Alternativa Latinoamericana
      
Alberta, September-October 2007
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ALTERNATIVA Latinoamericana
De Mujer...
DE MUJER...
LA CUESTIÓN MASCULINA:
¿OTRO PROBLEMA FEMENINO?
¿Qué les pasa a las feministas? Últimamente
parecen muy preocupadas por la "cuestión
masculina". Mientras Elizabeth Badinter publica en
Francia su libro XY de la Identidad Masculina, en los
Estados Unidos está a la venta una colección de
ensayos feministas sobre el Movimiento de Hombres.
La República de las Mujeres, de Uruguay, saca,
a inicios del año pasado, una serie de artículos sobre
"el nacimiento de una nueva masculinidad"; Doble
Jornada, de México, y la revista Gente, en Nicaragua,
dedican varias de sus páginas al tema; y la misma
Fempress publica casi mensualmente recortes o
artículos de sus corresponsales tales como "¿Cómo
vivir con los hombres?", "Papás preocupados" y "El
crepúsculo de los machos", entre otros títulos.
¿A qué se debe tanto interés? ¿Será que,
siguiendo nuestro entrenamiento secular, estamos
maternando a los hombres, tratando de ayudarles a
superar la crisis de identidad en que se encuentran?
¿O tal vez nos sentimos responsables por los
cambios ocurridos en los roles genéricos tradicionales
y creemos que debemos también contribuir a paliar
los "efectos secundarios"? ¿O más bien pensamos
que luchar por nuestros derechos y por ser más
autoafirmadas no es suficiente y que nos conviene
acelerar el proceso de cambio de los hombres hacia
actitudes y comportamientos no violentos y
solidarios?
Cualquiera sea nuestra motivación e interés, es
un hecho que los hombres por su cuenta han
empezado a explorar también su condición de género.
Muchos ya no se sienten cómodos en el papel de
"machos", pero tampoco saben ahora qué significa
para ellos ser "hombre" y si el hecho de ser más
"suaves" atenta contra su virilidad e identidad sexual.
Algunos, como Juan Carlos Kreimer, editor de la
revista Uno Mismo y autor del libro El varón sagrado,
y Ernesto Mallo, coordinador de los Talleres de
Masculinidad en este mismo país, echan la culpa del
malestar de los hombres modernos al hecho de que
los padres están ausentes y que la educación de los
niños está en manos de mujeres -- madres y
maestras omnipresentes y omnipotentes -- que "les
enseñan a ver la realidad con ojos femeninos y los
vuelven desenergetizados, disminuidos y blandos".
Asimismo, aunque
reconocen como justa la lucha de
las mujeres contra el sexismo,
consideran que "como en toda
revolución, hubo excesos" y que
"el igualar lo masculino con
machista fue la guillotina
feminista en la que muchos
hombres perdieron sus atributos".
En la línea del poeta Robert
Bly, cuyo libro Iron John --
publicado en los Estados Unidos
en 1991 -- encabezó durante
varios meses la lista de los best
sellers en ese país, ambos
proponen, como dice Kreimer,
"salir del varón `light' o
pasteurizado, encontrar el camino
hasta el masculino profundo"; en
otras palabras, volver a ser hombres de verdad.
Con una orientación tal vez menos ideologizada
y más pragmática, grupos como S.O.S. Papá en
Uruguay se conforman para luchar por "los derechos
de los hombres", entre ellos la custodia de los hijos y
denunciar la violencia ejercida desde las mujeres
contra ellos.
Se sienten desposeídos de las viejas
prerrogativas de la paternidad y les parece, como
señala Leopoldo Alas en su artículo "El crepúsculo de
los machos", publicado en Paraguay por la revista
Enfoque de Mujer, que "al invertirse la relación de
fuerzas, sobre todo en el terreno familiar, se empiezan
a producir situaciones injustas y discriminatorias para
el hombre".
En todo caso, unos y otros consideran -- para
retomar una expresión de Carmen Tornaría -- que en
las relaciones hombre-mujer no hay Caperucita ni
Lobo, que ellos también han sido heridos y reprimidos
por este sistema patriarcal en que vivimos y que
hombres y mujeres debemos recibir el mismo trato.
Tras este discurso aparentemente humanista e
igualitario, niegan el hecho que las leyes, los medios
de comunicación, los gobiernos, la iglesia y la historia
han estado y siguen estando de su lado y en sus
manos, y que sus "reivindicaciones de igualdad", al fin
y al cabo, refuerzan sus posiciones de poder y
control, tanto en el ámbito público como en la familia.
A la par de esta suerte de revanchismo
masculino -- más o menos sutil -- ante las
conquistas de las mujeres, existe afortunadamente
una corriente profeminista que apoya explícitamente
las demandas de las mujeres y se compromete
activamente en la lucha contra el sexismo, la
homofobia y la violencia masculina.
Estos grupos reconocen el sufrimiento y los
comportamientos autodestructivos por los cuales
tienen que pasar los varones para acceder a la
deseada virilidad. Creen en la necesidad de reflexionar
juntos y apoyarse mutuamente para superar las
heridas causadas por el patriarcado en sus vidas.
Pero también reconocen que en nuestras
sociedades dominadas por los hombres, la
experiencia del dolor viene acompañada de un
mecanismo de compensación: la posibilidad de
confirmar su poder y dominio sobre aquellos que no
son hombres (las mujeres), aquellos que todavía no lo
son o nunca lo serán (los niños y las niñas) y
aquellos que no están conformes con las normas
hegemónicas de la sexualidad masculina (los
homosexuales).
Son ya varios los miles de hombres organizados
en Canadá, Estados Unidos y Europa. También en
algunos países de América Latina, algunos grupos
están empezando a abrirse camino. Hace ya unos
tres o cuatro años, el CIPAF -- un centro feminista
dominicano -- publicó en español un extracto del libro
del sociólogo canadiense Michael Kauffman -- Más
allá del patriarcado --, el cual constituyó para
muchas de nosotras un primer acercamiento al tema.
En otros países, como es el caso de Ecuador y Perú,
existen centros de mujeres que han comenzado a
atender hombres violentos junto con sus parejas. En
Costa Rica, se reúne regularmente, desde hace casi
un año, un grupo mixto de reflexión sobre las
relaciones entre los géneros.
En Nicaragua, la fundación Puntos de Encuentro
para la Transformación de la Vida Cotidiana inició el
año pasado un ciclo de talleres con hombres jóvenes
sobre la identidad, sexualidad y violencia doméstica.
En éstos se argumenta que la "esencia masculina" no
existe, que se aprende a ser hombre, así como se
aprende a ser mujer, y que el aprendizaje masculino
en nuestras sociedades incluye el aprender a ser
competitivo, violento, impositivo, macho y homofóbico.
Sus participantes se proponen reconstruir este rol
masculino patriarcal, reconocer las diferentes
relaciones que ocupan en cada una de ellas, a veces
en posición de dominio, otras veces en situación de
subordinación y discriminación. Intentan aprender
juntos a no caer en estériles sentimientos de culpas y
actitudes de odio y/o desprecio hacia sí mismos, por
ser parte del género dominante, y más bien a
confrontar con firmeza en ellos mismos, en sus
relaciones personales y a nivel social y político, este
ciclo de violencia en el cual viven.
Lo cierto es que todas estas experiencias abren
un nuevo capítulo en la definición de estrategias
feministas en el continente. ¿Dejaremos que la
brecha genérica entre mujeres y hombres siga
creciendo o buscaremos cómo establecer nuevas
alianzas para construir otras relaciones humanas sin
discriminación ni opresión de ningún tipo?
¿Observaremos pasiva y críticamente, e incluso
abriremos nuestras revistas y publicaciones, a estas
nostálgicas búsquedas de la "esencia masculina
perdida" que resultan finalmente ser tan misóginas
como el machismo más tradicional? ¿O apoyaremos
y divulgaremos los esfuerzos individuales y colectivos
de estos hombres -- gays y heterosexuales --
comprometidos en luchas antipatriarcales,
antisexistas y profeministas?
Pensémoslo bien y decidamos pronto, ¡antes de
que la "cuestión masculina" se vuelva realmente otro
problema femenino!
Ana Criquillion,
(www.europrofem.org)
Anarquistas: Ni Dios, Ni Patrón, Ni Marido.
Alejandra Pinto: "La anarquía es un suelo fecundo para las mujeres"
Alejandra Pinto, anarcofeminista chilena, en
una entrevista con Agencia
de Noticias Anarquistas
explica que se pudiera
hablar de un
anarcofeminismo temprano,
y agrega que hoy estamos,
más o menos, en las
mismas condiciones que
entonces. Una especificidad
femenina que puede llegar al
deseo de una organización
exclusiva de mujeres, como
serán Mujeres Libres de
España. Es decir la
anarquía es un suelo
fecundo para las mujeres, porque permite hablar de
una dominación que afecta especialmente a las
mujeres, pero no exclusivamente a ellas.
Permite hablar de que la dominación tiene que
ver con el patriarcado y con el capitalismo, en un
mismo nivel. No como pensaban las marxistas que
una vez solucionado el problema de la "clase" se
terminaba el problema de la dominación.
Y agrega, "pienso que tal vez una diferencia
importante es los pocos espacios que tenían las
mujeres de esa época, en comparación a los
espacios que tenemos ahora. Pero somos,
básicamente, las mismas mujeres, con sensibilidades
similares, con inquietudes similares, que antes y
ahora estamos presente en las luchas sociales.
Aunque haya cambiado algo el escenario."
Luego agrega, "pienso que las mujeres
escribimos menos, en general, porque, tal vez,
estemos más en el mundo de la vida. Preocupadas
del transcurrir diario, pienso y tal vez sea un prejuicio.
Pero también noto que en el mundo feminista esto no
es tan así, hay muchas mujeres escribiendo en el
ámbito del feminismo y, por otro lado, el
anarcofeminismo está agarrando cada vez más vuelo,
por lo menos aquí en Chile."
Luego explica que a su parecer "estamos en la
bisagra de un nuevo milenio y ya los roles del siglo
pasado se notan como patrones cansados, pero, por
otro lado es dificil inventar cosas nuevas. Creo que en
eso estamos. Creo que en relación al tema de género
(hombres/mujeres) estamos pasando por un momento
de crisis y renovación. Siento que van cayendo
algunas opresiones, pero siempre desde una
perspectiva individual. Pienso en las altas cifras de la
violencia en contra de las mujeres, en países como
España, por ejemplo, y una se alarma con tanta
muerte anual por la violencia de género. Pero creo
que no podemos dejar de mirar al agresor, también,
en este caso al hombre. Creo que "los hombres"
también están pasando por una crísis donde tal vez
este recurso de la violencia sea una forma de
ahuyentar los fantasmas de la pérdida del poder.
Le preguntan si querría enviar algún mensaje a
los lectores y dice "si pudiera enviar algún mensaje
sería tanto para nuestras compeñeras como para
nuestros compañeros: a superar la dominación
sexista, la dominación capitalista, la dominación en
todo sentido, a superar el Poder.
Alejandra Pinto:
mujerescreativas@yahoo.com
(lahaine.org)
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