Alberta, Septiembre/September 2009
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ALTERNATIVA Latinoamericana
LITERATURA Y CULTURA
Por Nora Fernández
Rincón
Literario
Mañana de Tribunales
de Vicente Battista
Qué cara de infeliz, pensó aún dormido y pensó que no era muy
original en sus juicios ya que todas las mañanas a esa misma hora y frente
a ese mismo espejo pensaba lo mismo. Luego mojarse la cara, que ya no
era tan de infeliz, afeitarse, y juzgarla otra vez. Mágicamente había dejado
de ser "infeliz" para convertirse en el triunfante rostro de Barragán, del
señor Barragán, del hábil Barragán, del necesario Barragán, del estúpido
Barragán que había dejado hervir el café y paciencia habrá que tomarlo
así: hervido, aunque no le guste. Un segundo de indecisión: ¿de traje o de
sport? mejor de sport: saco de tweed y pantalón gris. Repetirse que primero
el pantalón y luego los zapatos y maniobrar el pie para no arrugar los
pantalones pero no sacarse los zapatos. Una rápida mirada al
departamento: todas las luces apagadas. Salir. Día de sol. Saludar al
portero con una sonrisa. Caminar hacia el garaje. Detener la marcha: hoy
no en coche, ha decidido ir a pie, casi como paseando. ¿Y la entrevista con
la gente de Tartaria? Sonrie muy para él: es una linda mañana y quién le
impide caminar hacia el lado de Plaza Francia. De paso pensar un poco en
los contratos de Tartaria. No perdonarse el error cometido. Sentarse en un
banco para pensar de nuevo en el error, sacar un lápiz dispuesto a hacer
los cálculos del caso y de golpe medir la distancia con el lápiz, como
cuando dibujaba. Pensar en la maldita cláusula que omitió en el contrato de
Tartaria que la pintura la abandonó hace tiempo. Sonríe otra vez: apenas
dibujante de publicidad, no exageremos, curso por correspondencia que
garantizaba un brillante futuro: en un cuadrito el triunfador frente a su mesa
de trabajo, de camisa sport y despeinado, observaba feliz su obra casi
terminada; tenía un vaso de whisky en la mano. En el otro cuadrito de
nuevo el triunfador, ahora vestido de noche, en una distinguida reunión,
también con el vaso de whisky en la mano y rodeado de tres bellas
muchachas que lo escuchaban con admiracion. "Un trabajo independiente,
lleno de futuro." Y mandé cupón. Y mandó cupón. Se rió. Había sido fácil
terminar el curso. Nunca hubo mesa de trabajo o vaso de whisky o
reuniones distinguidas o tres muchachas que lo escucharan admiradas.
Nunca como dibujante, claro. Que si bien muchachas no abundan, hay y
habrá muchísimas reuniones distinguidas y muchísimos litros de whisky. Si
lo requiere la empresa y, no olvidemos, Barragán es una figura clave en la
empresa, clave aunque omita el inciso "B" de la cláusula quinta del contrato
con Tartaria. Entonces por qué pensar en su frustrado (¿frustrado?)
porvenir de dibujante y por qué Plaza Francia si la propuesta era caminar
como si fuera domingo, sin apuro, no hay nada importante que hacer y uno
es chico y llega hasta la Torre de los Ingleses y le pregunta a papá, que
está al lado de uno, cómo diablos hacen para darle cuerda al reloj, allá
arriba, y papá explica y lo lleva a uno, sin apuro, hasta allá arriba y desde
allí todo es diferente: de un lado un rompecabezas de vías y trenes que
llegan o se van, las vías también parecen llegar o irse; del otro lado los
juegos del Parque Retiro. Ya no estaba. Habian construído el Sheraton
Hotel. El progreso, piensa, y cruza la plaza buscando una librería. Compra
papel y sobre. Ahora a una confitería pues, si omitimos el café hervido que
tomó en su casa, todavía no ha desayunado. Y dos medialunas y un té y
antes de escribir la carta entretenerse haciendo algunos dibujitos como en
sus buenos tiempos, cuando soñaba con ser un triunfador del mañana. Por
fin la carta y después carta y dibujos al bolsillo del saco. Las medialunas
ricas, el té malo, pagar y caminar hasta el edificio de Tribunales que eso
estaba decidido desde hacía bastante rato y no hay por qué demorarse
más. Un nuevo interrogante en la esquina de Leandro Alem y Córdoba:
¿Seguir por Alem o subir por 25 de Mayo? Le gusta 25 de Mayo, por ahí
una noche él y Jorge, adolescentes y curiosos, con alguna plata en el
bolsillo, él y Jorge dueños del mundo y las coperas como esperándolos a él
y a Jorge que lo fue a ver el otro día, seguramente después de pedir
entrevista porque al señor Barragán hay que solicitarle entrevista, habrá
explicado su eficiente secretaria y en la agenda anotó fecha y hora y anotó
Jorge y entre paréntesis anotó "amigo" y "amigo" quedaba como el nombre
de una empresa comercial que le pedía una cita al importante Barragán
que se recuerda sonriendo de todo eso, que se recuerda abrazando a
Jorge, que cuánto tiempo, que te acordás de aquella época, la pobre
Estela, quién lo iba a decir, que en qué andás, pero che lo bien que se te
ve. Y era mentira, por la ropa nomás se notaba que Jorge no andaba bien,
por la ropa y esa cara de no entender nada, de encontrar a su amigo el
dibujante, ahí metido, en semejante despacho, viste che, y con tantos
teléfonos y hasta una pantalla de televisión, circuito cerrado para controlar
la producción sin moverse del escritorio, explicó y la hizo funcionar para
asombro de Jorge que preguntó si no se aburría de todo eso y con la mano
fue haciendo un gesto y "todo eso" de golpe se extendió más allá de la
oficina y la fábrica. "No hay tiempo de aburrirse", le explicó. Y efectivamente
no había tiempo, que casi no queda para seguir atendiéndolo y mira
llamame o te llamo, que ahora tengo que resolver el problema de unos
contratos, una metida de pata mía, dijo sonriendo y ya no recuerda a qué
había ido su amigo pero recuerda que rompió el papel en donde le había
anotado su dirección, que ni tarjeta tenía. Y dónde andará ahora, que hoy
podrían encontrarse, en La Taza de Oro, por ejemplo. Aunque esa
confitería no es Jorge sino Noemí: feo nombre recuerda y también recuerda
que con su nombre dibujó una cabaña y eso a ella le gustaba y él le habló
de su soledad y eso le gusta a todas las mujeres y por un tiempo Noemí fue
maravillosa e irreemplazable y sonetos con Noemí y planes con Noemí y
otro montón de cosas y la alegría de que alguien otra vez lo llamara
Enrique. Y el propio presidente del directorio le hizo la advertencia: amigo
Barragán ( que para reprenderlo le decía "amigo") cómo pudo cometer
semejante error con Tartaria, ahora no podremos retroceder, veremos cómo
salir del paso y ya en confianza hablaron del alto cargo que él ocupaba y de
los ojos de la empresa que estaban puestos en él y desde ese cargo usted
entienda, no se pueden mantener relaciones por lo menos relaciones tan
evidentes -agregó sonrisita burlona- con una empleada de la casa. Usted
me entiende Barragán. Y claro que entiende, como los muñequitos; ante
nosotros el maravilloso Carlitos que obedece a todo lo que se ordena. En
aquel costado el que le da órdenes a Carlitos. En este otro, disimulado
entre la gente, el que mueve los hilos para que Carlitos cumpla y por fin, en
el centro: ¡Barragán! Salude Barragán Baile Barragan Hágase el muerto
Barragán Salte Barragán Entienda Barragán. Quien no entendió fue Noemí.
Decisión de "Sistemas" y "Sistemas" comunica al "Personal" y "Personal"
resuelve. Nada podía hacer ¿acaso desautorizar a "Sistemas" y a
"Personal"? Imposible, por las sospechas, ¿sabés? Pero que no se
preocupe, que él iba a conseguir algo digno de ella, mucho mejor de lo que
tenía hasta ahora, que después del viaje a Paraguay, sorpresivo, vos sabés
cómo es esto, apenas unos días, trabajo mal pensada trabajo, después del
viaje hablarían de eso. Y por tres veces se negó luego del viaje que no
hizo. No llamó más, supo comprender, después de todo. Los de Tartaria no
iban a comprender. Miró la hora y se divirtió imaginando los gestos de tan
altas autoridades. Y sus preguntas. Y sus gestos y sus preguntas después,
cuando ni su secretaria pueda explicar semejante decisión. Su eficiente
secretaria que todavía logra justificar la demora con una sonrisa, que
aunque no es normal que el señor Barragán se retrase hoy quizá tropezó
con algún inconveniente y las tres caras de las tres altas personalidades
aprobando en silencio sin imaginar que el inconveniente puede ser llegarse
hasta Tribunales y antes desayunar en una confitería de Retiro y ahí
mismo, después de hacer unos dibujitos, escribir una carta en la que se
explica todo, incluso lo del contrato, para que la decisión no sorprenda a
nadie. Guardar carta y dibujos en uno de sus bolsillos y comprobar que
todavía están, en el preciso momento que entra a Tribunales y es recibido
por un montón de caras que no le dicen absolutamente nada, cuerpos que
van y vienen igual que las vías de Retiro vistas desde lo alto de la Torre de
los Ingleses, pero sin el colorido ni la grandeza de las vías; una
muchedumbre gris, impersonal y torpe. Caminar hacia la escalera de
Tucumán, dudar unos segundos, después subir. Con Susana a quien nunca
quiso y ella tampoco a él, qué necesidad había de mentirse y menos en ese
momento: los dos estaban solos y la gente cuando está sola necesita
quererse, tiene que quererse para no terminar como él: subiendo por las
escaleras de Tribunales y pensando otra vez en Jorge que realmente fue su
amigo y quizá ahora esté entre ese montón de gente que se veía desde el
cuarto piso, sólo las cabezas, diferentes unas de otras, igual que las
impresiones digitales, gran invento argentino que sirve para demostrar que
todos somos distintos, que aunque resultemos parecidos cada uno tiene su
propia y pequeña individualidad que le permite hacer lo que se le da la
gana: confesar todo en una carta y dejar esperando a tipos importantísimos
que por mucho que imaginen no podrán imaginar que el señor Barragán, el
hábil Barragán, ahora esté subiendo del cuarto al quinto piso sin que le
importe un comino la "empresa líder en su tipo". Recortó el aviso y mandó
sus datos. Y tiene todo un futuro por delante, fundamentalmente gente
joven, y éste será su despacho y dejemos esos ridículos dibujos que
gracias a esa labor que hoy comenzaba él estaría por fin con la camisa
sport y el vaso de whisky en la mano, igual que en el aviso: rodeado de
bellas muchachas o solo con Susana que después de todo había sido su
esposa aunque en ese momento era únicamente el rótulo de una carpeta
"Gorriti de Barragán, Susana contra Barragán, Enrique Alberto, sobre
divorcio", archivada unos pisos más abajo como para darle la razón a papá:
que no era mujer para él, dijo papá pero papá llegaba tarde y muchas
veces borracho y había que acostarlo, meterlo en la cama como si fuera un
chico a pesar de que el chico era él, que hacía lindos dibujos y se los
mostraba a su prima de la infancia que también se llamaba Susana y que
estuvo con él cuando mamá se fue para siempre y papá que todavía no
llegaba tarde ni se emborrachaba le decía que había que ser muy fuerte,
que tenía que ser hombrecito y ya mamá no estaba pero tampoco estaba
Susana y no estaba su promisorio futuro en la empresa, tampoco estaba
Noemí pero él ya estaba en el sexto piso, casi feliz de haber logrado subir.
Aún indeciso se acercó al borde del balcón-terraza, la misma indecisión de
aquella otra mañana cuando lo acercaron hasta otro borde y alguien lo
tomaba de la cintura y lo alzaba, para que le des el último beso. Aquella vez
papá decía que había que ser muy hombrecito, la gente estaba al lado de
uno y así era mucho más fácil. Ahora, desde el sexto piso, a la gente se la
veía muy lejos, allá abajo, toda mezclada, como muchas impresiones
digitales juntas, unas sobre otras y entonces se hace difícil saltar, sin nadie
que lo alce tomándolo de la cintura. Puso las manos en los bolsillos:
descubrió la carta y los dibujos. Rompió todo en pedacitos y los fue tirando
por el borde, como papel picado de carnaval. Miró hacia ambos lados,
temeroso de que alguien descubriera su travesura, y retrocedió del borde;
asustado. Caminó rápido hasta los ascensores. En la planta baja suspiró
tranquilo, después consultó la hora: habría que pensar una buena excusa
para la gente de Tartaria. Activo otra vez, salió de Tribunales imaginando
una historia que pudiera justificar esa mañana perdida.
Tribunales, la Corte de Justicia: la vida de Barragán está siendo juzgada, por
él mismo esta mañana cualquiera. El juicio se inicia con el gesto que hizo Jorge
con su mano al preguntarle si no se aburría de todo eso. Esta mañana, mientras
se viste, Barragán pasa lista a su vida incompleta. Su camino de ascenso a figura
clave en la empresa lo ocupa todo, pero en las mañanas, antes de lavarse la cara,
el espejo le revela una cara infeliz. Estas revelaciones matutinas son pasajeras:
afeitarse y mostrar una sonrisa falsa ayuda a olvidar. Pero hoy la revelación se le
pega y lo lleva a recorrer otro camino. Viaja a su niñez, se encuentra con lo
perdido, con su madre muerta, su padre alcohólico y su prima Susana. Barragán
niño ha tenido que ser padre de su padre, que le recomendaba ser fuerte pero él
no lo era. Barragán se hace diestro en perder gente: a Jorge, a Susana,a Noemi,
los pierde sin remordimientos. Ahora que peligra su promisorio futuro en la
empresa se da cuenta que, fundamentalmente, se ha perdido a si mismo.
Ascender es ascender, piensa. Hay que ser hombrecito, aprender a no sentir;
regla cultural que el machismo recomienda a los hombres. Hoy, camino a
Tribunales, la tentación de poner fin a su vida se le agranda, la escribe en un papel
que lleva como carta en el bolsillo. Pero cuando asciende al sexto piso ve a la
gente pequeña y confusa y la soledad y el miedo le impiden tirarse. Tendrían que
ayudarlo, sostenerlo, y está solo. Puede fingir, imaginarse una historia que
justifique esta mañana, que no fue perdida como quiere creer porque le reveló algo
sobre si mismo, algo que él quiere ver como simple "travesura."