
Alberta, September-October 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
DERECHOS HUMANOS
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"San Pedro Sula, capital industrial de Honduras,
encendió en la Navidad pasada el árbol navideño más
alto de América Central: un millón de luces
multicolores y 28 mil adornos que terminaban en una
estrella fulgurante a 32 metros de altura. Acompañado
de los ejecutivos de la subsidiaria de Pepsi-Co
(empresa que aportó los 26 mil 500 dólares que costó
el arbolito), el alcalde de la ciudad dijo que ese regalo
llenaría "de luz y esperanza a todo el pueblo". Deseo
que, seguramente, excluía a los 8 mil niños que
sobreviven en las calles de las ciudades de Honduras
ante la indiferencia y desprecio de la sociedad. Con
6,5 millones de habitantes, Honduras figura entre los
países más pobres de América Latina, con 80 por
ciento de su población debatiéndose en la mera
subsistencia. Pero a más de la pobreza "en sí" de
1998 al 30 de abril de 2003, un mil 818 niños y
jóvenes que viven en la calle han sido asesinados por
escuadrones de la muerte". (Diario La Jornada,
Honduras mata a sus niños, en www.vocespara.org).
Quienes hemos nacidos y vivido en
Latinoamérica, o en otra parte del Tercer Mundo,
tenemos en común numerosos testimonios sobre la
pobreza, incluso si hemos estado entre los
afortunados que se escaparon de sufrirla en carne
propia, pues hemos estado inevitablemente en su
presencia.
Mis recuerdos de niñez son de un pueblo del sur
de Chile; pueblo que se extiende entre la ladera de un
gran cerro tiempo atrás arbolado y hoy desnudo,
lentamente erosionándose por la completa tala de sus
árboles- y de un río ancho y profundo llamado San
Pedro. En los calurosos días del verano, la gente del
pueblo, recuerdo, acudía a las orillas del San Pedro
buscando su frescura. Como la mayoría de los
pueblos del sur lluvioso, mi pueblo nació alrededor de
la estación del ferrocarril, y su principal función
económica era embarcar la madera acerrada de los
cerros cercanos.
A pesar del tiempo transcurrido tengo memorias
claras de mis primeros años en la escuela No.38, la
escuela pública de mi pueblo. Allí aprendí, no sólo el
silabario, sino que con otros niños comencé a
aprender sobre la vida, la vida fuera de mi casa.
Aquella escuela, que lucía aún nueva porque había
sido construida hacía unos pocos años por aquel
entonces, era el resultado de programas
educacionales que quedaban aún de la época del
presidente Pedro Aguirre Cerda quien gobernó Chile
entre 1938 y 1941 con el principio "educar es
gobernar." Fue gracias a esta política que llegó la
educación a los pueblos.
Recuerdo con claridad la campana de entrada a
clases, sonaba con voz de autoridad anunciándo la
orden de formarse en fila frente a la sala de clases
para entrar. Recuerdo también que mientras
esperábamos un poco ansiosos para entrar, bastaba
con mirar al suelo para ver que muy pocos de mis
compañeros de clase tenían zapatos, la mayoría de
ellos estaban descalzos, sus pies denudos,
endurecidos, maltratados por las piedras y espinas de
los caminos me llamaban la atención.
Muchos de mis compañeros vivían en las
afueras del pueblo y sus piernas, en los húmedos y
fríos días de invierno sureño, tenían un color azuloso
que sus pantalones cortos, sujetos por tirantes, no
podían ni cubrir ni proteger. La mayoría de mis
compañeros no usaba portafolio, en su lugar portaban
un bolsón confeccionado rusticamente por sus
madres con la bolsa de quintal de harina y un botón
grande, botón de abrigo, que aseguraba el cuaderno,
el lápiz y el trozo de pan de la merienda.
Así recibían la mayoría de mis compañeros de
escuela sus primeras letras. Lo peor no era, muchas
veces, las condiciones materiales de su aprendizaje,
que eran de por si bien duras, sino la dureza que
muchas veces enfrentaban hasta de los propios
maestros. Los maestros más jóvenes eran
generalmente más generosos pero habían algunos
que eran catigadores y contribuían a la
opresión que mis compañeros de clase
sufría a manos de la autoridad. Estos
castigos creaban para todos nosotros
momentos amargos. Y estos maestros
castigaban de preferencia a los niños
pobres, muchas veces también los más
rebeldes, pero que eran naturalmente los
más desamparados, todo sin siquiera
tratar de entenderlos.
En invierno los días lluviosos se repetían tanto
que ya nadie los contaba, la humedad cubría cada
rincón del pueblo y las goteras de agua helada
penetraban fácilmente las humildes casas, las
"mediaguas" en donde vivían muchos de mis
compañeros de escuela. En sus hogares la vida era
difícil, precaria, y muchos de ellos tenían que soportar
también el abuso de sus padres, sus insultos y sus
golpes. No es sorpresa hoy para mí, que la mayoría
de ellos escasamente aprendiera algo; era pedirles
demasiado siendo que estaban malalimentados,
generalmente mal tratados y enfrentaban una vida
muy dura. Sorpresivamente, muchos de nuestros
maestros no veían esto, creo que pensaban que
castigarlos los ayudaba a aprender.
Pasaron los años, desaparecieron los pequeños
jugando al trompo o corriendo tras una rueda guiada
por un alambre. Llegaron los hombres, unos de
rostros duros y sufridos, los menos con mejor fortuna.
Los procesos sociales en Chile continuaban;
pronto llegaron los años de Allende, el médico que
luchaba en favor de mejoras sociales. Su nombre se
hizo popular también en mi pueblo, trajo esperanza,
trajo conciencia, como nunca antes, de los males que
aflijían al país. Lamentablemente, como antes, la
esperanza se frustró. Muchas voces han llamado a la
liberación, muchos proyectos se han intentado,
muchos luchadores han perdido sus vidas en la guerra
por la justicia social, en parte por asegurarle a los
niños que son el futuro de cada pueblo- el trato que
merecen y el derecho a su inocencia y a sus sueños.
Hace tiempo, estando todavía en Chile, volví a mi
pueblo en invierno y pude ubicar a algunos de mis
compañeros de clase. Emocionado al encontrarnos
uno me contó que trabajaba en una carnicería del
pueblo. Por él me enteré que muchos de mis
compañeros vivían aún en el pueblo y vivían
pobremente, de "changas". Su suerte no había sido
muy diferente de la de sus padres. La mayor
diferencia es que sus hijos hoy usan zapatos,
pantalones largos y ven en el pueblo televisión. Pero,
siguen sumidos en la pobreza, que es una verguenza
vivirla, y en una sociedad donde campéa la
desconfianza.
Mis recuerdos de escuela revivieron en mi una
mañana de septiembre en Cuba. Los niños cubanos
con sus pañoletas azules y rojas, comenzaban las
clases, y eran recibidos cariñosamente por sus
maestras, en particular cariñosas con los más
pequeños que por primera vez atendían la escuela.
Era una mañana hermosa en La Habana, y la escuela
estaba a apenas una cuadra de donde me hospedaba.
Esta imágen de la Revolucion cubana es la que
tengo, la mejor quizás dirán ustedes, si la de sus
niños alegres y confiados comenzando su año
escolar. Que haya Cuba logrado esta proeza,
histórica para Latinoamérica, no puede ser sino
motivo de admiración, pero a veces parece fuera razón
de tantos odios. Cuba no ha permitido que sus hijos,
sus hombres del futuro, vivan en la ignorancia, en la
indignidad de creerse incapaces o inferiores. En Cuba
no hay niños esclavos en fábricas, ni en el servicio
El por qué del Socialismo
"La Unicef manifestó: No existe teoría económica o ideológica que justifique, ni tan siquiera
temporalmente el sacrificio en el desarrollo físico y mental que padece la infancia, porque para los niños
no hay una segunda oportunidad", dijo hace algunos años en Coronel Bessonart acerca de dos niños de
la calle que murieron carbonizados en Montevideo, Uruguay.
Por Mario R Fernández
"En América latina hay 40 millones de
niños que hacen vida en la calle. Si estuvieran
todos en un mismo lugar, tendrían su propio
país y un asiento en la ONU. Viven de la
mendicidad, del robo, de la prostitución, de la
venta de baratijas y droga o lustrando zapatos"
(www.conferenciamarista.es).
Cientos de niños/as y adolescentes viven en
las calles de Cochabamba. La mayor parte de ellos
se gana la vida vendiendo caramelos, lustrando
zapatos y otros limpiando vidrios, pero los
comerciantes y la población civil en general
desconfían de ellos y les consideran pequeños
delincuentes. Con frecuencia la policía les golpea y
detiene arbitrariamente para "limpiar" ciertas zonas
de las ciudades.
Voces para Cochabamba como institución que
trabaja al lado de los niños, niñas y adolescentes en
situación de calle (NASC), siente preocupación por
esta situación y por la impunidad en la que quedan
estas agresiones.
El día 21 de Mayo de este año 2007, por la
tarde (alrededor de las 17:00 p.m.) dos agentes de la
división de Tránsito golpearon brutalmente a dos
muchachos del puente Huayna Kápac. Estos
uniformados sujetaron a los muchachos, los
insultaron, los tendieron en el suelo, los pegaron en
la cabeza y espalda con sus culatas, riéndose y
humillándolos verbalmente, con frases como:
"puedes quejarte a quien quieras, nadie hará nada
por ustedes!".
Como técnicos que trabajamos con los NASC,
hemos recurrido a instancias legales, como el
Defensor del Pueblo y La defensoría de la niñez,
pero debido a los trámites burocráticos que significa
legalizar una denuncia, no se pudo avanzar mucho al
respecto.
Estos hechos se repiten en el día adía, pero
muy pocos niños/as y adolescentes en situación de
calle se animan a sentar una denuncia. El maltrato y
abuso que reciben de muchas instituciones
policiales (PAC, la UTOP, etc.) está ocasionando
daños físicos y psicológicos en esta población, ya
que cuando los agreden, no solo los lastiman
físicamente, sino que los quiebran emocionalmente
diciéndoles por ejemplo: que no valen nada, que
nadie los quiere, que nadie va a hacer algo por ellos,
etc., etc., Por todo ello, es que no queremos dejar
sin voz a estos muchachos, denunciando estos
hechos y promoviendo que los NASC sean
reconocidos como sujetos de derecho.
Tamara Gonzáles (Voces
Para Cochabamba.)
doméstico, ni en la delincuencia, ni en la prostitución,
ningún niño queda abandonado y hay escuelas que
tienen una maestra para dos estudiantes, en las
lejanías de la Sierra. América Latina tiene 40 millones
de niños en la calle, más de 100 millones en la
pobreza -que alcanza a más de 1000 millones de
niños en el mundo, tiene más de 200 millones de
niños menores de 5 años mal nutridos y hay cientos
de millones de niños sin escuela en el mundo.
¿Cuantos niños duermen en las calles de
nuestras ciudades latinoamericanas? ¿Cuantos niños
en completo abandono, aterrorizados, hambrientos?
Son millones y es verguenza ignorarlo. Si el
Socialismo les asegura alimentación, techo,
vestimenta, escuela, atención, cariño y respeto y los
prepara para enfrentar el futuro con dignidad,
entonces el Socialismo tiene más validez que nunca.
Niños en
Latinoamerica