Alberta, Agosto-Septiembre 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DERECHOS HUMANOS
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Joseph Coleman Pannell nacido
en Washington, D.C., en 1950, por un
breve período estudiante en Howard
University fue arrestado en Canada
bajo el seudónimo Gary Freeman. En
1969, Joseph de 19 años de edad
desertó de la marina y se radica en
Chicago. Entonce hacía un año que la
zona oeste de Chicago había sido
incendiada posterior a las
manifestaciones en respuesta al
asesinato de Martin Luther King - abril
4 de 1968. Eran tiempos
convulsionados en Estados Unidos y
en el mundo, de efervescencia de los
movimientos sociales y de liberación,
pero también tiempos de represión y
de asesinatos políticos.
La tarde de marzo 7 de 1969, la
policía de Chicago, apostada en el
area sur de la ciudad de Chicago a
pedido de autoridades de una escuela
del vecindario en anticipación de
manifestaciones y violencia, tiene
orden de detener a jóvenes de edad
escolar que cruzen la zona. Entre los
policías un joven cadete, Terrence
Knox, estudiante del St Joseph
College, apostado en la zona trata de
revisar a un joven que se le niega,
según sus declaraciones: se vuelve a
usar un radio y reportarlo cuando el
joven le dispara en el brazo. Knox
identifica a quien le dispara como
Joseph Pannell.
Treinta y siete años después, en
Canadá, Knox ubica a Pannell usando
el seudónimo de Gary Freeman y
exige a las autoridades canadienses
su detención y extradicción a los
Estados Unidos. Knox que continuó
trabajando para la policía en
inteligencia policial, habla de una
vinculación de Pannell con las
famosas Panteras Negras.
Las primeras noticias sobre el
incidente en Chicago no incluían
información sobre vinculación alguna
de Pannell con las Panteras Negras.
Recién en diciembre de 1977 la
prensa describe a Pannell como
alguien con reputación de ser miembro
de las Panteras Negras.
Panteras Negras, un partido
fundado por Huey Newton y Bobby
Seale con retórica revolucionaria, se
hizo de grandes enemigos en la
policía y en las pandillas callejeras.
Pero este partido también sostenía
actividades comunitarias, como por
ejemplo un programa de desayunos
para niños. La vinculación entre
Pannell y Panteras Negras no está
clara y nunca recibió corraboración
alguna de miembros de Panteras
Negras. Bill Jenning que se describe a
si mismo como el historiador del
grupo, y que trabajó en la central de
ese partido en Oakland, ha dicho
publicamente que no puede recordar a
Pannell por más que trate. Jenning
dijo también que tuvo la oportunidad
de comprobar en una reciente reunión
de miembros en Chicago, posterior al
arresto de Pannell en Toronto, que
ninguno de los doscientos asistentes
le recordaba en absoluto.
Marc Kadish, abogado de
Pannell entonces, recuerda sus
diferencias con Pannell en cuanto a la
presentación del caso. El insistía,
dice Kadish, focalizarnos en el
contexto general de injusticia que la
gente de color enfrentaba. Para
Kadish era mejor tratar el caso
especifico y resolverlo, unos años de
carcel y Pannell podría continuar con
su vida. Kadish describe a Pannell en
la prensa como inteligente, interesado
en la lectura y la poesía. Hoy Kadish
cree que el desacuerdo de entonces
entre ambos puede haberlo llevado a
no cumplir con la fianza en 1971 y a
su captura en 1973 con mas cargos.
Pannell que debía presentarse en corte
el verano de 1974 desaparece.
Pannell abandonó los Estados
Unidos con rumbo a Quebec y se
estableció en Canadá. No está claro si
Knox y la policía de Chicago sabían
sobre el paradero de Pannell, se
sospecha que si y que decidieron no
implementar trámites de extradicción.
Posterior a esto, Knox lleva su caso a
la justicia civil y recibe el 90 por ciento
de la fianza de diez mil dólares
depositada como condición de la
libertad de Pannell en espera de juicio.
Hoy es evidente que el interés de Knox
en la captura de Pannell no cejó: treinta
y siete años después eleva su petición
a las autoridades canadienses,
incluyendo huellas digitales vitales en la
identificación de Gary Freeman.
Las huellas digitales de Freeman
estaban archivadas resultado de una
multa de $ 300 dólares impaga,
adquirida al no declarar la entrada de
una máquina fotográfica comprada en
EEUU al hacer aduana en Canadá. Se
habla de que es este uno de los casos
frios más viejos que se reabren.
En Canadá, Gary Freeman tiene
una vida poco notable, casado con
Nataricia Coehlo, criada en Montreal, a
quien conoció mientras ambos
estudiaban en Concordia University en
Montreal en 1979, Freeman tiene 4
hijos. Casados en Vermont en 1982 la
pareja trabaja de bibliotecarios para la
Reference Library de Toronto, donde
Gary fue detenido el 27 de julio de este
año. Nataricia fue testigo de su arresto,
dice que inicialmente creyó que
estaban asaltando a Gary pero pronto
comprendió su error. Ella, que reconoce
saber el verdadero nombre de su
esposo, lo describe como un hombre
devoto de su familia, conocedor y
amante de la música -de Hendrix,
Coleman y Davis, y conocedor de la
historia de la gente de color en
Norteamérica. No emerge el fugitivo
peligroso que Knox describe, pero si el
activista político, el sindicalista que
Gary Freeman ha sido en Canadá.
Presentar el caso en la corte
después de tantos años es un desafío.
La mayor parte de la evidencia física fue
destruida, quedan los testimonios de
Knox y Freeman, todo en base a lo que
digan dos hombres, uno blanco y uno
negro. Otro desafío es que la
investigación ha estado en manos de
Knox, parte comprometida con el
resultado de la misma.
La extradición no favorece a
Freeman. Ramsey Clark, ex Fiscal
General de los Estados Unidos, en una
entrevista con el Toronto Start en
agosto del año pasado, pidió
publicamente a las autoridades
canadienses que no la aprueben
diciendo: "seguramente hay mucho
mejor que hacer en estos tiempos
dificiles, donde los recursos son
limitados, que perseguir a este hombre"
y "tenemos que desconfiar de esa
perseverancia de Knox que raya en lo
obsesivo y que es o una clara señal de
la celosa protección de la conducta
policial o un caso claro de vendetta de
parte de un oficial en particular -que
requiere la extradicción de alguien que
ha probado durante más de 35 años
que está embarcado en una vida nueva
y productiva".
El racismo es otro asunto en
contra de la extradición. Amnistía
Internacional ha reportado que la
justicia en EEUU es marcadamente
más severa contra los hombres de color
y que la pena de muerte es tan
racialmente sesgada que en algunas
jurisdicciones se reserva casi
exclusivamente para ellos. Amnistia ha
declarado a la justicia norteamericana
"infectada de prejuicio racial".
Knox mismo no es un inocente.
Por ejemplo, no está claro como pudo
confundir a alguien de 19 años por
escolar. Luego, hay discrepancies
dramáticas en varias de sus
declaraciones y la evidencia física del
caso fue destruída sin razón. Se sabe
hoy que Knox es miembro prominente
del notorio Escuadrón Rojo de Chicago,
responsable de los asesinatos de dos
líderes de Panteras Negras (Marc Clark
y Fred Hampton) y sujeto de masivas
litigaciones por vigilancia ilegal y por
infiltración y hostigamiento a
organizaciones progresistas. El
departamento de policía de Chicago es
responsable del asesinato de once
jóvenes de color desarmados
justamente en esos años.
"El asunto es, dice uno de los
abogados de Freeman, si acaso el
gobierno canadiense va a hacer lo
correcto y deja a este hombre--quien
ha demostrado durante 35 años en
Canadá que es un ciudadano obediente
de la ley y un contribuyente importante
en su comunidad--continuar con su
vida o si lo devuelve debido a las
atrocidades perpetradas contra las
libertades civiles, en los Estados
Unidos de America en los años
sesenta". (Counterpunch).
La decisión está en manos de las
autoridades canadienses, que pueden
negarse a la extradición en base a un
número de argumentos, el mayor que el
destino de Freeman va a quedar en las
manos de un sistema de justicia
prejuicioso y sesgado en su contra,
donde ademas existe la pena de
muerte. Pero Canadá raramente le
niega nada a los Estados Unidos.
Como comprueba el caso de Leonard
Peltier, activista del Movimiento
Indigena Americano, deportado de
Canadá y luego convicto falsamente del
asesinato de dos agentes del FBI y allí
está cumpliendo condena durante los
últimos 30 años. Ay, si tuvieramos un
sistema de justicia diferente, uno
interesado en la recuperación de
quienes ofenden y en la compensación
de quienes han sido afectados, las
cosas no serían como son.
Por la libertad de Gary Freeman
detenido en Toronto
Por Lián Martínez-Moreno
U
n domingo muy temprano
salimos a conocer el mar. Después de
grandes preparativos, llenos los
canastos de utensilios y comida, mi
padre lo cargó todo sobre la carrocería
de un camión que nos llevaría a
conocer el mar. Para nosotros, niños,
el mar en aquellos años era un
misterio. La gente que no vivía en la
costa generalmente no conocía el mar,
se viajaba entonces mucho menos que
ahora, los caminos eran ásperos y
angostos, las rutas peligrosas.
Recuerdo que pasamos por un
pueblo, San José de la Mariquina,
porque se nos decía que quedaba poco
para llegar a Mehuín. Pero el viaje fue
largo pues el camión iba lento y a
saltos levantando polvadera, polvo que
recibíamos nosotros sentados atrás,
pasajeros en la carrocería.
Al fin el mar de Mehuín en aquel
caluroso domingo, ese mar que no era
como en las películas con gente
nadando calmadamente, era bravo y
rugiente, el ruido de las olas obligaba a
gritar para ser escuchado, y una
llovizna contínua lo mojaba todo. El olor
era fuerte y salado; entrábamos al agua
corriendo y salíamos corriendo también
por el frío, un mar helado el Pacífico. Y
al recogerse las olas se lo llevaban
todo, arrasaban con arena, piedrecitas
y las caparazones muertas que
minaban la costa. Mis padres nos
advertían constantemente no salirnos
de la orilla, era un mar de dar miedo.
El alboroto de mi padre no era
tanto el mar sino la comilona de
mariscos que acompañaba el viaje, un
mar abundante, un mar rico, una
abundancia que seguramente ya no
existe hoy en día.
Mehuín fue mi primera experiencia
con el mar, fue hermosa e inolvidable.
Luego, pasó un tiempo y sufrimos
todos en el sur el terremoto de mayo de
1960, el cual golpeó como maremoto a
Mehuín. El mar en Mehuin, el Pacífico,
se levantó imponente y arrasó con el
pueblo.
Volví a Mehuín años después en
un verano, se apreciaba lo reconstruido
aunque el pueblo cambió totalmente. Lo
que estaba igual que antes era un
hotel, creo que se llamaba Hotel
Casanova, pero el pueblo ya no estaba
igual.
Visité Mehuín nuevamente antes
de dejar la provincia de Valdivia,
invitado por mi cuñado, pero esta vez
era invierno y nos tocó un dia de lluvia
suave, por eso, creo, el mar de Mehuín
me pareció mucho más silencioso y
triste. Años después volví a Mehuín con
mi familia y también mis hijos tuvieron
la oportunidad de encontrarse con ese
Por Mario R. Fernández
El Mar de
Mehuín