen en algún momento. Claro,
que lo que no quieren pensar es que
los años pasan y lo que se perdió
nunca más se recuperará. Mostrando
una tremenda lealtad y fidelidad, sin
límites, a la "verdad revelada" de que
"el neoliberalismo se regula por si
mismo" y además es coherente con
las necesidades de todos los hijos de
Dios.
Sociológicamente la sociedad chilena en
su gran mayoría es de una pasividad pasmosa,
se salvan los variados grupos sociales y
algunas organizaciones políticas que han
mantenido una postura crítica y coherente con la
historia política del país que, en el transcurso del
siglo pasado, experimentó los más variados
modelos políticos y sociales. Modelos
cristalizados, como parte de un desarrollo
sociocultural progresista, con el mentado
proyecto de Allende -una revolución con olor a
empanadas y vino tinto. Proyecto que, aunque
regada por el buen sabor y los brebajes de
apreciada categoría, zozobró -entre otras
causas, por la inconciencia de la mayoría de las
clases medias y el pueblo que no atisbaron a
tiempo a identificar los "pecadores"
permanentes que se habrían de
metamorfosearse (cualquiera sea el escenario)
con la idea de "salvarse" y recibir las
indulgencias plenarias aunque éstas tengan que
comprarse a cualquier precio.
Asistimos diariamiento a una puesta en
escena de programas relacionados, si bien no
todos al menos la mayoría, a lo que conocemos
como la "farándula." Esta no es más que una fila
de hombres y mujeres de muy bajo nivel
intelectual que tratan de distraernos, algunos
exhibiendo bíceps bien trabajados en los
gimnasios del barrio alto o del sector oriente de
la gran metrópoli, y otras mostrando todos sus
encantos femeninos corregidos por la mano
divina de algún cirujano de la plaza. Este tipo de
entretención se suma a todas las sensaciones y
el morbo que generan la prensa sensacionalista,
en especial cuando aborda el tema de la
delincuencia, para ser uno de los principales
insumos de la mayoría de las clases medias y el
pueblo. Estas trivialidades se establecen como
grandes temas de conversación para la
población. La mayoría de la gente tiene
dificultades para leer comprensivamente un
texto de lectura simple; y, lo que es peor,
cuando se trata de interpretar sus derechos, no
lo pueden hacer por que no tienen idea del
pasado histórico y esperan ingenuamente el
futuro confiados que otros tendrán que
ayudarlos o quizás salvarlos.
El pobre Noé no sabía que la misión que le
envió a realizar Dios en la tierra sería tan
compleja siendo él sólo un hombre con Fe, que
no contaba en su biblioteca con el tipo de
animalito que habitaba en un país llamado
cariñosamente "Chilito".
* Profesor de Estado en
Historia, Geografía y Educación
Cívica. Magister en Ciencias de la
Educación.