Alberta, Marzo/March 2009
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ALTERNATIVA Latinoamericana
HISTORIA
Fue la ambición la que
"cortó el bacalao"
En una embarcación para
diez personas nos alejábamos
del puerto de Lunenburg un
hermoso día de verano con la
idea de ver ballenas. Este no
es un puerto común, sino un
pueblo de casas de madera y
edificaciones pintadas con
llamativos colores y
construidas hace entre 150 a
200 años. Lunenburg fue
fundado en 1753, pero hoy es
uno de los 15 lugares en
Canadá declarado por la
UNESCO como Patrimonio de
la Humanidad.
Mientras el pequeño
barco abría el mar levantando
una llovizna agradable que servía de refresco
del calor, el guía, hombre delgado y ex-pescador
nos explicaba no sin cierta nostalgia sobre los
días de abundancia de peces en estas costas
de Nova Scotia, en el Atlántico Norte de Canadá.
Su relato, que seguramente había repetido
muchas veces, era aún ameno y entusiasta. Me
recordaba los años de mi niñez, años en que
pescába con amigos en el río de mi pueblo. No
conocíamos el mar, que era para nosotros un
misterio y que imaginábanos, en su inmensidad,
lleno de peces. El guía explicaba como estos
mares, como otros mares del mundo, estaba
quedando vacío. Como prueba de la abundancia
pasada mostraba las instalaciones donde se
faenaban tantos peces y algunos barcos de
pesca oxidados que ya forman parte del silencio
y de la historia. El mismo, sin embargo, parecía
creer -como casi todos los pescadores del
mundo, que un día los peces volverían. Parece
costarles resignarse a vivir sin pescar, a verle
como a un tiempo ido, es que por generaciones
fueron protagonistas de una vida que aunque
dura y diariamente arriesgada, como la de los
mineros bajo tierra, les brindaba sustento y
razón de vivir. Les traía casi un orgullo místico.
La industria pesquera del Atlántico Norte ha
ido colapsando en las últimas décadas, con su
colapso se han perdido miles de trabajos y toda
una cultura que estas latitudes conoció por
cientos de años -o desde que el europeo
comercializó la pesca. Antes los aborígenes
habitaron estas costas por miles de años. Entre
ellos estaban los Inuit descendientes de los
habitantes prehistóricos de Alaska al Atlántico y
otros pueblos como los Mi'kmaq, que son todavía
hoy numerosos, y los Maliseet. Pueblos todos
que vivían de la caza, de la recolección de
alimentos y de la pesca.
De los peces del lugar la especie que
recibió la importancia de la industria pesquera
fué el bacalao, o codfish como es su nombre en
inglés. Este pez "cambió la historia del
mundo"dice el título del libro escrito por Marx
Kurlansky, y que es uno de los pocos libros
sobre el tema traducido al español.
Bacalao no es la traducción de "cod" que no
tiene equivalente en español, bacalao quiere
decir "cod salado". Ni el idioma español, ni el
portugués ni el italiano tienen una palabra
traducción de "cod" y le llaman normalmente
bacalao. Por cientos de años este pez, que
pertenece al orden gadiformes y pesaba más de
seis kilos y llegaba a medir hasta un metro de
carne blanca y sin grasa alguna, conteniendo un
18% de proteína, se comercializó seco o salado.
El orden gadiforme incluye 10 familias con más
de 200 especies, entre los más conocidos están
los varios tipos de merluza, el abadejo (haddock)
que todavía se pesca en forma reducida, y el
pollock de Alaska, que tampoco tiene traducción.
En la Península Ibérica para el año 1000 los
Vascos pescaban cod fuera de sus costas, pues
nunca existió en aguas ibéricas, para
comerciarlo lo salaban. Los métodos de salar
peces habían sido usados por los egipcios y los
romanos mucho antes. Y cientos de años antes
del año 1000 los Vikingos habían aprendido a
secar el cod al frio viento del norte.
En 1497, cinco años después que Colón
cruzara el Atlántico, otro marino genovés,
Giovanni Caboto, navegó desde Bristol, en
Inglaterra y tomando una ruta del norte llegó a
las costas de lo que es hoy Canadá; sus relatos
más tarde atestiguaban que los cod podían ser
pescados en canastos por ser tan abundantes.
Sin dudas en el horizonte de los ambiciosos
"conquistadores" se vislumbraban varios "El
Dorado", incluso en las costas del Atlántico Norte,
en América.
En New England, en lo que es hoy entre
otros el estado de Massachusetts, ya para el año
1624 cincuenta embarcaciones de pesca
británicas trabajaban en las costas. Se
establecieron pequeños puertos como el de
Salem y el de Dorchester donde se salaban los
cod que transformados ahora en bacalaos se
comercializaban mayormente con el puerto de
Bilbao en el País Vasco. Desde allí se traía la sal
que se usaba para salarlos. Otras naves de
pesca capaces de aplicar conocimientos sobre la
latitud, conocimiento de navegación del siglo 16,
y usando como referencia la Estrella del Norte o
el sol, comenzaron a frecuentar las costas de
Labrador y Newfoundland, explorando entonces
uno de los bancos más ricos en cod, el Grand
Bank.
Para el siglo 18 la explotación del cod y su
transformación en bacalao había generado gran
riqueza en New England, aún cuando los
beneficiados eran, como siempre, unos pocos.
Esta "aristocracia del bacalao" construyó
mansiones decoradas con figuras de bacalao,
fetichismo que llegó a ser estampado en
monedas entre 1776 a 1778.
El comercio del bacalao comenzó con venta
a Europa, principalmente a Bilbao, donde se
compraba sal, frutas y vino de vuelta. Pero el
comercio se fué extendiendo al Caribe, en cuyas
islas los imperios europeos tenian enormes
plantaciones de caña de azúcar producida por
esclavos africanos. Estos esclavos, hombres y
mujeres traidos encadenados y obligados a
trabajar hasta la muerte, eran alimentados con
carne salada de Inglaterra. Pero, con el creciente
comercio el bacalao surge como un alimento más
barato y nutritivo que la carne salada. Es una
oportunidad de acrecentar ganancias vendiendo
el bacalao inferior, cuya calidad fuese insuficiente
para el mercado europeo, en el Caribe. Este
bacalao viene principalmente desde aquí, Nova
Scotia, Canadá, donde se especializaron en salar
un cod más pequeño, con más baja calidad de
curado llamado "saltfish" (que en jerga del Caribe
nombra a los genitales de la mujer) para
consumo esclavo.
El negocio se extiende y llega incluso a
Cabo Verde, África, donde se compraban
esclavos por bacalao. Los esclavos eran
vendidos en Barbados (Caribe). Se acumulan
fortunas en el intercambio de bacalao por
esclavos, fortunas que esconden su origen. De
ser por la contabilidad general del comercio del
bacalao, tanto en Nueva Inglaterra como en Nova
Scotia, hubiese sido muy dificil establecer esta
conexión pero en Cabo Verde la documentación
la establece.
Para los primeros años del siglo 18, más de
300 naves, británicas-americanas, zarpaban para
las islas del Caribe. A finales del siglo 18 New
England y Newfoundland exportaban 22.000
toneladas de bacalao cada una, el lugar central
de la actividad de la explotación del bacalao en
América fué New England, ya sea en el rol
industrial o de servicios
y en la acumulación de
riqueza. Esto aunque
en las costas de
Canadá la pesca del
bacalao era cada día
mayor, lo que por
mucho tiempo no se
reflejó en el desarrollo
general del lugar. El
lugar más importante
en Canadá en lo que
se refiere a pesca (no
sólo de cod sino de
varias especies) fueron
las aguas de Grand
Banks. Aquí pescaron
no sólo las naves del
lugar sino que, para los años 50 y 60 del siglo
20, grandes embarcaciones de Inglaterra,
Francia, Portugal y España comenzaron a
amenazar la existencia de la abundacia de peces.
En el año 1968, se alcanzó en Canadá el record
de pesca con 800.000 toneladas. Para 1977 se
declaran las 200 millas de derecho de pesca
para Canadá, en que barcos de otra
nacionalidad no podían pescar. Pero incluso
estas medidas no lograron impedir el colapso de
la pesca en la costa del Atlántico Norte del
continente americano.
No pudieron resistir los mares el saqueo casi
enfermizo que se dio en los años 80, cuando ya
se tenía conocimiento por informes científicos
sobre el riesgo de colapso para las especies en
general y para el cod. Igualmente se permitió a
compañias pesqueras usar un sistema de
gigantescas mallas (del porte de un campo de
fútbol) que llegaban a tocar el fondo del mar,
arrasando con todo lo que cayera en las mallas.
Esta práctica de las "arrastradoras" (draggers)
existían ya en 1940. El famoso escritor americano
John Steinbeck se encuentra con una de estas
arrastradoras japonesas en su relato de su viaje
al mar de Cortéz en México lo que le produjo
asombro porque arrasaban con todo. Pero para
1994 el saqueo al océano llevó a las especies a
un declive del 90 % de la pesca del cod.
Más de 40.000 pescadores y trabajadores y
trabajadoras de plantas procesadoras de pesca,
pierden sus ocupaciones definitivamente y sufren
las consecuencias económicas-sociales del caso
junto a sus familias. El gobierno federal
canadiense trata de encontrar algunas
soluciones al caso. Pero estos trabajadores no
parecen establecer conexión alguna entre las
políticas del gobierno y los intereses económicos
que llevaran al colapso de su modo de vida.
Algunos culpan al gobierno no de no haber
regulado a tiempo sino de instaurar algún tipo de
regulación, parece hubieses preferido que el
saqueo continuara.
En los países de alto consumo de productos
del mar (entre los que curiosamente no están ni
Canadá ni Estados Unidos que no los consumen
en forma importante ni en sus zonas costeras)
como España y Japón que tienen compañias
dueñas de grandes flotas de barcos, el interés
por regular no existe. Es de esperar un colapso
planetario de la pesca, que ya tiene el 30%
menos especies y decenas de ecosistemas
destruidos.
Reinan las ambiciones de unos capitalistas.
La falta de participación y democracia en muchas
sociedades hace dificil que se pueda reclamar el
mar como recurso de todos. En la costa Atlántica
canadiense, que es muy hermosa, están hoy las
ensenadas quietas. Caletas, puertos, edificios
donde se faenaba, pequeñas casas de villorrios y
pueblos, con iglesia, almacén, centro social,
quedan algunos convertidos en atracciones
turísticas, según recomendación de las
instituciones como el FMI cuando muere una
actividad productiva. Los lugares más cercanos a
ciudades quedan como casita de veraneo para
las clases medias o altas. Algunos se activan
temporalmente gracias a la pesca de langosta.
Los lugares no elegidos quedan olvidados,
deteriorándose con el tiempo, el viento y el mar.
Les acompaña el recuerdo invisible de sus
antiguos pobladores hoy para siempre exiliados.
Por Mario R Fernández