Alberta, Agosto-Septiembre 2006
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ALTERNATIVA Latinoamericana
De Mujer...
DE MUJER...
"Cuando nosotras nos
organizamos, primero nos
apropiamos de nuestro cuerpo,
luego de nuestras palabras, no
dejando que nadie decida y hable
por nosotras". ANRed conversó,
entonces, con las principales
referentes de AMMAR Capital.
Una entrevista que transitó las
sombras de la experiencia en el
cuerpo y las luces de construir la
identidad que la prostitución ha
quebrado. Una lucha política y
cotidiana.
Varios hombres juntos arman un gran alboroto,
muchas mujeres juntas, también. Pero las chicas de
AMMAR están tramando una presentación conjunta
con Mujeres Creando de Bolivia para fines del mes
próximo. Y ahí sí habrá alboroto de verdad, dicen,
porque van a instalar temas ignorados que tienen que
ver con las mujeres en situación de prostitución, entre
otros temas del género. "Ya tenemos el lugar y parte
de las actividades pero cuando esté todo completo
les avisamos", nos dicen a las integrantes de ANRed.
No nos quedamos calladas y contribuimos a la
algarabía generalizada, tratando de sacar datos,
precisiones. Imaginamos en voz alta alguna escapada
nocturna para grafitear, para no solo intervenir en el
espacio público sino también para crear cierta
inquietud a alguna persona desprevenida. A la vez,
tomamos mate con edulcorante y le cantamos el
cumpleaños feliz a Elba, una de las chicas de
AMMAR. Recibe besos, abrazos, regalos de sus
compañeras y al rato recordamos por qué estamos
ahí. Entonces, empezamos la entrevista.
¿Qué es AMMAR Capital?
Silvia Mónica: Somos la Asociación de
Mujeres por los Derechos Humanos; una organización
que se ocupa de las mujeres en estado de
prostitución y en estado de vulnerabilidad. Cuando
una está en situación de prostitución, todo se le
nubla y sólo se piensa en la calle, el trabajo,
mientras, hay todo un universo negado".
Sonia Sánchez: Si trabajas en prostitución no
te reconoces persona sos un objeto de uso y abuso.
Al organizarte y conocer tus derechos, empiezas a
crear la identidad que la prostitución ha quebrado y
comienzas a transitar otros caminos. Nosotras acá
construimos a diario nuestra identidad de mujeres
sujetas de derecho. Amar, sonreír, vivir, como
mujeres, como personas.
¿Cuál es la diferencia entre
"mujer en situación de
prostitución" y "trabajadora
sexual"?
Sonia Sánchez: La prostitución, a pesar de
ser una actividad redituable, no lo consideramos un
trabajo. La prostitución es violencia que se ejerce
sobre el cuerpo de las mujeres o de las personas que
se prostituyen para sobrevivir. La violencia no es solo
física es también psíquica. Es una violencia que te
convierte en objeto. Por más que nosotras paguemos
nuestros impuestos, como cualquier ciudadana o
ciudadano estamos marginadas en la prostitución.
Somos mano de obra barata que producimos placer
para este sistema capitalista.
Existe otra
agrupación de
mujeres meretrices
dentro de la CTA que
lo ve como un
trabajo y propician la
sindicalización.
Silvia Mónica: Nosotras
respetamos que haya un sector
que se quiera sindicalizar, porque
trabajamos desde la diversidad.
Lo que nosotras no queremos es
que se nos imponga una manera
de pensar y organizarnos.
Directamente le preguntamos a
las compañeras cómo sentís y
cómo vivís la prostitución. Si lo
viven como nosotras, con
violencia, con vergüenza, que
mentimos en las escuelas, en los barrios, a nuestros
familiares, este es tu espacio. Aquí vamos a construir
identidad, un oficio, una profesión y volver a nuestras
casas y decir de qué vivimos. Podrán hacer un
sindicato, pero las compañeras van a volver a sus
casas y decir: Soy trabajadora sexual. La
discriminación no termina cambiando una palabrita,
tampoco terminará con la automarginación. El tema
es más profundo ... A nosotras no nos interesa,
nuestra lucha es otra. Debemos golpear fuerte para
instalar estos temas. Nosotras ya no pedimos por
favor, nosotras discutimos.
Sonia Sánchez: Algunas formamos parte de
AMMAR/CTA, pero desde el 2002 organizamos esta
agrupación. Fuimos parte de una lucha común en la
época de los edictos policiales, para denunciar el
abuso, el maltrato y represión policial a las mujeres
que trabajan en la calle. Luego que se suprimieran los
edictos, empezamos a discutir la validez de la figura
"trabajadora sexual" y decidimos dejar la CTA (Central
de Trabajadores Argentinos). Llegamos a la
conclusión que si bien la lucha es por mejorar las
condiciones de las mujeres en situación de
prostitución, la prioridad debía ser resaltar nuestra
condición de mujeres excluidas del sistema. Y a partir
de ahí comienza nuestra construcción colectiva, entre
pares, para esto: primero nos apropiamos de
nuestro cuerpo, luego de nuestras palabras, no
dejando que nadie decida y hable por nosotras.
Nos adueñarnos del saber.
¿Qué relación mantiene el
poder político con la
prostitución?
Sonia Sánchez: Siempre han decidido por
nosotras. Los legisladores nunca nos han llamado,
simplemente ellos deciden sobre nuestras vidas sin
conocernos, sobre nuestros cuerpos, como cuando
se sancionó el Código Contravencional. A ellos no les
interesa lo que pensamos, no somos obsecuentes
con ellos. Nosotras decimos: la prostitución no es
trabajo queremos que legislen políticas sociales,
queremos capacitación y trabajo genuino. Ellos
legislan para sus intereses, porque el Código
Contravencional nos sigue manteniendo en la
esquina, que trabajemos en zonas rojas. ¿Por qué?
Porque de esta manera tienen más poder sobre
nosotras. Seguiremos siendo un número, seguiremos
siendo explotadas porque los que mandan son los y
las proxenetas, la policía seguirá cobrando coima
como siempre. Nuestra lucha no le conviene a la
clase política porque ellos son los primeros
proxenetas. Nuestra lucha es paso a paso porque no
tenemos ayuda de nadie.
¿Cómo fue la lucha contra el
Código Contravencional, hoy
vigente?
Graciela Collante: Siempre se reprime al más
débil: ¿a quién le importa una mujer que se
prostituye? Si desde chica te dicen que sos puta.
Nosotras solo tenemos que saber abrir la boca y las
piernas. Por eso, a raíz de nuestra oposición al
Código Contravencional, encarcelaron a dos
compañeras, esas detenciones estaban previstas
para cualquiera de nosotras
¿Cómo fueron detenidas?
¿Hubo pruebas para mantenerlas
por catorce meses en la cárcel?
Sonia Sánchez: Ese día éramos veinte
compañeras. Subimos al colectivo, mientras Carmen
y Marcela fueron
a comprar
cigarrillos y no
volvían más.
Nosotras
estábamos
dentro del micro
listas para salir
y nos faltaban
ellas dos. Las
buscamos
hasta que nos
avisaron por
celular que
estaban
detenidas. Nos
dijeron que a las
7 de la tarde
serían derivadas
a la provincia, y
el lunes
aparecieron en la cárcel de Ezeiza sin
avisarnos. No hay pruebas contra ellas, de Marcela ni
siquiera hay una foto y de Carmen hay fotos pero no
está rompiendo nada. Estas detenciones no fueron al
azar porque justamente estas compañeras viven en el
barrio de Flores y han denunciado a la policía en la
época de los edictos policiales. En ese momento, el
ex fiscal Lanusse estaba investigando a la federal y
las compañeras fueron a declarar ante las reiteradas
detenciones que eran de 21 días porque ya la figura
legal era privación ilegitima de la libertad.
Es decir, nosotras no fuimos a la Legislatura a
decir `queremos unas parcelas para seguir
prostituyéndonos, sino que exigimos trabajo genuino'.
El tema es que nos tenían que parar de alguna
manera, nos tenían que callar la boca. Y lo hicieron al
mejor estilo militar en plena democracia. Este
gobierno dice defender los derechos humanos pero se
los viola alegremente. Somos mujeres muy capaces,
solo nos tienen que dejar la oportunidad y van a ver
que no somos taradas como ellos creen. Las
decisiones las tomamos nosotras mismas y nosotras
pagamos con nuestros cuerpos y con nuestra libertad
el precio.
¿Qué efecto tuvieron las
detenciones al interior de la
organización?
Sonia Sánchez: El efecto en la organización
fue muy fuerte. Durante los catorce meses, todos los
viernes íbamos a ver a las compañeras y a
sostenerlas anímicamente. Eso era lo más difícil,
porque vos podes llevar mercadería, abrigo, pero
cómo le levantás la autoestima, cómo les digo: `Sean
fuertes', si yo tengo la posibilidad de pasar las rejas y
estar con mis hijos y ellas no. Fue un parate de la
organización durante los catorce meses. No pudimos
presentar microemprendimientos para las
compañeras. La prioridad absoluta eran Carmen y
Marcela. Íbamos a las marchas, a ver abogados,
hablamos con (Eugenio) Zaffaroni, miembro de la
Corte Suprema de Justicia. Y cada vez que íbamos a
Ezeiza a visitarlas, afuera nos desmoronábamos. Era
un golpe muy fuerte en el alma. ¿Ese es el precio que
nos imponen para ser libres, de ser personas? Lo
pagamos. Salimos más fortalecidas y más unidas.
¿Cómo son los talleres y los
microemprendimientos?
Graciela Collante: Estos talleres son
participativos, no son nada formales ni estructurados.
Nos juntamos entre pares. Los hacemos en las zonas
de mayor concentración de compañeras: Once, Villa
del Parque, Constitución.
Tenemos compañeras que son referentes y
están en las calles repartiendo preservativos e
información. También nos ocupamos de las
compañeras que necesitan mercaderías. Tenemos
una feria americana, una peluquería y un taller de
costura. Tratamos de trabajar en redes con otras
organizaciones. Para los talleres productivos
utilizamos la iglesia metodista; la peluquería está en
la asamblea de Flores... Gestionamos una casa ante
el Gobierno de la Ciudad para organizarnos y trabajar.
Nos dijeron que no. En cambio nos designan zonas
rojas para que sigamos en la calle.
El tráfico de personas para la explotación
sexual ocupa el cuarto lugar de importancia
económica a nivel mundial. En la Argentina,
aunque surgen evidencias -testimonios de
menores y mujeres esclavizadas, misteriosas
desapariciones y muertes- el tema no se instala y
parecen casos aislados.
ANRed-L
"Ninguna mujer
nace para puta"